El presidente de Suráfrica está envuelto en varios escándalos de corrupción.

El controvertido Zuma dilapida el legado de honradez de Mandela en Sudáfrica
El presidente sudafricano, Jacob Zuma, durante su participación en el Congreso Nacional del ANC, en Johannesburgo, el pasado mes de diciembre


¿Sudáfrica nunca defraudará el legado de Nelson Mandela», afirmó el presidenteJacob Zuma en el funeral de Estado del carismático líder en 2013. El jefe de Estado lo definió como el «héroe de la liberación» y agradeció al padre fundador de la nación su dedicación en la construcción de una sociedad libre y democrática. Madiba, el primer presidente negro de Sudáfrica, soñaba con un país libre, próspero y con una constitución progresista que quería ser un referente mundial. Creía en la «igualdad en la diversidad» (de género y raza), luchó contra la pobreza y para garantizar la justicia social. Sin embargo, estos valores se han ido difuminando con la llegada de los gobiernos posteriores. El partido que un día inspiró la esperanza de todo el continente africano, el Congreso Nacional Africano (ANC), es ahora sinónimo de corrupción y nepotismo.

Casi 20 años después de que Mandela se retirase de la primera línea política en favor de Thado Mbeki, su legado ha sido dilapidado por las políticas llevadas a cabo por sus sucesores. De Mbeki se esperaba mucho: mantener la pluralidad y la coexistencia de derechos entre las razas, trabajar para reducir la pobreza y contra las desigualdades trazando un programa de discriminación positiva a favor de los negros. Sin embargo, su mandato (1999-2008) está manchado por la «negación del sida» que retrasó la distribución de medicamentos antirretrovirales en un país con más de 5 millones de infectados. Además, atribuyó la alta tasa de criminalidad del país a la imaginación racista de los blancos. Mbeki fue acusado de conspirar para procesar por corrupción al líder del partido, Jacob Zuma; razón por la cual fue apartado del poder.
Corrupción y abuso de poder

Cuando Zuma asumió el cargo, en 2009, prometió que seguiría las políticas de reconciliación entre las razas trazadas por Mandela y fue apodado el «presidente del pueblo». Su liderazgo, tanto al frente del país como del partido, pende de un hilo tras ocho mociones de confianza –de la última en agosto se salvó por poco– y sus problemas con la justicia, con la que tiene 783 causas pendientes por corrupción y abuso de poder.

La inestabilidad forma parte intrínseca de la idiosincrasia del gobierno de Zuma. Con menos de 10 años en el poder ha reorganizado su gabinete –de manera drástica– hasta en 13 ocasiones, lo que ha contribuido a dividir, todavía más, la formación que gobierna el país desde 1994. Los críticos le acusan de gobernar para una minoría y de explotar las instituciones en beneficio propio así como para el de las élites, entre ellos los Gupta –familia de multimillonarios de origen indio con una red de negocios que se extiende desde la minería a los medios de comunicación–. A estos les atribuyen las dos últimas remodelaciones ministeriales: la del mes de marzo de 2017, que incluyó el despido del ministro de Economía, Pravin Gordhan,provocó una huelga general, una profunda división dentro del partido y el «divorcio» con sus socios de gobierno, COSATU y el Partido Comunista de Sudáfrica (SACP). La oposición y fuentes próximas al ANC denunciaron que la decisión de apartar a Gordhan fue consecuencia de que éste obstruyó a los aliados del presidente en sus pretensiones de tener acceso a los fondos del estado y bloqueó lucrativos contratos. En 2016, Mcebisi Jonas, entonces viceministro de Finanzas, denunció que fue invitado a la mansión de los Gupta para ofrecerle 600 millones de rands (unos 41 millones de euros)si aceptaba el cargo de ministro de Economía, oferta que declinó.
El ANC, tocado y ¿hundido?

Durante años, el ANC fue el principal abanderado en la batalla de la liberación; un partido, además, que ha gobernado el país desde el fin del apartheid (1994) con mayoría absoluta. Sin embargo, en las elecciones locales de 2016 obtuvo el peor resultado de su historia, dejándose cerca de 15 puntos (de 66% al 54%) y perdiendo el control de las ciudades más grandes del país: Johannesburgo, Pretoria y el municipio de Nelson Mandela Bay. Lejos de hacer autocrítica, los malos resultados fueron atribuidos a fuerzas externas al partido como la oposición, el sistema judicial y los medios de comunicación. La elección del nuevo líder a mediados de diciembre, Cyril Ramapahosa, espera revertir esta situación.

A este declive hay que sumarle la mayor solidez de la oposiciónespecialmente por parte del partido Luchadores por la Libertad Económica fundado por Julius Malema, antiguo presidente de las juventudes del ANC.

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