El vertiginoso ascenso político de Adolf Hitler


Adolf Hitler durante un discurso en 1937
(FRANCE PRESSE VOIR / AFP)

Hace 85 años tuvo lugar un acontecimiento que resultó crucial para la historia: el 30 de enero de 1933, Adolf Hitler fue nombrado canciller imperial de Alemania. Un político de 43 años, al que no apoyaba ni la mitad de la población, consiguió en un tiempo récord establecer una dictadura y poner fin al sistema parlamentario desarrollado. ¿Qué factores había detrás de su éxito político?

“Regalo” para Hitler

La carrera política de Hitler comenzó en 1919, cuando se afilió al Partido Obrero Alemán (precursor del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP) o Partido Nazi). El joven político necesitó tan solo dos años para convertirse en el líder autoritario de la organización. No obstante, como consecuencia del fallido Putsch de Múnich o Putsch de la Cervecería, un intento de golpe de Estado que empezó en una cervecería de Múnich en noviembre de 1923 y que tenía el objetivo de tomar el control del gobierno local, marchar hacia Berlín y derrocar el gobierno federal, Hitler fue condenado a cinco años de prisión por traición, aunque 9 meses después salió en libertad.

Hitler era un demagogo y populista y sus eslóganes estaban llenos de extremismo abierto
Después del Putsch de la Cervecería, el partido se encontraba en una situación difícil: en la segunda mitad de la década de 1920 la República de Weimar estaba viviendo un crecimiento económico y los alemanes preferían votar por las fuerzas moderadas.

“Un verdadero regalo para Hitler fue la crisis económica de los años 1929-1933. La producción industrial de Alemania se desplomó un 40%. Fue una verdadera catástrofe. Justo en ese período se observa un crecimiento récord de la popularidad del NSDAP”, señala Konstantín Sofrónov, del Instituto de la Historia Mundial de la Academia de las Ciencias de Rusia, en una entrevista a RT.

Populista y demagogo

En la base de la propaganda de Hitler estaba la idea de la opresión y la humillación del pueblo alemán por las condiciones del Tratado de Versalles. El documento firmado en 1919 tras la Primera Guerra Mundial privó a Alemania de las “tierras ancestrales”; además, el país tuvo que pagar unas indemnizaciones económicas enormes y sus capacidades para aumentar el poderío militar quedaron reducidas.

Hitler se mostró como un ferviente adversario de la democracia, el parlamentarismo y el comunismo. Subrayaba el carácter único de la nación alemana y la necesidad de la “unión” del país, refiriéndose a los territorios perdidos por el Tratado de Versalles.

“Hitler defendía ideas banales. Sin intentar explicar qué medidas concretas estaría dispuesto a tomar para mejorar la vida de los alemanes. Se confundía en sus propias promesas sin siquiera darse cuenta. Hitler era un demagogo y populista y sus eslóganes estaban llenos de extremismo abierto”, comenta Safrónov.

El político intentaba ganarse las simpatías de todas las capas de la sociedad, pero sobre todo hacía hincapié en los habitantes de las zonas rurales. En las ciudades, el NSDAP intentaba crear un núcleo en casi todas las fábricas grandes. Al mismo tiempo, Hitler negociaba en los círculos industriales aprovechando el deseo de los grandes capitales de lograr la estabilidad y nuevos mercados. A mediados de los años 1920 lo apoyaban magnates tan importantes como Gustav Krupp, Robert Bosch, Fritz Thyssen y Alfred Hugenberg. Algunos altos militares también simpatizaban con Hitler.

Mientras que en 1932 el NSDAP contaba con 1,5 millones de miembros, en febrero de 1933 ya eran más de 12 millones.

“Formalmente Hitler no era nadie”

La crisis económica de los años 1929-1933 sumergió al país en un caos político. Los líderes que llegaban al poder eran incapaces de controlar el desempleo y la pobreza y se veían obligados a dimitir. La situación se complicaba aún más por la división de las fuerzas de izquierda: el Partido Socialdemócrata (SPD) y el Partido Comunista (KPD) se encontraban en una dura confrontación.

Asimismo, Konstantín Sofrónov recuerda que hasta febrero de 1932 Hitler, que nació en el Imperio austrohúngaro (en la actual Austria), no tenía la posibilidad de votar y ser elegido. En abril de 1925, el político rechazó su pasaporte austríaco y durante siete años estuvo intentando obtener la ciudadanía alemana.

El 25 de febrero de 1932, el ministro del Interior del Estado Libre de Brunswick, Dietrich Klagges, quien era miembro del NSDAP, nombró a Hitler como funcionario público de la delegación de Brunswick en el Reichsrat en Berlín, convirtiéndolo en un ciudadano alemán.

“Desde el punto de vista formal, Hitler, con sus antecedentes penales y la ausencia de ciudadanía, no era nadie. Las autoridades de la República de Weimar disponían de muchos instrumentos para controlar al líder del NSDAP. Solo les faltaba decir que exigía destruir las bases del sistema constitucional. Al fin y al cabo, a Hitler se le podía eliminar físicamente”, ha señalado Sofrónov. En opinión del experto, uno de los factores cruciales en el ascenso de Hitler fue la subestimación de sus posibilidades por parte de todas las fuerzas políticas.

“Cabo bohemio”

En enero de 1933, el excanciller de Alemania, Franz von Papen, persuadió al presidente Paul von Hindenburg a nombrar a Hitler canciller. Hindenburg no confiaba en Hitler, a quien apodaba el “cabo bohemio”. No obstante, se cree que aceptó su candidatura a cambio de la promesa de Papen de contener su espíritu agresivo. Para eso, Papen tenía que ocupar el cargo de vicecanciller en el futuro gobierno de coalición liderado por Hitler.

Mientras tanto, Hitler logró un acuerdo con los capitalistas, a los que prometía destruir en sus discursos ante el pueblo. “Por supuesto que al dirigirse a los capitalistas, la retórica de Hitler era completamente diferente de la que utilizaba con los trabajadores. No se trataba de ninguna sociedad sin clases ni de la nacionalización de las empresas. Hitler aseguró a los hombres de negocios que mantendría el capitalismo y facilitaría a los magnates importantes contratos estatales junto con una mano de obra sin derechos en forma de presos políticos”, subraya la politóloga Natalia Rostislávleva de la Universidad Estatal Rusa de Humanidades.

Según Safrónov, los oligarcas de aquel entonces apoyaron a Hitler porque era un “adversario del comunismo y un antisemita ferviente”. “Contaban con apoderarse de los activos que estaban en manos de los judíos. Al mismo tiempo, el trato hacia Hitler era bastante altivo. Lo veían como un farolero y un instrumento que le permitiría a Alemania lograr la tan esperada estabilidad”, opina el experto.

“¡No habrá más piedad!”

Tras ser nombrado canciller, Hitler cumplió la promesa de formar un gobierno de coalición. Los miembros del NSDAP obtuvieron solo dos cargos ministeriales. El gabinete de ministros estuvo compuesto principalmente por representantes de las fuerzas conservadoras.

El 30 de enero de 1933, Hitler prometió trabajar para el “renacimiento de la nación alemana”. Sin embargo, el mismo día anunció el curso hacia la “limpieza racial” de la sociedad que suponía la discriminación de todos los pueblos no arios, en primer lugar, judíos y gitanos.

El 1 de febrero, el canciller consiguió el permiso de Hindenburg para convocar elecciones parlamentarias anticipadas. Para desacreditar a las fuerzas de izquierda, las Sturmabteilung (organización tipo milicia del NSDAP) provocaron un incendio en el Reichstag, echándole la culpa al comunista neerlandés Marinus van der Lubbe. Como consecuencia, Hitler comenzó unas represiones masivas contra la izquierda. “¡No habrá más piedad! Quienquiera que se interponga en nuestro camino será abatido”, anunció Hitler.

El 5 de marzo de 1933, el NSDAP obtuvo el 43,9% de los votos. En la coalición con los conservadores los nazis tenían más del 50% de los ministerios.

En agosto de 1933, Hitler estableció un sistema unipartidista. El 28 de febrero de 1934 fue prohibida la actividad de KPD, y el 22 de junio, el SPD. La construcción del Estado nazi finalizó con la muerte de Hindenburg el 2 de agosto de ese mismo año: a través de un decreto, Hitler unió el cargo de presidente y el del jefe del gobierno.

“En un tiempo récord, Hitler consiguió establecer un régimen beneficioso para él mismo y sacar al país a la arena internacional. En esto, le ayudó ante todo el fin de la crisis económica”, opina Rostislávleva. Entre otros factores estaba la postura neutral de EE.UU. y las contradicciones entre las capitales europeas y la URSS. “Al líder del NSDAP no lo tomaban en serio, pensando que a cambio de concesiones se le podría usar para los objetivos de otros”, concluye Rostislávleva.

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