Los gritos de guerra más míticos de la historia


Del «¡Cierra España!» al «¡Hooyah!» de los Navy SEAL: los gritos de guerra más míticos de la historia
Roger de Flor y los almogávares son recibidos por el emperador bizantino
Roger de Flor y los almogávares son recibidos por el emperador bizantino - Palacio del Senado

En el caso de los almogávares, una infantería al servicio de la Corona de Aragón durante la Reconquista, golpeaban sus espadas contra el suelo haciendo saltar chispas contra las piedras al grito de guerra «Aur, aur... Desperta ferro» («escucha, escucha...Despierta, hierro».

Tan importante como la fortaleza física, la habilidad en el manejo de las armas o la capacidad táctica que muestra una unidad militar en combate son la mitología y la fama que la rodean. El creerse invencibles o que el enemigo lo piense así es un arma implacable, como las legiones, los tercioso la Guardia Imperial de Napoleón han comprobado a lo largo de la historia. Incluso en el grito antes del combate empieza a labrarse una victoria.

Una de las referencias más remotas a un grito de guerra como tal está en una costumbre de origen jónico llamado peán, (paian), que Esquino definió como «un grito sagrado emitido con voz potente». Concretamente, el «Alala» proferido por los hoplitas griegos deriva de la palabra onomatopéyica alale, «elevar el grito de guerra».

El ejército tardoimperial romano gritaba «¡Junge!», que venía a decir ¡prietas las filas!, y se usaba para llamar a los soldados a formar una tortuga

A las falanges griegas les sustituyeron las legiones romanas como los soldados de referencia de la Antigüedad, si bien los legionarios variaron su grito en función del adversario. En tiempos republicanos, los legionarios comenzaron a gritar «Delenda est Carthago» (Cartago será destruida) cuando se enfrentaban a la nación de Anibal Barca, el inesperado genio militar que casi destruye a Roma. No obstante, el ejército tardoimperial romano gritaba «¡Junge!», que venía a decir ¡prietas las filas!, y se usaba para llamar a los soldados a formar una tortuga, mientras que los oficiales bizantinos usaban el grito cristiano de «¡Nobiscum Deus!» (¡Dios con nosotros!). Frente a este grito de los mandos, los guerreros, a una voz, contestaban «¡Kyrie Eleison!» (¡Señor ten piedad!)
«Aur, aur... Desperta ferro»

Ya en la Edad Media, las guerras de religión que se sucedieron en Tierra Santa vieron toda clase de invocaciones a Dios como el clásico «Dieu le veut» («Dios lo quiere»), utilizado por los cruzados franceses antes de la lucha, o el «Caelum Denique» («Por fin el cielo», en latín) utilizado por los cruzados de Tierra Santa. Frente a sus gritos, los musulmanes gritaban «Allahu Akbar» («Dios es grande», en árabe) que hoy han hecho tristemente conocido los terroristas yihadistas.

En la tradición militar hispánica, el grito de guerra más común era el «¡Santiago y cierra España!», utilizado por los soldados desde la Reconquista hasta la Época Moderna antes de cada carga en ofensiva. El significado de la frase es invocar al apóstol Santiago, que según la leyenda se apareció durante la Batalla de Clavijo para combatir junto a los cristianos, y por otro, la orden militar cierra, que en términos militares significa trabar combate, embestir o acometer. Conquistadores, soldados de los tercios… el grito de «¡Cierra España!» traspasó fronteras y sirvió a toda clase de tropas hispánicas para entrar en combate.


Santiago Matamoros por Giovanni Battista Tiepolo (Museo de Bellas Artes, Budapest)

«Desperta ferro» («¡Despierta hierro!») es otro de los gritos hispánicos más conocidos. Los almogávares, una infantería ligera al servicio de la Corona de Aragón durante la Reconquista, golpeaban sus espadas contra el suelo haciendo saltar chispas contra las piedras al grito de guerra: «Aur, aur... Desperta ferro» («escucha, escucha...Despierta, hierro»). Hoy el grito ha sido adoptado como lema por la Brigada «Almogávares» VI de Paracaidistas.
«¡Hooyah!»

Uno de los gritos más universales en la historia militar es el «Hurra» utilizado por el ejército británico, el ejército ruso y copiado más tarde por unidades militares de otros países. A España llegó a través del inglés «hurray» (antiguamente,«hurrah») y tiene probablemente su origen en la exclamación victoriosa «arru» de los romanos, que a su vez procede de la entonación al dios griego de la guerra Ares. No obstante, en la Edad Media existíeron voces eslavas parecidas como la rusa «ura» o la polaca «hura», que posiblemente procedan de la expresión religiosa hur-aj (al paraíso). De igual modo, los mongoles y japoneses poseían sus propios gritos guerreros, urra y uraa, de origen puramente onomatopéyico.

Parecido al «Hurra», los marines americanos emplean hoy el grito de guerra «¡Oorah!» y el ejército regular el «¡Hooah!». A ellos se suma el «¡Hooyah!», característico de los Navy SEAL, la unidad por excelencia para operaciones especiales.

De la Segunda Guerra Mundial proceden el mítico «Banzai» («Diez mil años» en japonés) utilizado por los pilotos kamikaze japoneses o el «Gerónimo» usado por las tropas de paracaidistas del ejército de EE.UU.

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