Fuentes militares han asegurado que EE.UU. está elaborando un plan para atacar a Corea del Norte. Un teniente general ruso explica por qué una acción así sería "una locura".



JUNG YEON-JE / AFP
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Es poco probable que EE.UU. ataque a Corea del Norte, ya que si lo hace, el conflicto afectaría dramáticamente a Corea del Sur, donde se podría desencadenar un auténtico "apocalipsis", declaró a RIA Novosti el exjefe del departamento de tratados internacionales del Ministerio de Defensa ruso, el teniente general retirado Yevgueni Buzhinski.

Este miércoles, el periódico británico The Telegraph informó, citando fuentes militares estadounidenses, de que EE.UU. estaba elaborando un plan para atacar a Corea del Norte en caso de que la vía diplomática no diera los resultados deseados.

Según Buzhinski, si EE.UU. "comienza a atacar, en primer lugar, será destruida Corea del Sur". Las consecuencias de un conflicto bélico serían aterradoras: "dada la cantidad de reactores nucleares en Corea del Sur, puede producirse un apocalipsis allí", ha aseverado el experto, explicando que por este motivo "tiene dudas acerca de todas estas historias de terror".

El teniente general cree que Estados Unidos sí se encuentra elaborando planes para contener el programa nuclear de Corea del Norte, "pero no llegará a la locura de realizar ataques".
"Golpear a los norcoreanos en la nariz y mostrarles que no estamos bromeando"

Según el informe de The Telegraph, en los últimos meses la Casa Blanca ha intensificado considerablemente los preparativos para implementar un operativo militar en la península coreana.

Una de las opciones que se barajan sería destruir las plataformas de lanzamiento de misiles balísticos antes de que Pionyang las utilice para efectuar una nueva prueba. Los depósitos de armas del país podrían ser otro de los objetivos prioritarios. "El Pentágono está estudiando las opciones que permitan golpear a los norcoreanos en la nariz y mostrarles que no estamos bromeando", dijo una de las fuentes.
La nueva ronda de tensiones entre Corea del Norte y EE.UU. estalló el pasado 29 de noviembre, después de casi tres meses de relativa tranquilidad. Ese día, Pionyang realizó el lanzamiento de su arma más poderosa hasta el momento: el misil balístico intercontinental Hwasong-15, que podría poner a la ciudad de Washington y toda la costa este del país norteamericano dentro de su alcance.

En respuesta, EE.UU. y Corea del Sur celebraron un ejercicio militar conjunto a gran escala en la península coreana. Posteriormente, Pionyang acusó a Washington de "trastornar la paz global" y llevar a cabo "un juego nuclear extremadamente peligroso" en la región.

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