Ciencia-fake


Ciencia-fake: las teorías más disparatadas (y peligrosas) que han seguido pululando en 2017
Foto: detalle del cartel del falso documental 'Operación Luna'.

A veces, la ciencia da un pasito hacia adelante y tres para atrás. Cada cierto tiempo los científicos deben dedicar sus energías a explicar, desmentir y corregir errores de calado sobre conceptos básicos que teníamos superados desde hacía tiempo. Por ejemplo, el astronauta Pedro Duque ha tenido que explicar recientemente a través de Twitter por qué la tierra no es plana. Sólo quiero recordaros que vivimos en el año 2018.

Pero también vivimos en la época de fake news, de Twitter, de la falta de criterio y de los bulos. Por ello, y para poner un poco de orden en vuestras atribuladas mentes, revisaremos en detalle todas las falacias de los movimientos “anti” y daremos argumentos contundentemente científicos para rebatirlos.

La Tierra es plana

Y vivimos dentro de una burbuja de cristal. Esta es la última moda respecto a ciencia-fake, gracias al trabajo de difusión de youtubers como Oliver Ibáñez. El terraplanismo no es algo nuevo. Es una corriente de “pensamiento” que lleva mucho tiempo promulgado que la tierra es plana y que todo es una malvada conspiración. Si queréis entrar en la mente de un terraplanista os recomendamos este interesante libro.

La realidad es que ya en la Grecia Antigua Aristóteles puso la base empírica para atajar cualquier visión terraplanista: la realidad del horizonte. Personas localizadas en distintos puntos de la tierra no ven las mismas estrellas. Este fenómeno sólo se puede explicar si los horizontes que ve cada persona es distinto, algo que sólo puede ocurrir con un modelo esférico, no en una tierra plana, cúbica o con cualquier otra forma. Cuando llega la noche, un habitante de Buenos Aires ve unas constelaciones completamente distintas a las de un vecino de Madrid.

Lo que nos enseña la ciencia:

Además, partiendo de la teoría de la esfera, Eratóstenes trató de calcular el tamaño real de la Tierra. Eratóstenes observó que las sombras de los palos eran diferentes en distintas partes de Egipto. Por lo que, calculando la distancia entre Siena y Alejandría y teniendo en cuenta la diferencia de inclinación de las sombras en ambas ciudades, obtuvo una fórmula que le permitió determinar el radio de la Tierra. Lo hizo con tanta precisión que sólo falló por un 3%. Problema resuelto hace más de dos mil años.

Para los descreídos, dejamos un maravilloso Timelapse que demuestra la realidad del horizonte.

El hombre nunca ha pisado la Luna

Este apasionado debate es una de las conversiones “anti” más recurrentes en los últimos años. Aunque es probable que pronto se acabe ya que varios países han mostrado su intención de volver a nuestro satélite (e incluso a Marte). La idea es romántica: el hombre nunca puso un pie en la Luna y todo el montaje fue rodado por Stanley Kubrick, a sueldo de la NASA.

Pero lo cierto es que hemos estado en la Luna y hemos traído muestras de allí que dan veracidad a ese viaje ¿Se podrían falsificar las piedras? Bueno, sí, se podrían falsificar, pero para ello habría que construir una tecnología que alcanzase la energía de los rayos cósmicos que recibe la Luna y así poder insuflar en las piedras las proporciones inusuales de los isótopos que tienen en su estructura. En la Tierra no se puede generar esa energía.

Y, por otro lado, está el irrebatible hecho de que los astronautas montaron espejos sobre la Luna para medir cuánto tiempo tarda la luz en ir y volver desde la Tierra a través de pulsos láser enviados desde nuestro planeta. Un experimento que cualquier astrónomo con el material adecuado puede realizar. 

Seguro que lo has visto en Big Bang Theory.

Si no hemos vuelto a la luna, ha sido porque realmente no era necesario. El coste / beneficio ya no tiene sentido. Pero si todavía dudas, te invito a revisar TODAS las fotos de las misiones Apollo para encontrar si hay algún montaje. Suerte.
Los chemtrails contaminan nuestro aire

Mira al cielo, ¿ves alguna estela que deja una maravillosa máquina voladora conocida como avión? Pues es todo mentira. Se trata de una conspiración (otra más) para tratar de controlar nuestra mente, contaminar nuestros cultivos y cambiar el clima. Esa es básicamente la creencia que tienen algunas personas.

De nuevo la explicación la podría dar un alumno de secundaria: las estelas son condensación, que no es más que el cambio del estado de la materia que se encuentra en forma gaseosa a forma líquida. Lo mismo que pasa en la ventana de tu habitación cuando hace mucho calor dentro y mucho frío fuera. La condensación se ve influida por la presión, la humedad y la temperatura.

Las estelas de los aviones se producen cuando hay una presión muy baja a gran altitud, justo en el espacio por el que vuelan los aviones. Las turbinas generan los gases que, bajo esas condiciones atmosféricas, comienzan a convertirse en líquido y toman una forma visible, como las nubes. Además, las alas de los aviones sirven para volar entre las altas presiones por lo que una vez ha pasado el aparato, se produce un cambio de presión acompañado por un descenso de temperatura que también genera esa condensación.

Es agua flotando a gran altura. Sólo eso.

El cambio climático no es real

Lo primero es que cada vez que hablamos de cambio climático asumimos una dolorosa derrota. Hace un par de décadas era un fenómeno conocido como “calentamiento global”, con unas connotaciones claramente negativas y apocalípticas. Suavizando el término, suavizamos su significado y sus terribles consecuencias que ya padecemos.

El problema sobre el cambio climático es que el negacionismo está instaurado completamente. Según un informe reciente realizado entre personas de varios países, Estados Unidos, Australia y Gran Bretaña lideran el ranking de personas que no creen en el concepto de cambio climático generado por los humanos. Por otro lado, China es el país que más cree en este concepto (y que más contamina). 

Estos son los resultados.

Pero estamos hablando de la opinión generalizada. Cuando usamos investigaciones científicas y rigurosas se determina claramente que el cambio climático está generado por la acción humana. En noviembre de 2017 se publicó el último informe elaborado por el Programa de Investigación de Cambio Global de EE. UU. Una de sus principales conclusiones fue que la influencia humana ha sido el mayor factor que ha propiciado el calentamiento del planeta.








El cambio climático es un hecho, las temperaturas globales siguen aumentando año a año, los fenómenos extremos se hacen cada vez más habituales y los océanos se calientan y suben de nivel. No es ficción, es realidad científica. Si queréis comprobar los datos, echadle un ojo al estudio. Antes de que Donald Trump ordene borrarlo.
Las vacunas no funcionan

Ya lo dijo Homer Simpson, alias Mr X: nos inoculan la vacuna de la gripe para controlarnos la mente. Sería gracioso si no fuese terrible. El movimiento antivacuna deja un buen puñado de titulares cada año e, incluso, amenazan con convertirse en un problema de salud pública. En realidad, la inmunización no es obligatoria y puede rechazarse. El problema surge cuando muchas personas deciden no vacunarse, la inmunización del grupo baja y el riesgo de epidemia aumenta.

Las vacunas son tratamientos que sirven para generar inmunidad mediante la estimulación de anticuerpos defensivos. Desde una perspectiva científica, son una herramienta positiva. La evidencia científica demuestra que las vacunas producen un acusado descenso en la morbilidad (casos de enfermedad) y mortalidad de los procesos infecciosos. Los médicos y los gobiernos hacen una evaluación riesgo/beneficio antes de implantar una vacuna. El balance entre salvar cientos o miles de vidas y sufrir unos efectos secundarios está completamente desequilibrado. Las vacunas son profundamente necesarias.

Negar que las vacunas sean uno de los mayores avances médicos de la humanidad es muy arriesgado. Los datos son demoledores. Según la Organización Mundial de la Salud actualmente las vacunas salvan en torno a 3 millones de personas al año. La mortalidad del sarampión se ha reducido en un 74%. Y, lo más importante, es que son los niños los más beneficiados de las vacunas. Un logro que no puede ni debe ser ignorado.

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