El 31 de enero de 1968, durante la ofensiva del Tet, un grupo de 19 norvietnamitas logró penetrar en la embajada de Estados Unidos ubicada Saigón

Milagro en Vietnam: cuando los Marines evitaron que los comandos suicidas comunistas asesinaran a decenas de civiles
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 Tras varias horas, el Ejército Norteamericano logró acceder al edificio desde el tejado y acabar con ellos.
La Guerra de Vietnam desangró en todos los sentidos a los Estados Unidos. Militarmente así lo avalan los 58.000 americanos que se dejaron la vida combatiendo contra el comunismo en la región. Otro tanto sucedió con los gobiernos de Lyndon B. Johnson y el ya de por sí impopular Richard Nixon. Para ambos, el peso de aquella ingente cantidad de fallecidos terminó convirtiéndose en su ataúd político. Y es que, a pesar de lo que los yanquis creían, en aquel país del Sudeste Asiático un guerrillero en sandalias y armado con un AK-47 podía ser tan letal como un militar entrenado en la academia de West Point.

Durante los años (1961-1973) en que los Estados Unidos apoyaron, con asesores primero y soldados después, a las tropas de Vietnam del Sur, los cruentos combates contra el Vietcong se convirtieron en algo tristemente habitual. Sin embargo, hubo una operación que puso contra las cuerdas a los norteamericanos y -a la larga- provocó que la opinión pública clamara contra el final de la contienda: la Ofensiva del Tet. Un ataque masivo perpetrado por los rebeldes durante el día del Año Nuevo vietnamita (el Tet) y con el los hombres de Ho Chi Minh llegaron incluso a tomar la embajada norteamericana ubicada en Saigón.
Ofensiva del Tet

Cuando comenzó la Ofensiva del Tet, allá por enero de 1968, Estados Unidos «tenía el ejército más poderoso de toda la historia». Al menos, así lo afirman los editores de la obra «Grandes batallas de la historia». Por entonces, los norteamericanos se sentían invencibles y consideraban que, tarde o temprano, el Vietcong alzaría la bandera blanca y la guerra terminaría.

Una contienda, por cierto, que era de vital importancia para el gobierno de Johnson. Y es que, el presidente era uno de los defensores de la «teoría del dominó»: la tesis de que, si el comunismo se extendía de la mano de Ho Chi Minh, terminaría contagiando a otras regiones cercanas y llegando hasta Japón. «Había varias zonas en el mundo en las que no se podía permitir el triunfo del comunismo, ya que significaría la muerte de la civilización occidental. Y vietnam del sur era una de esas zonas», explicaba el periodista de la época A. J. Langguth.

Sin embargo, cuando más invulnerable se creía, el ejército de los Estados Unidos se vio sobrepasado por un ataque durante un alto el fuego de varios días acordado entre ambas facciones para conmemorar el Año Nuevo local (el Tet). Y es que, los norvietnamitas iniciaron el 30 de enero de 1968 una ofensiva a gran escala sobre las principales posiciones norteamericanas en el país. Todo ello, con dos objetivos: clavar una daga en el corazón de los militares, y lograr que la población se alzase en contra de los yanquis.

La ofensiva terminó de una forma agridulce para ambos bandos. Y es que, aunque los 80.000 comunistas que participaron fueron aplastados en todos los frentes por las fuerzas combinadas de los Estados Unidos y de Vietnam del Sur, su desesperado ataque obligó a la postre al gobierno occidental a abandonar la región. «La ofensiva del Tet sacudió la confianza pública en lo que estábamos haciendo», afirmó el Secretario de Estado Henry Kissinger.
Ataque en la embajada

El 30 de enero, los comunistas iniciaron la ofensiva. Aquella jornada, una de las posiciones más castigadas fue la base de Khe Sanh, donde el alto mando norteamericano se vio obligado a enviar miles de efectivos.

Una jornada después, los combates también se generalizaron en 36 de las ciudades más destacadas de Vietnam del Sur, donde multitud de comandos hasta ese momento camuflados sembraron el caos entre la población. «La señal para empezar los combates fue la lectura a través de Radio Hanoi de un poema del presidente de la República Democrática de Vietnam (Vietnam del Norte)», se añade en la mencionada obra.

Apenas un día después, el 31 de enero de 1968, el caos llegó también a Saigón y, más concretamente, hasta la embajada de los Estados Unidos. Todo ello, de la mano de un grupo de 19 comunistas de un comando suicida.

«En el edificio de seis plantas de la embajada, que se alzaba en la zona central y residencial de Saigón, sólo había un puñado de marines montando guardia. A pesar de una orden de máxima alerta la noche del Tet, doscientos oficiales de Inteligencia de Estados Unidos asistieron a una fiesta en la ciudad, según se supo por los documentos de la Agencia Central de inteligencia (CIA), revelados en 1975», se determina en «Grandes batallad e la historia».

La situación se convirtió en un infierno en unos minutos. Cuando se percataron del asalto del comando suicida, los dos policías militares que cubrían la entrada exterior de la embajada devolvieron los disparos y trataron de cerrar las puertas del principal acceso al edificio.

Para su desgracia, no sirvió de nada, pues los enemigos lograron abrir un agujero en el muro de hormigón que rodeaba el complejo y acceder a su interior. «Al principio no les prestamos mucha atención. A las dos de la mañana oí una explosión tremenda y el ruido del derrumbamiento de un edificio. Después escuché el ruido seco de un AK-47 y de misiles chocando contra el edificio. Me di cuenta de que nos estaban atacando», explicó posteriormente el embajador Allan Wendt.

En un intento desesperado por resistir, una docena de personas formaron una barricada en el interior para tratar de retrasar la entrada del comando. Todo ello, mientras los marines norteamericanos llegaban a la zona y comenzaban a rodear el complejo. «Fue una experiencia verdaderamente terrible, a lo largo de la primera hora no pensé que fuera a salir de allí con vida», añadió Wendt.

Según se explica en el documental «Vietnam, la ofensiva del Tet» (producido por «History Channel»), los marines no pudieron tomar desde el exterior la embajada. Por ello, decidieron llevar a cabo un rescate de emergencia. Su plan: que un equipo de soldados aterrizase en el tejado del edificio y fuese liberando, piso por piso, el complejo.

Poco después, tras eludir el fuego enemigo, un helicóptero aterrizó en la parte superior de la embajada y depositó a los que, posteriormente, fueron los héroes de la jornada. Con todo, los combatientes tardaron un total de seis horas en cumplir su tarea y acabar con los atacantes.

«Una vez acabados los combates, el escenario era un verdadero infierno. El personal de la embajada, cubierto de sangre, era ellos norteamericanos, pero la mayoría pertenecientes al Vietcong. Las paredes de la embajada estaban acribilladas a balazos. Mientras, la lucha por Saigón se había extendido por toda la ciudad», se añade en la obra.

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