Conservadores y liberales dirigen cada vez más países ante la debacle socialista y el retroceso de la izquierda populista

Europa y América confían su gobierno a la derecha política
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Conservadores y liberales dirigen cada vez más países ante la debacle socialista y el retroceso de la izquierda populista


Europa y América están confiando su gobierno a la derecha política. En la Unión Europea de los 28 solo siete países están dirigidos por partidos de izquierda, con la socialdemocracia hundida. Y al otro lado del Atlántico se desvanece la izquierda populista que ha controlado el sur del continente durante este siglo.

El año pasado, Francia, Austria y República Checa se unieron a la lista de países gobernados por las diferentes familias de la derecha y el centro-derecha, desde liberales a conservadores; y en Alemania, Países Bajos y Bulgaria reeditaron su victoria. En América, Chile ha sido el último en sumarse a un cambio de signo que en los dos últimos años ha recorrido Estados Unidos, Argentina, Brasil, Perú y Guatemala.

Los analistas coinciden en la combinación de tres factores como explicación de la sucesión de victorias electorales de los partidos del arco de la derecha. Primero, la confianza en la respuesta para superar la crisis económica; segundo, la posición en el debate sobre la identidad nacional; y tercero, la hundimiento del adversario político: la debacle socialdemocracia en el caso de Europa, y el agotamiento de la izquierda populista en América.

«El socialismo ha fracasado en su respuesta a la crisis. La gente quiere resultados, sin reparar en los mecanismos económicos empleados; y ahora hay una mejora aparente de las cifras. En Francia, por ejemplo, existe un rechazo general al liberalismo, a quien se culpa de la crisis, pero ahora la mayoría aprueba sus recetas porque notan la necesidad de dinamismo», explica Benoît Pellistrandi, profesor de Historia Contemporánea del Instituto Católico de París.

Las promesas de reformulación del capitalismo no cuajaron, sino la consolidación del sistema económico

No cuajaron las promesas de reformulación del capitalismo y la creación de un orden económico mundial, lanzadas al calor de la crisis económica. «El cambio no está bien visto en momentos de inseguridad. No es tiempo para visiones en la política, sino para consolidar el sistema. Y los votantes ven a conservadores y liberales mejor capacitados para hacerlo», explica Paul Schmidt, secretario general de la Asociación Austriaca para la Política Europea.

«La derecha ha salido ganadora de la crisis porque sus recetas han convencido más, mientras que el socialismo no ha sabido renovarse ni implementar sus propias medidas económicas», según Schmidt. Así, explica, la defensa del estado del bienestar se mantiene, pero ajustado a términos nacionales, limitado y protegido. «La gente está convencida de que el estado del bienestar es un avance, pero también hay menos consentimiento a pagar tanta solidaridad», sostiene Pellisandri.

La debacle de la socialdemocracia en Europa ha allanado el camino a la derecha. Rumanía es el único país de la UE donde el poder ha pasado a manos de la izquierda en los últimos tres años.

«La derecha en parte vence por la incomparecencia del rival. No hay nadie enfrente», apunta Jean Baptiste Harguindéguy, profesor de Ciencia Política en la Universidad Pablo de Olavide. «La socialdemocracia ha asumido planteamientos económicos del liberalismo, y el debate se ha trasladado a temas más ideológicos que técnicos. Por ejemplo, el debate de la identidad nacional, que beneficia a la derecha porque tiene un discurso sobre ello; y no a la izquierda, que suele rehuir de ese tema».
Identidad nacional

El historiador Pellistrandi coincide en que el debate de la identidad nacional beneficia a la derecha. «La izquierda ha rechazado y despreciado lo nacional porque el izquierdismo lo ha confundido con el nacionalismo. Sin embargo, hoy existe una reivindicación de lo nacional. La derecha está saliendo del complejo de inferioridad donde la instaló el marxismo después de la Segunda Guerra Mundial».

El auge del debate sobre la identidad nacional ha beneficiado a la derecha, con una posición más clara

Pero no hay una única derecha. A los tradicionales partidos conservadores y liberales hay que sumar el empuje de los populismos, en algunos países teñidos de conceptos tomados del radicalismo. «Existen diferencias entre la derecha de Europa Occidental, más sobria, y la de la Europa Oriental, que sufrió regímenes socialistas. En Polonia y Hungría, por ejemplo, son legítimas ideas nacionalistas que considerábamos desaparecidas», explica Pellistrandi. El historiador francés considera que en el este del continente los partidos tradicionales de derecha ya se han reinventado, mientras que en el oeste están por redefinirse para adaptarse a la masa de votantes que ya se ha movido a nuevos partidos de derecha.

Schmidt incluye a más países en la lista de guiños extremistas: «En Reino Unido, Alemania, Austria, Países Bajos o Escandinavia se han normalizado conceptos de la ultraderecha como el discurso cultural o relacionar la inmigración con la seguridad». «Esa derecha que se mezcla con la ultraderecha en principio era solo electoral, pero cada vez se confunde más», destaca Harguindéguy. «Aunque el discurso entre ganadores y perdedores de la globalización cala. A Donald Trump le ha funcionado para ser presidente de EstadosUnidos».
Cambio en América

«En Europa y Estados Unidos, el debate gira más en torno a los defensores de las esencias locales y los favorables a la globalización. Esa dicotomía está ganando peso en América Latina, pero todavía es más determinante el debate entre izquierda y derecha», percibe Carlos Malamud, investigador principal de América Latina del Real Instituto Elcano.

En los años noventa la región vivió una ola de neoliberalismo, en este siglo de populismo de izquierdas, y en estos dos últimos años un comienzo de cambio ideológico al centro-derecha todavía por consolidar.

Malamud encuentra una doble causa para explicar el declive de la izquierda en el continente: el agotamiento de los gobiernos, unipersonales o de partido, prolongados en el tiempo y con dosis de corrupción, y el cambio de ciclo económico mundial. «La caída del precio de las materias primas ha terminado con la alegría presupuestaria que permitía financiar políticas públicas y subsidios extendidos a grandes capas de la población y políticas de tipo clientelar», apunta.

A pesar del cambio de signo en Argentina, Chile y Perú, considera temprano hablar de giro a la derecha en el continente, a la espera de los comicios de este año. En las próximas elecciones de Colombia, México y Brasil, actualmente gobernados por el centro-derecha, no da por hecho la victoria de ninguno puesto que considera que las fuerzas están igualadas.

La victoria de partidos de centro-derecha en los dos últimos años puede producir un impacto en países vecinos, pero limitado, según Malamud. No augura un efecto dominó en todo el continente, sobre todo porque «no va a haber financiación de campañas de partidos próximos, cosa que sí hubo con el chavismo». «Si en Nicaragua hubiera elecciones hoy volvería a ganar el sandinismo, y en Venezuela probablemente Nicolás Maduro sería el más votado».
Italia, Colombia, México y Brasil confirmarán este año la tendencia

Las elecciones de 2018 deberán consolidar el giro a la derecha en Europa y América. El Forza Italia del ex primer ministro Berlusconi es el favorita para relevar al centro-izquierda; aunque necesitará contar con la difícil alianza de la Liga Norte, populista y antieuropeísta. En América, la izquierda espera avances en Brasil, Colombia y México, hoy gobernados por el centro-derecha. El expresidente Lula aspira a recuperar el poder para el Partido de los Trabajadores, manchado por la corrupción. El acuerdo de paz con las FARC ha soltado lastre a la izquierda en Colombia, y ha igualado las fuerzas. En México, si los sondeos se cumplen con el candidato López Obrador, cercano al bolivarianismo, sería una sacudida en un país con un largo recorrido de gobiernos de centro-derecha.

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