El «Boxing Day» (o «Día de las cajas») hunde sus raíces en la Edad Media.

El cruel asesinato a manos de su familia de Wenceslao I, el bondadoso creador del «Boxing day»
San Wenceslao

El origen de esta fiesta se encuentra en entredicho. No obstante, la leyenda más extendida narra que se encuentra en el siglo X.

Hoy en día el «Boxing Day» es sinónimo de deporte. Y no es para menos, pues todos los 26 de diciembre, y desde 1871, los jugadores de la Premier League no dudan en abandonar su descanso navideño para hacer las delicias de los hinchas.

Pero... ¿De dónde viene esta tradición? Las teorías son varias. Algunos afirman que el «Boxing Day» (o «Día de las cajas») hunde sus raíces en la Edad Media. Más concretamente, en una acción desinteresada por parte de los nobles que, en contra de lo habitual, suministraron cajas de comida a sus siervos (así como una paga extra) para que disfrutaran de la Navidad.

Sin embargo, también se barajan otras posibilidades. «El “Boxing Day” tiene precisamente su origen en las cajas, huchas o alcancías que colgaban antiguamente por esta fecha en las iglesias en demanda de limosna. Que es lo que los romanos llamaban “strenae”, los franceses “étrennes” y nosotros aguinaldos. Por una simple metonimia se llaman “cajas” a los obsequios que se cruzan por Navidades entre amigos y deudos», escribía Luis Calvo en el ABC del 23 de diciembre de 1945.
Leyenda muy extendida

La leyenda más extendida sobre el origen del «Boxing Day» hay que buscarla en Wenceslao I, duque de Bohemia. El mito de que este bondadoso noble fue el precursor del «Día de las cajas» se hizo famoso en 1853, año en que el reverendo John Mason Neale tradujo y convirtió en villancico («Good King Wenceslao») un texto del poeta Václav Alois Svoboda.

Lo cierto es que la historia le viene como anillo al dedo, pues fue declarado posteriormente santo por fomentar las obras sociales y tratar de unir a todo su pueblo. «Vino Wenceslao a ser muy famoso príncipe, y estimado y amado por todos […] su vida era más de monje humilde, que de príncipe poderoso», explica el historiador del siglo XVI Pedro de Rivadaneira en su obra «La leyenda de oro para cada día del año».

La vida de Wenceslao no pudo ser más trágica. Y es que, el legítimo señor de Bohemia solo pudo acceder a la poltrona después de que su madre, la vengativa Dragomira, se la cediera a regañadientes a pesar de que el pueblo le apoyaba. A partir de ese momento todo fueron catástrofes en su existencia, pues tuvo que combatir contra uno de sus hermanos, Radislao, por el poder. Con todo, de aquel combate salió victorioso nuestro protagonista y, según creía, en paz con su familia.
«Boxing day»

Cuenta el villancico (y por tanto, la leyenda) que Wenceslao (905-938) acostumbraba a salir de su palacio para visitar las iglesias de la zona, muchas de las cuáles había ordenado construir él. Así fue como, un 26 de diciembre, el noble se topó con un campesino sumamente pobre que trabajaba a la luz de la luna.

Así lo cuenta la canción: «Aquella noche la luna brillaba, aunque cruel era la helada […] Ven aquí paje, ponte a mi lado, dime si sabes ¿Quién es ese campesino? ¿Dónde vive?».

El aristócrata sintió tanta lástima por él que regresó a su palacio con su paje particular para coger algo de comida y bebida, y llevársela. «Traeme carne y traeme vino, traeme tronco de pino. Le veremos cena, cuando le llevemos todo», continúa el popular villancico.

La historia no puede ser más navideña, pues la leyenda narra que el paje estuvo a punto de abandonar su tarea por culpa del frío, pero que continuó cuando vio como las huellas que su señor había dejado en la nieve ardían.

Cruel muerte

Para su desgracia, aquella heroicidad no le valió a nuestro protagonista para tener una larga vida. Todo lo contrario. De hecho, murió martirizado poco después a manos de su propia familia.

Su asesinato, concretamente, se produjo durante una visita de Wenceslao a su familia. «Salíole el hermano a recibir con gran cortesía y disimulación. Entró en la casa de su hermano, aparejóse un solemne convite. Sentáronse a la mesa la madre y los dos hermanos, y como la cena se alargase mucho, levantándose Wenceslao de la mesa muy de noche, y fuese al templo por guardar en buena costumbre y hacer su acostumbrada oración al señor. La cruel madre se embraveció con esto, y encendió más a Boleslao para que luego matase a su hermano», añade Rivadaneira.

La muerte de Wenceslao se sucedió en la iglesia, mientras oraba. En ese momento, totalmente de improviso, un grupo de asesinos dirigido por Boleslao entró en el templo y acabó con su vida a espadazos. Nuestro protagonista no tuvo ninguna posibilidad de defenderse. «Fue armado de hierro y de impiedad al templo con gente, halló a su santo hermano desarmado y orando, y allí le mató por su mano y le hizo mártir de nuestro Señor Jesucristo», añade el historiador del siglo XVI en su obra.

La bondad del noble no impidió que la maldición divina cayese sobre aquellos que había acabado con su vida. La primera que murió presa de ella fue Dragomira quien (según el autor) «estando en la parte de la ciudad que llaman el Castillo de Praga», fue devorada por la tierra, que «se abrió y se la tragó».

Otro tanto ocurrió con su hermano y su partida de asesinos. «Los que acompañaron a Boleslao en aquel maleficio, o perdieron el seso, y furiosos y fuera de sí se despeñaron, o se mataron con las mismas espadas que habían desenvainado contra el santo», finaliza el experto en su obra. Sin duda, una curiosa leyenda.

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