El historiador y escritor mexicano Leopoldo Mendívil López revela algunos enigmas planteados por la sociedad mexicana sobre una de las figuras religiosas más veneradas de los últimos siglos.



Miles de fieles se aglutinan en la iglesia católica de La Placita en Los Ángeles, California, para celebrar el día de la Virgen de Guadalupe, el 12 de diciembre de 2012.
Armando Arorizo / www.globallookpress.com
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Como cada 12 de diciembre, millones de fieles de la Virgen de Guadalupe arriban anualmente a la Basílica Metropolitana de la capital de México, guiados por la creencia que data de diciembre de 1531, cuando la Virgen María —madre de Jesucristo— se le apareció a un indígena de nombre Juan Diego, en una región serrana conocida como Tepeyac, según la historia popular.

Desde aquella presunta aparición, los feligreses no han dejado de adorar a esta deidad que —según ellos— es la madre del todopoderoso y mujer guiadora del buen camino. Ofrendas con comida, veladoras, limosnas e incluso retablos o figuras de cerámica de la Virgen de Guadalupe, aparecen cada año en la Basílica que lleva su nombre, y que según estimaciones, dejará en este 2017 una derrama económica de más de 229 millones de pesos (casi 12 millones de dólares) en la Ciudad de México.

De acuerdo con un sondeo del Instituto de Estadística y Geografía de México (Inegi), en el país existen 84.217.138 personas que practican la religión católica, misma que tiene como adoración principal a la Virgen de Guadalupe. El mismo conteo del año 2010 elaborado a ciudadanos mexicanos a partir de los 5 años de edad, reveló que 10.076.056 personas practican otro tipo de religiones, tales como las protestantes y evangélicas; y que 4.660.692 personas no profesan ninguna religión.
Idealización de una leyenda

El historiador y escritor mexicano Leopoldo Mendívil López, aseguró que "la veneración de imágenes como sustitutos de los conceptos abstractos o metafísicos a los que representan —es decir, la idolatría o el fetichismo— es una condición natural de la psique humana".


Imagen de la Basílica de Guadalupe, antes de la visita del Papa Francisco a la Ciudad de México en 2016 / Noel West / Reuters

Y agregó: "Muy en el fondo, todas las civilizaciones son supersticiosas, sin importar los grados de educación, pues esas partes de nuestro cerebro se conocen como ganglios basales, heredados de especies ancestrales. Dicho esto, México no es distinta a cualquier otra sociedad como Francia, donde se adora a la Virgen de La Salette, o a EE.UU., donde se creó la imagen ficticia de Santa Claus".

RT: ¿Por qué se dice que solo una década después de la Conquista del Imperio Español, entre 1519 y 1521, Hernán Cortés y sus misioneros no tuvieron éxito con la evangelización de los nativos aztecas?

L.M.: La religión azteca era muy poderosa en la mente de la gente. Sin embargo, el poder de los dioses se medía en las batallas. Si en estas luchas les iba mal a los aztecas, se entendía que sus dioses particulares los habían abandonado o habían perdido efectividad con respecto a los dioses de sus adversarios. Esto explica la forma en que el panteón de dioses creció masivamente en décadas, añadiendo deidades e impulsando el cristianismo.

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RT: ¿Será que el antiguo territorio de México estaba destinado a ser el escenario de la aparición de la Virgen de Guadalupe a un humilde indio, convertido al cristianismo y de nombre Juan Diego?

L.M.: En realidad, parece que el fenómeno de la aparición se gestó dentro de la mente de un hombre: el rey Carlos I de España. No es de extrañar que otra virgen se haya manifestado poco antes de que se iniciara la construcción de la leyenda de la Virgen de Guadalupe en Perú, donde se erigió la Virgen de la Evangelización o Nuestra Señora de la Evangelización, a iniciativa de la hija del conquistador de los incas, Francisco Pizarro.

RT: ¿De qué año data la adoración de la Virgen de Guadalupe en México?

L.M.: Sin lugar a dudas, fue en el año 1556. En aquella época, el enviado especial del rey Carlos I de España, un acomodado e influyente sacerdote llamado Alonso de Montúfar, fue recomendado al propio rey por los nobles de Montúfar, y el monarca lo despachó hacia México, donde una de sus más destacadas misiones fue la idealización de la leyenda de la aparición de la Virgen de Guadalupe.

Una vista aérea de la Basílica de Guadalupe (izq.) y la antigua Basílica (der.) rodeada de peregrinos en la Ciudad de México / Henry Romero / Reuters
Mitos de la Virgen de Guadalupe

RT: ¿Por qué la imagen de la Virgen de Guadalupe que se utilizó para la Conquista Española fue la misma que enarboló la Independencia de México?

L.M.: El estandarte independentista guadalupano fue utilizado por el Ejército Insurgente cuando dicho culto ya era una parte esencial de la estructura psicológica de la Nueva España, es decir, cuando la Virgen de Guadalupe absorbió el carácter protector que antes había tenido Coatlicue, la diosa y madre tierra para los aztecas.

RT: ¿Cómo se pintó la Virgen de Guadalupe, es decir, quién le dio la característica física a esta deidad adoptada por los mexicanos?

L.M.: Dos hombres no han recibido el crédito que merecen por la obra artística más valuada en México: el indígena Marcos de Aquino y, 70 años después, el renombrado pintor Juan de Arrúe, quien realizó los retoques más importantes del año 1625.
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RT: Es decir, ¿hay diferentes versiones de la Virgen de Guadalupe?

L.M.: Así es, un destacado científico realizó estudios concluyentes, en los cuales aseguró que en 1625 se hicieron las versiones segunda y tercera de dicha imagen. La primera virgen, en la capa más profunda, hoy invisible para los espectadores y que se encuentra exhibida en la Basílica de Guadalupe, es negra y se asemeja a la virgen original de Extremadura, España, es decir, con un niño en sus brazos. La segunda es mucho más morena que la actual y la última capa es una virgen más castellanizada.

RT: Existen muchos mitos acerca de la Virgen de Guadalupe, ¿cuáles podríamos considerar realidad, de acuerdo con fuentes fidedignas?

L.M.: El mayor secreto sobre la Virgen de Guadalupe y sobre la tilma que está expuesta en la Basílica Mexicana es que esta deidad no se le apareció primero a Juan Diego en el año de 1531, sino que se apareció en América cuando Cristóbal Colón pisó el continente el 12 de octubre de 1492, ya que él era guadalupano. Cabe mencionar que él mismo portaba el estandarte de la Virgen de Guadalupe, 40 años antes de su aparición oficial, que hoy recordamos colectivamente.

José Luis Montenegro

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