Un espejismo de amor en mitad del horror nazi: La boda de Margarita y Rudolf en Auschwitz

Margarita Ferrer, Rudolf Friemel y su hijo, en 1944 - ARCHIVO AUSCHWITZ-BIRKENAU
La boda de Margarita y Rudolf en Auschwitz: un espejismo de amor en mitad del horror nazi

El centro Arte Canal acoge desde el 1 de diciembre una muestra con 600 objetos originales del campo de exterminio

El enlace, celebrado en marzo de 1944, fue el único que se celebró entre los muros de la prisión. Aunque sin documentos que lo acrediten en el archivo de Auschwitz, está identificado como un ejercicio de cinismo de los oficiales de las SS.

Los 600 objetos originales de la muestra sobre Auschwitz en el Centro Arte Canal de Madrid (paseo de la Castellana, 214) personalizan los millones de vidas rotas en los campos de exterminio nazis. Pero hasta en el mayor horror de la Humanidad, aunque solo sea como una suerte de espejismo, el amor se abrió camino. El 18 de marzo de 1944 es el mejor ejemplo de esta consideración, fecha en la que la madrileña Margarita Ferrer Rey y el austríaco Rudolf Friemel se casaron entre los muros de la prisión con el permiso de los oficiales de las SS.

La pareja se conoció durante la Guerra Civil española, habida cuenta de que Friemel, comunista, se alistó a las Brigadas Internacionales. Si bien en los archivos documentales del campo no existe ningún escrito sobre el enlace, fuentes del Museo de Auschwitz-Birkenau explicaron a ABC que, fruto de las historias escritas por los supervivientes, se sabe que ambos se casaron en España y que después hicieron lo propio en Alemania, ya que el Tercer Reich no lo reconocía. Su historia, de hecho, se recoge en el libro «La boda en Auschwitz», escrito por el periodista austrícaco Erich Hackl.

Al acabar la guerra, Margarita y Rudolf abandonaron España y se marcharon a Francia. Allí, en 1941, nació su hijo Eduard. Tras la ocupación nazi, el matrimonio fue enviado a Alemania, donde pasaron un tiempo juntos en Stuttgart. En esta ciudad, antes de su traslado a Auschwitz en uno de los denominados «trenes de la muerte», Rudolf fue apresado y enviado al campo de concentración de Dachau, en Múnich. Fueron los últimos meses en libertad de la familia, antes del sorprendente episodio que nos ocupa.
Autorización de las SS

Puesto que el Tercer Reich no reconocía el matrimonio contraído en España, la pareja quiso repetir las nupcias, aunque fuera entre los muros del campo de exterminio. Cuando te han quitado todo, hasta el detalle más nimio basta para seguir y alimentar la esperanza. Así, Rudolf logró el permiso de las SS (que le prestaron un traje y una corbata) y Margarita, que era libre, pudo entrar a Auschwitz con su hijo Eduard y con el padre y el hermano del novio, que hicieron de testigos. Tras la ceremonia, uno de los presos del campo, Wilhelm Brasse, inmortalizó el momento con una fotografía que sí figura en el archivo de Auschwitz-Birkenau.

Lo cierto es que la autorización no fue más que un ejemplo del cinismo cruel de los nazis, un extremo relativamente habitual en el campo de concentración polaco. Miklos Nyiszli, prisionero judío que hizo de asistente médico del doctor Josef Mengele, escribe en su diario («Fui asistente del doctor Mengele») que, después de tres meses en Auschwitz, aprendió que nada es lo que parecía y que todo en esa fábrica de muerte tenía un doble fondo. «Ya he aprendido que cuando un SS dice que algo es negro, y aunque a mi me parezca que es negro, no tengo que confiar en él». Él mismo gozó de varios permisos de la misma naturaleza; pudo buscar a su mujer y su hija entre los barracones femeninos porque le entregó a Mengele un frasco con cálculos biliares hallados en un cadáver. «El detenido A 8450 está autorizado a circular por el KZ de Auschwitz sin guardias. El permiso tiene validez hasta su revocación. Firmado: Dr. Mengele», decía el salvoconducto, según narra el Nyszli en sus escritos.

En el mercado clandestino que se desarrolló en Auschwitz, con tratos de favor por una simple cajetilla de cigarrillos, un gesto macabro como el de Nyiszli era suficiente para alcanzar un propósito; vital para quien lo pedía e irrelevante para el verdugo. Así, a pesar de la inexistencia de pruebas documentales, no es de extrañar que el permiso de Friemel se concediera por un movimiento similar. Por sorprendente que parezca, el contacto entre los presos y el personal de las SS era común. Tanto es así que el propio Rudolf Friemel murió porque uno de los soldados le traicionó en un plan de huida. El comunista austríaco fue uno de los cinco prisioneros que trataron de escapar el 27 de octubre de 1944, solo unos meses después de la boda. Johann Roth, el miembro de las SS que al principio les ayudó a burlar el alambre de espino, finalmente les delató. Ya con Margarita Ferrer y su hijo de nuevo en Stuttgart, Friemel fue ahorcado en uno de los patios de Auschwitz junto a otros cuatro hombres el 30 de diciembre de 1944.

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