Paul McCartney cuenta que una noche de 1965 se despertó de madrugada con una melodía enmarañada entre sus neuronas: sol, fa, fa, la si, do, re, mi fa mi re… Se levantó, se sentó al piano y comenzó a componer la que sería la canción más versionada de la historia de la música: «Yesterday».

Los Beatles: McCartney (segundo hacia la derecha) con Lennon, Harrison y Starr, arribando en el Aeropuerto Kennedy en febrero de 1964. - United Press International
«Yesterday», la canción que nació en un sueño
Durante el sueño REM resolvemos muchos problemas que parecen infranqueables durante la vigilia. Así fue también como Friderich August Kekulé descifró la estructura química del benceno.

Paul McCartney cuenta que una noche de 1965 se despertó de madrugada con una melodía enmarañada entre sus neuronas: sol, fa, fa, la si, do, re, mi fa mi re… Se levantó, se sentó al piano y comenzó a componer la que sería la canción más versionada de la historia de la música: «Yesterday». 

Muy posiblemente la composición surgió durante la fase REM de su sueño.

El sueño es un proceso cerebral muy ordenado, compuesto por varias fases que se alternan a lo largo de toda la noche a lo largo de 4-6 ciclos. Estas etapas se clasifican en dos grandes grupos: sueño REM y sueño no REM. La fase REM -«Rapid Eye Movement», en inglés- es la quinta etapa del sueño, comienza unos 90 minutos después de dormirnos. Hay diferentes estudios científicos que avalan que esta fase potencia la creatividad y es capaz de resolver conflictos a los que no encontramos solución durante la vigilia. Si no que se lo digan a científicos de la talla de Otto Lewi, Dimitri Mendeleiev o Friedrich August Kekulé. Todos ellos recurrieron a la creatividad de Morfeo para resolver sus inquietudes.
La serpiente que se muerde la cola

En un principio los químicos clasificaron a los compuestos orgánicos en dos grandes grupos: los aromáticos –que desprendían diversos olores- y los alifáticos, que eran grasos. Entre los primeros se encontraba, por ejemplo, el tolueno, que desprende un olor que recuerda a la vainilla o a la canela. A este grupo también pertenecía el benceno.

En 1825 se pidió al científico Michael Faraday (1791-1867) que encontrará una solución al alumbrado londinense, ya que en invierno, con el frío, el gas perdía la capacidad de producir llama. Hay que tener en cuenta que en aquel momento el gas para el alumbrado se obtenía a partir de la grasa de animales marinos y se guardaba en bombonas de hierro. Faraday descubrió que con las bajas temperaturas el gas se condensaba y se acumulaba en el fondo de las botellas en forma de un compuesto químico nuevo hasta ese momento, al que bautizaron con el nombre de benceno. Poco después se descubrió que este compuesto estaba formado por seis átomos de carbono y seis átomos de hidrógeno (C6H6), pero fue imposible descubrir su estructura química.

Todo cambió una noche de 1865 cuando el químico alemán Friderich August Kekulé (1829-1896) tuvo una pesadilla, soñó con varios uróboros que formaban un hexágono. Para cualquier otra persona este sueño habría sido baladí, pero no para Kekulé, su creatividad se despertó y dedujo que el benceno tenía una estructura atómica circular.

Uno de los símbolos más antiguos de la humanidad es el uróboro, un vocablo griego que significa «serpiente que devora su cola» y que, habitualmente, se representa como un animal serpentiforme (serpiente o dragón) que se autodevora. Este símbolo se emplea para representar ciclos, asociados habitualmente a conceptos místicos. La serpiente representa la sabiduría, las alas es la sublimación de lo material y la autodestrucción es la metáfora del ciclo vital, en donde no existe un claro contraste entre el inicio y el fin.
Huevos revueltos

Buscar soluciones en los sueños no es nuevo. Ya en la antigua Grecia existían templos dedicados a Asclepio, el dios de la Medicina, en donde los pacientes eran inducidos a soñar. Al parecer el dios del sueño –Hypnos- adormecía al paciente y con la ayuda de Morfeo, el dios de las ensoñaciones, Asclepio mostraba el camino hacia la curación mediante un sueño, que sería debidamente interpretado por los sacerdotes del templo a la mañana siguiente.

Recién levantado, y mientras la genialidad del «Beatle», con el pelo revuelto, las ideas confusas, se abría paso a través de las teclas blancas y negras de su piano, su casa estaba impregnada de un aroma a huevos revueltos. Fue precisamente por eso por lo que McCartney bautizó provisionalmente a la composición como «Scrumbled Eggs» –huevos revueltos-. Afortunadamente, cuando terminó de darle armonía a los tonos, durante unas vacaciones que pasó en el Algarbe portugués, decidió cambiar ese nombre tan poco romántico por el que todos conocemos: «Yesterday». ¿Este cambio también fue fruto de otro sueño creativo? Es posible…

Pedro Gargantilla

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