El Experimento del siglo


El doctor Rodrigo Guevara, conocido entre las gentes como “Guevarita”, diminutivo portado desde el colegio, no por su estatura, pues estaba muy por encima del promedio, sino por la voz aflautada, que despertaba en los demás unas ganas irresistibles de imitarlo, estaba de plácemenes por un reciente nombramiento laboral.
La seriedad puesta en su trabajo, lo condujo a elaborar un plan para la fundación de un instituto, cuyo fin sería el de investigar y profundizar en el área de los fenómenos paranormales. Y también para convencer, al departamento de proyectos de La Universidad Nacional, de aprobarle el presupuesto y la sede física de un laboratorio, destinado a la investigación de esos tópicos, obvio, bajo su sabia dirección.
Pero no estamos diciendo la verdad sino reconocemos, que “Guevarita” si tenía un amigo, o algo parecido a ese concepto: el celador de la cuadra donde residía, apodado el “Cabo”. La única persona a la que no se le hacía extraño "el hablado" de su amigo.
La reverencia exhibida por el "cabo" hacia el doctor Rodrigo Guevara rindió sus frutos, el ser apreciado por este en grado sumo, tanto que le prometió llevárselo para ocupar el puesto de celador del laboratorio a crear.
Algo que cumplió, una vez inaugurado el instituto lo nombró jefe de celaduría. Entre las funciones del flamante celador, estaba la de vigilar la puerta de entrada del sitio de trabajo.
El laboratorio de investigación, de fenómenos paranormales de la Universidad Nacional, era de lo más avanzado en el mundo científico. Contaba con un mini acelerador de partículas atómicas, dotado con grandes bobinas eléctricas, capaces de crear campos magnéticos, utilizados en un experimento muy especial: hacer invisibles los objetos sólidos. Y también la teletransportación cuántica, como método experimental tendiente a hacer viables en un futuro, los viajes en el espacio más allá de nuestro sistema solar.
Dentro de los experimentos a realizar estaba uno, capaz de despertar la curiosidad y el interés de todas las directivas de la universidad, inclusive al rector mismo: se trataba de materializar a "Satanás", el mismo de la doctrina religiosa católica.
Como siempre se había hablado de presencias y de todas las rarezas de esencia eléctrica, era muy probable que los equipos instalados, sirvieran para el descabellado plan, idea genial del insigne director del instituto, a la cual le vieron lógica y viabilidad las directivas de la universidad.
El plan fue aprobado en el más absoluto secreto, pues las actividades realizadas en el laboratorio no podían llamar la atención de la comunidad estudiantil. Era una investigación no muy conveniente para el prestigio de la Rectoría. Este tipo de investigaciones eran rechazadas por la mayoría de los miembros de la comunidad estudiantil, en especial por los “comandos de liberación nacional”, orientador político de un sector de los estudiantes. Inclusive, en una ocasión, como repudio a las investigaciones, arrojaron una “papa bomba”, arma de ruido utilizada por estos grupos en sus continuos enfrentamientos con la policía, contra la puerta del laboratorio. De acuerdo a lo dicho por su líder, lo hacían porque en ese lugar, realizaban actividades propias o en beneficio de la burguesía.
El método para hacer realidad la deslumbrante comprobación era hasta muy sencillo: en primera instancia, contratarían a un mago o una bruja de primer nivel para invocar al “Ángel del Mal”. Al hacer este su aparición, de inmediato, con las grandes bobinas se crearía una poderosa cortina de impulsos eléctricos que estabilizarían sus componentes atómicos e impedirían descomponer el orden natural de sus átomos para desaparecer, y así le cerrarían toda posibilidad de huida a “Satanás”.
Dentro del programa, con la ayuda de algunos funcionarios, localizaron en la ciudad, a una bruja de primer nivel, capaz de invocar un diablo “DarkSeed” y dispuesta, a cambio de una importante suma de dinero, a contribuir a la gloria de la ciencia y por consiguiente de la Universidad, del Señor Rector y del doctor Rodrigo Guevara, en ese mismo orden.
La bruja previno, que la dirección del infierno estaba en cabeza de un comité de siete demonios, con la misma importancia, cada uno, ante las bases sociales del mismo y por lo tanto cualquiera de ellos serviría para los intereses científicos propuestos.
Los ilustró además, sobre la dificultad para atraer a uno de los principales demonios, porqué ellos solo aparecían en catedrales del mal, muy difíciles de ubicar. Pero con una propina más abultada, haría un esfuerzo sobrehumano para atraerlo al laboratorio.
"Guevarita" satisfecho por la concreción y claridad del plan, dejó que la bruja de alto nivel entrara al campo de fuerza creado por las bobinas. Muy acuciosa en su trabajo, sacó de un maletín un viejo pergamino, donde estaba escrito el rito para invocar “Al Diablo”. Después de leído, se supone, debía aparecerse, quisiera o no quisiera, en forma de lechuza.
La bruja se esforzó al máximo en su rito. Lanzó toda clase de conjuros durante más de dos horas. Mientras tanto, “Guevarita” en apoyo de la bruja, estaba presto a hundir el botón de activación del campo eléctrico.
Pasaron las horas y ni rastro de la lechuza. El “Cabo” nervioso, se paseaba por todo el lugar, bastante compungido, el que más, porque “El Patas” no se hacía presente.
La bruja, al notarlo tan apesadumbrado, lo animó diciéndole que si no era en ese momento sería al otro día, pues ella regresaría con refuerzos esotéricos y con toda seguridad no le quedaría más remedio que aparecer.
Mientras tanto el Señor Rector, no se movía de su oficina pendiente de las noticias del laboratorio. Cada cinco minutos llamaba interesado en averiguar si ya habían atrapado al “Gran Satán”. Se le informó de la mala nueva, la prolongación del experimento por un día más y además le pedían comprensión, ante las dificultades obvias de semejante experimento y también, que esperaban darle buenas noticias al día siguiente, una vez la bruja de alto nivel reforzara la invocación.
Al otro día, temprano en la mañana, Guevarita se hizo presente en el frente de trabajo dispuesto a continuar con el experimento. El “Cabo” se le había adelantado una media hora y lo esperaba con la puerta abierta y con una sonrisa de oreja a oreja, Al encender las luces más allá del vidrio de seguridad, notó un agitado movimiento dentro de la cabina experimental. Se acercó y observó con sorpresa, una gran lechuza asentada en una de las barras horizontales refrigerantes, mirándolo tan fija e intensamente, que le hizo desviar la mirada hacia el techo y adoptar una actitud de “yo no fui”.
Con disimulo activó el campo de fuerza y la lechuza, perdón, “El Demonio”, quedó prisionero.
La bruja, presente esa mañana horas después, no daba crédito a sus ojos. De inmediato se apropió de la causa del fenómeno y comenzó con toda la seguridad del caso, a dar miles de explicaciones e indicaciones.
Les informaba que de acuerdo a su experiencia y gran olfato esotérico, era un YGGS, de gran poder, materializado durante la noche. No se desmaterializó por pura curiosidad de saber que fuerza tan poderosa e irresistible lo invocaba. También los puso al tanto, sobre que el campo de fuerza, lo había vuelto estable, por lo tanto permanecería en ese estado material por tiempo indefinido.
De inmediato las buenas nuevas le fueron comunicadas al Señor Rector. Este al fin pudo respirar tranquilo ante el anuncio, pues estaba en juego su prestigio y hasta su permanencia al frente de la institución. Temía que si su empleado fracasaba, se iba a volver blanco de los ataques de los "comandos de liberación nacional", sinapismos que lo habían hostilizado desde su llegada a la Rectoría.
El YGGS comenzó a decaer, al cabo de dos días, lo encontraron en el suelo sostenido a duras penas sobre sus dos patas. Consultada la bruja, esta concluyó, en que como se trataba de un cuerpo material, necesitaba alimentos y agua, igual a cualquier otro ser vivo.
Gracias a la colaboración de la facultad de veterinaria pudieron resolver el problema pues esta los proveyó de unos suculentos ratones blancos. El animal al tragárselos ávidamente, recuperó los bríos y se posó de nuevo en el tubo de refrigeración, al parecer, su sitio preferido.
Un grupo interdisciplinario quiso elaborar un programa de análisis del YGGS, pero no sabían por dónde empezar. El problema de la comida fue muy fácil de resolver, pues los colegas de veterinaria se comprometieron a proveerlos de los ratones blancos, al parecer plato favorito de la infernal lechuza.
Con los días, el entusiasmo decayó en el equipo científico. Las cuentas de energía para mantener el campo magnético eran astronómicas. La rectoría se quejó y el doctor Rodrigo Guevara pidió ayuda a la facultad de veterinaria, para solucionar el problema del hospedaje del YGGS.
El decano estuvo dispuesto a colaborar con la ciencia. Pero antes debía prevenirse contra las argucias del “Maligno”. El hombre, después de mucho meditar, y pedirle a Dios lo iluminara, aconsejó a la Rectoría pedirle ayuda a la Santa Iglesia Católica, en cabeza de su autoridad más importante: el Nuncio Apostólico.
Su eminencia, apenas conoció la historia, se la comunicó al Vaticano. Informó que unos científicos, tenían atrapado un “Demonio Principal”, considerando este hecho, como lo más importante que le pudo haber sucedido a la Iglesia desde el nacimiento de Cristo Redentor, y sin lugar a dudas el experimento, único en la historia de la humanidad, confirmaba la validez de la doctrina de la iglesia respecto a la existencia del “Demonio”.
El vaticano ordenó llevar al YGGS a Roma en el término de la distancia, para ellos tratar de sacarle los secretos guardados durante milenios, en especial lo relacionado con la subversiva rebelión de los ángeles, en un principio de los tiempos, causada por el sentimiento de sentirse más bellos que su creador.
Con importantes medidas de seguridad, la lechuza fue trasladada a Roma. El doctor Rodrigo Guevara al fin descansó. Consideraba a la Iglesia como la más indicada para hacerse cargo de la culminación del experimento. Y de paso, podría quitarse de encima la cantaleta del señor rector, respecto a los gastos de energía.
Como la vida continuaba su curso y el laboratorio debía justificar la existencia, las directivas de la U. le exigieron al director presentar un nuevo plan.
Después de meditar una noche entera, a este se le ocurrió algo tan trascendental, que haría pasar a la historia a la universidad, de la misma manera, como atraparon al “Demonio”, podían atrapar al “Espíritu Santo”.
La Rectoría, contenta con los resultados anteriores, autorizó el experimento. La metodología iba a ser la misma. Pero en este caso se hacía necesario contactar a un religioso o religiosa de las más altas calidades espirituales para invocar al “Espíritu Santo”. Una vez este se materializara dentro de la cabina, crearían el campo magnético y lo retendrían.
Después de analizar las hojas de vida de los posibles candidatos y hacer consultas de alto nivel, concluyeron en que la persona más indicada para el asunto, debía ser una “Seliee” o alma luminosa y esa era nadie menos que la Superiora de las “Hermanas Adoratrices del Santo Sepulcro”.
Dentro de la cabina del laboratorio se instaló un reclinatorio, para la comodidad de la obesa hermana superiora, por cierto de avanzada edad, en la agotadora tarea de invocación de tan importante y santísimo personaje.
La monja un tanto dudosa, al principio, se negó a prestarse para tan blasfemo accionar. El señor Rector pidió ayuda al Nuncio Apostólico. Este después de analizar la importancia del plan, le dio la orden a la monja de facilitar el experimento, explicándole que contaba con la bendición del Sumo Pontífice. Ante este demoledor argumento decidió hacer lo pedido por los científicos.
Después de dos horas de rezos continuos, no se observó ningún fenómeno o alteración eléctrica. Mientras tanto el “Cabo” se paseaba de lado a lado del local, bastante preocupado por su cabeza, ante un posible fracaso de la misión y "Guevarita" a su vez, mantenía el brazo, entumido, sobre el botón de activación del campo magnético.
Como en esta oportunidad no le pagaban nada a la monja, esta no estaba muy de acuerdo con la invitación de regresar al otro día a una sesión más. Para ablandarla le contaron la historia del YGGS. En ese caso el demonio, después de varias horas de invocación también se negaba a hacerse presente, pero como por arte de magia, al otro día temprano, lo encontraron dentro de la cabina en forma de lechuza.
La santa hermana, a regañadientes, pero curiosa, aceptó regresar en la mañana siguiente a continuar con los rezos invocatorios y de pronto a presenciar algún posible milagro.
Al otro día, el doctor Rodrigo Guevara llegó al laboratorio y se aprestó a comenzar sus labores. Sobra decir que el “Cabo” lo había precedido para tenerle la puerta abierta. Mientras se dedicaba a preparar el terreno, para la segunda tanda de invocaciones, sintió dentro de la cabina una especie de aleteo. Para su asombro, en el mismo tubo de refrigeración, el preferido por la infernal lechuza, se asentó una bella paloma blanca después de esparcir pequeñas plumas por toda la estancia. De inmediato corrió a encender el campo magnético.
Al hacerse la monja presente “Guevarita” la enteró del suceso y fue tal la impresión de esta al sentirse ante Dios, que cayó desmayada cuan pesada era, víctima de una emoción sin límites.
Al recuperarse manifestó, que después de la crucifixión del Hijo de Dios, este suceso era lo más importante que le había podido ocurrir a la santa iglesia católica y lo más maravilloso, con su modesto concurso.
El Rector al ser notificado, hizo presencia en compañía del Nuncio Apostólico, mientras tanto los “comandos de liberación nacional” gritaban en las afueras del laboratorio, consignas anticlericales y recitaban la famosa frase de Marx: “la religión es el opio del pueblo”. Los gritos eran apoyados con el lanzamiento de papas bomba, cuyos estruendos hacían revolotear a la pobre paloma por toda la cabina.
Pero nada de ello importaba a las directivas en ese beatífico momento. Tenían en sus manos a Dios y la prueba de la existencia del "Demonio", mérito que nadie le podía quitar a la universidad.
El vaticano por información del Nuncio se enteró del importante suceso. De inmediato ordenó le enviaran, en el “término de la distancia”, al "Espíritu Santo", pues su sitio natural estaba en Roma, al lado del Papa.
Al fin la iglesia contaba con un dios de carne y hueso y de encima tenían preso a uno de los principales jefes del Averno, hoy en estrictos interrogatorios por la inteligencia del Vaticano. La llegada, a la sede principal de la Iglesia, del “Espíritu Santo” era un acontecimiento histórico que iba a permitir al catolicismo convertirse en la principal agrupación religiosa del mundo.
La paloma fue trasladada a Roma con toda la pompa y consideración merecida. Fue alojada en las habitaciones privadas del papa, donde se le adecuó una bella palomera, con techo de oro y paredes de marfil.
El gran director del laboratorio de investigación sobre fenómenos paranormales de la Universidad Nacional, con el fin de celebrar todo lo sucedido en las últimas semanas, invitó a su único amigo, el “Cabo”, a tomarse unos tragos.
En medio de la borrachera este último le confesó, que como la tal bruja no salía con nada, empezó a preocuparse por su contrato de trabajo en el laboratorio, por lo tanto decidió ir a la plaza mayorista, donde compró una lechuza y la llevó camuflada en el maletín, en el cual cargaba el almuerzo, soltándola en la cabina del laboratorio antes de que él llegara y continuó contándole, al enmudecido y traumatizado director, que había hecho lo mismo con una paloma blanca comprada en el mismo lugar donde adquirió la lechuza.
Instantes después, al doctor Rodrigo Guevara, el “Cabo” tuvo que darle respiración boca a boca, para tratar de sacarlo de un accidente cardíorespiratorio.
Fernando Tejada

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