Si los estadounidenses redujeran a la mitad su consumo semanal de carne de vaca, la industria estadounidense de carne de res podría llegar a ser ambientalmente sostenible


Reducir a la mitad el consumo de carne para salvar el planeta y la salud
En España, donde se consumen 50 kilos al año por persona, la dieta mediterránea haría caer un 70% el dióxido de carbono de la producción de alimentos.

Nuestra dieta está devorando el planeta a gran velocidad. El sistema alimentario lleva tiempo en el punto de mira, pues muchos lo consideran insostenible y clave en el deterioro de nuestros recursos naturales. Desde hace ya un tiempo el consumo excesivo de carne va ganando detractores, tanto desde el punto de vista de la salud como de los impactos en el planeta, y el propio Parlamento Europeo fue el escenario para una conferencia sobre este asunto el año pasado.

Ahora, las conclusiones de un estudio que publica la revista «Nature» son claras al respecto: si los estadounidenses redujeran a la mitad su consumo semanal de carne de vaca, la industria estadounidense de carne de res podría llegar a ser ambientalmente sostenible, ayudando a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Además, esta reducción en el consumo de res llevaría a que se pudieran reasignar 32 millones de hectáreas de tierras actualmente utilizadas para el cultivo de forraje a producción de otro tipo de alimentos.
Contamina como un coche

Según datos de la Organización de la ONU para la Agricultura y la Alimentación (FAO), la ganadería es el sector que más gases de efecto invernadero emite, aproximadamente el 18%, después del transporte (que representa un 22%). Hablamos concretamente del 9% de las emisiones mundiales de CO2, el 37% de las de metano -más que las explotaciones mineras, petróleo y gas natural juntas, explica a ABC Florent Marcellesi, eurodiputado de Equo- y el 65% de las de óxido nitroso. Precisamente estos dos últimos gases tienen un efecto invernadero mucho más potente que el CO2.

Esto se debe principalmente a la deforestación por el cambio de uso de la tierra debido a la expansión del pastoreo y de los cultivos de forrajeo, así como al proceso digestivo de los rumiantes (metano), el almacenamiento y elaboración de estiércol (óxido nitroso) y, por último, a la elaboración y transporte de productos pecuarios. En particular, hoy en día, un 10% del terreno agrícola del planeta se destina a pastos y otro 10% se destina a la producción de cereales para alimentarlos.
Dietas ricas en grasas

«Si somos lo que comemos, sin duda hoy somos cambio climático. Nuestras dietas ricas en proteínas animales, alimentadas por una producción industrial e intensiva de carne, son una de las principales causas del calentamiento global», dice Marcellesi. Lo cierto es que las dietas occidentales son ricas en carnes y grasas y exceden con creces las 2.500 calorías recomendadas al día. Comer en exceso o inadecuadamente es negativo para nuestra salud y, de manera directa e indirecta, es causa de contaminación atmosférica.

En nuestro país, y según los datos del Informe del consumo de alimentación en España 2016, el consumo per cápita se sitúa en 50,13 kilos por persona y año. «Un consumo sostenible desde el punto de vista del cambio climático, de la salud de las personas y del bienestar de los animales sería de unos 20 o 25 kilos al año», explica el eurodiputado de Equo. No obstante, Marcellesi insiste en que en el caso español sería tan sencillo como volver a la dieta mediterránea. «Si España apostara de nuevo por la dieta mediterránea, las emisiones asociadas a la producción de alimentos caerían más de un 70%», afirma.

En este sentido, el eurodiputado recuerda que un estudio dirigido por la Universidad de Oxford en 2014 concluyó que las emisiones de CO2 de las personas vegetarianas son un 50% menores de las de quienes consumen carne a diario, y las de las veganas, más de un 60%.

Hace tiempo que este discurso traspasó las barreras de los grupos ecologistas y de los partidos verdes. El mejor exponente de este discurso contra la ingesta excesiva de carne es sin duda el economista británico Nicholas Stern, para quien un mundo sostenible debe ser necesariamente vegetariano. «Al ritmo actual, las temperaturas subirán hasta cinco grados en un siglo y el sur de Europa será un desierto. Ser carnívoro se volverá inaceptable, como ahora lo es conducir ebrio», ha dicho Stern en más de una ocasión.

También el ex beatle Paul McCartney, muy comprometido contra el cambio climático, puso en marcha ya en 2009 la campaña «Meat Free Monday», que nos invita a dejar de comer carne los lunes para ayudar a la conservación del planeta, y hace unas semanas presentaba el documental «Un día a la semana».

En este sentido, Yolanda Kakabadse, presidenta de WWF Internacional, explicaba recientemente en una entrevista que «tenemos que cambiar la manera de producir ciertos alimentos, como la carne. Yo no soy vegetariana, me gusta la carne, pero cada vez que tengo un kilo en un plato me estoy bebiendo 10.000 litros de agua. Eso es irracional, es falta de ética en la solidaridad con el planeta. Entonces, no es que haya que volverse vegetariano, pero tampoco hace falta comer carne todos los días, ¿no?».
ARACELI ACOSTA

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