La Nasa anunció el descubrimiento de ocho reservas de agua congelada en el planeta rojo. Aunque ya se sabía que existían, este hallazgo es clave para futuras exploraciones. ¿Por qué?

¿Qué cambia con el anuncio que confirma la existencia de hielo en Marte?


La franja azul comprueba la existencia de hielo bajo la superficie marciana.Nasa


Si cualquier lector busca en Google las palabras “agua en Marte”, el resultado serán casi 4 millones de enlaces. Entre ellos está uno de Wikipedia, noticias de hace un par de días y artículos de medios de comunicación de 2015, 2016 y 2017. Ver textos que anuncian el hallazgo de agua en el planeta rojo, no es nada nuevo.

Sin embargo, el último anuncio, publicado en la revista Science, ha causado cierta sorpresa. El estudio, que por título lleva Exposed subsurface ice sheets in the Martian mid-latitudes, sugiere que hay, por lo menos, ocho grandes depósitos de agua congelada.

El hallazgo fue hecho por un grupo liderado por el geólogo Colin Dumas, de la Universidad de Arizona. Y es clave porque hasta el momento se creía que ese hielo subterráneo presente en Marte estaba en depósitos mezclados con roca. Así, como lo relata el astrofísico y divulgador científico Daniel Marín en el blog Eureka, se había creído desde los años ochenta. Gracias a los datos arrojados por las sondas Viking, los humanos sabían desde entonces que existían esas enormes reservas.

De hecho, en 2008 la sonda Phoenix, que había sido lanzada por la NASA en agosto de 2007, confirmó la existencia de esos cuerpos de agua congelada. Tras cavar en una de las áridas regiones se encontró con que, evidentemente, había hielo mezclado con roca. Pero, además, halló hielo puro. ¿Cuál era su grosor? ¿Hasta dónde se extendía? Las preguntas tardarían varios años en ser resueltas.

Cuenta el periodista Paul Voosen, de la revista Science, que Dumas, el geólogo, tiene una rutina diaria: inspeccionar una docena de imágenes de alta resolución que envía el Mars Reconnaissance Orbiter (MRO). Hace un tiempo le sorprendió encontrar una pálida franja azul en una de esas fotografías. Poco a poco confirmó que se trataba de unos acantilados de hielo que se extendían por debajo de la superficie marciana. Estaban a tan solo un metro de profundidad y podían tener unos 170 metros de grosor. Los interrogantes que inquietaban a tantos astrofísicos empezaban a resolverse.

En palabras simples, lo que hizo Dumas y su equipo fue usar las imágenes del MRO con las de la cámara HiRISE. En ellas comprobaron que todos los depósitos no variaban con el paso de las estaciones. Además, compartían el mismo color. Eso descartaba otra teoría que solía hacer dudar a la ciencia: la presencia de escarcha.

De manera que, como escribe Daniel Marín, a partir de este hallazgo lo más probable es que los futuros exploradores de Marte puedan coger todo el hielo que necesiten simplemente con la ayuda de un cubo y una pala. El único inconveniente, es que su ubicación no está en las áreas que la NASA busca explorar en un futuro. “Es de suponer que no se negará a ampliar el criterio unos grados para incluir estos depósitos”, dice.

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