El meteorito español que «robó» José Bonaparte

José Bonaparte envió la roca a París - Wikipedia

La roca cayó desde el cielo en Berlanga de Roa en julio de 1811, en plena ocupación de las tropas napoleónicasPedro Gargantilla

Los científicos estiman que diariamente impactan sobre la Tierra doscientas toneladas de material procedente del espacio, la mayor parte formado por pequeñas partículas que se vaporizan completamente en la atmósfera. El Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid tiene una colección de meteoritos con más de 240 ejemplares correspondientes a 160 meteoritos diferentes. Desgraciadamente en esta colección no tenemos el meteorito de Berlanga de Roa, una condrita del tipo L6, de pequeño tamaño y baja en hierro.

En torno a las 20.00 horas del 8 de julio de 1811 -en plena ocupación de las tropas napoleónicas- unos agricultores de la localidad burgalesa de Berlanga de Roa escucharon una detonación similar al disparo de un cañón de artillería, seguida de otras tres más y de una cuarta, en poco más de un minuto.

El meteorito "Berlanguillas" - CAB

El estruendo también sorprendió a las tropas francesas que se encontraban en el lugar. El general francés al mando, Jean Marie Dorsenne, pensando que estaban siendo atacados por guerrilleros, ordenó a un pelotón de sus soldados que se acercara a recabar información. Cuál fue su sorpresa al descubrir que había caído un meteorito de color grisáceo, de unos tres kilos de peso, dejando un pequeño orificio sobre la tierra en la carretera que unía Berlangas con Aranda del Duero.

La casualidad quiso que José Bonaparte se encontrara en aquel momento en los alrededores de la localidad, ordenando que la “piedra” fuese enviada a la capital gala. De esta forma el meteorito, al que se conoce como "Berlanguillas" llegó al Museo del Jardín de Plantas de París, dependiente del Museo de Historia Natural de París. Los franceses además dejaron constancia de las coordenadas exactas en la que se produjo el impacto (41º 41’N, 3º 48’W).

A lo largo del tiempo el meteorito burgalés ha sido dividido en varios fragmentos de diferentes tamaños. En este momento se encuentra repartido en lugares tan dispares como Viena, Londres, Budapest, Berlín y Roma. El trozo de mayor tamaño se encuentra en el Museo del Vaticano, en la residencia veraniega papal de Castel Gandolfo.

Francia en aquel momento se encontraba a la vanguardia de la ciencia. Tan sólo once años antes el astrónomo y matemático francés Jean Baptiste Biot (1774-1862) había demostrado el origen extraterrestre de los meteoritos, al observar la caída de materia procedente del cielo. Hasta ese momento los científicos tan sólo admitían que en el Universo estaba el Sol y los planetas del Sistema Solar.
La daga extraterrestre de Tutankamón

Durante la antigüedad los meteoritos fueron interpretados en clave sobrenatural, se pensaba que eran mensajes de los dioses para comunicarse con su creación y, por eso, les atribuían una enorme valor simbólico. Quizás por eso el faraón Tutankamón fue enterrado con una daga hecha con material procedente de un meteorito, tal y como se ha podido comprobar mediante espectrometría de fluorescencia de rayos X.

Actualmente sabemos que la mayoría de los meteoritos se originan entre Marte y Júpiter, en un cinturón de asteroides, una región de 550 millones de kilómetros en la que orbitan unos 20.000 asteroides. Los meteoritos más pequeños también pueden proceder de la Luna o de Marte.

Seguramente a más de uno la imagen de un meteorito le traiga a la mente a Astérix y Obélix, los inmortales personajes de Urdezo y Goscinny, que tan sólo temían una cosa: que el cielo cayese sobre sus cabezas.

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