Los sistemas olfativos artificiales son cada vez son más eficaces, baratos y manejables y ya se está trabajando en dispositivos «de bolsillo» que podrían ayudar a enfermos de diabetes o detectar agentes químicos peligrosos


Nariz electrónica, la competencia de catadores, médicos y perros policía
José Luis Herrero (izda.) y Jesús Lozano (dcha.), investigadores de la Universidad de Extremadura, junto al inspector jefe del grupo Tedax-NRBQ, José Miguel Sánchez, con el dispositivo de nariz electrónica

Metro de Tokio, 1995. La secta Aum Shinrikyo libera gas sarín, un potente paralizante que provoca la muerte de doce personas y daños a otras cinco mil. Nueva York, 2001. Al-Qaida manda a varios senadores cartas con antrax, un bacilo que, si ataca a los pulmones, es letal. Teatro Dubrovka, 2002. El Ministerio del Interior ruso envia una gente químico al sistema de ventilación del edificio secuestrado con el que fallecen los 42 terroristas y sus 120 rehenes. Siria, 2017. La Organización de las Naciones Unidas afirma que se han cometido decenas de ataques de nuevo con gas sarín durante la guerra, afectando a civiles, entre ellos, niños.

En un contexto de globalización, en el que las amenazas cada vez son más cercanas e imprevisibles, trabajan los Tedax (Técnicos Especialistas en Desactivación de Artefactos Explosivos). Ellos son, en España, la primera línea de batalla en un campo confuso, en el que solo cuentan con la protección de sus trajes y la dirección del olfato de sus fieles perros policía. Hasta ahora.

El proyecto 'Sistemas Olfativos Artificiales para la Detección de Agentes Peligrosos', realizado por Jesús Lozano y José Luis Herrero, investigadores de la Universidad de Extremadura (UEX), ha recibido el Premio de Investigación Fundación Policía Española 2016-2017. Se trata de una aplicación basada en la tecnología comúnmente denominada nariz electrónica, que es capaz de detectar el olor de un explosivo o de un agente químico peligroso, y que envía la información directamente a un dispositivo inteligente en cuestión de minutos. Una tecnología que podría acabar con el riesgo de los agentes a la hora de enfrentarse a este tipo de episodios.

Se trabaja en dos dispositivos: uno acoplado en un dron, apra espacios exteriores, y otro autónomo, con forma de «pelota» para introducir en habitaciones cerradas

Sin embargo, Lozano aclara que «la idea no es quitarle el puesto a los perros policía, básicamente porque ellos tienen 200.000 células olfativas y una nariz electrónica cuenta con entre 4 y 16 sensores». Este dispositivo, ideado en colaboración con el inspector jefe del Grupo TEDAX-NRBQ, José Miguel Sánchez, se ha desarrollado en dos modelos: uno integrado en un dron -que permitiría medir la calidad del aire en recintos abiertos, como patios- y otro, autónomo, con forma de una «especie de pelota» -para espacios cerrados-. Se podría, incluso, agregar una bolsa que tome muestras para ser analizadas con posterioridad. «Un Tedax tarda unos quince o veinte minutos en ponerse el traje más equipado si no sabe qué es lo que se va a encontrar. Este es un dispositivo que le da una pauta al profesional del escenario al que se enfrenta, con el consiguiente ahorro de costes y tiempo que eso conlleva», recalca. Todo por 700 euros el dispositivo, un precio muy asequible en comparación con las narices electrónicas que se encuentran ahora mismo en el mercado.
35 años de desarrollo tecnológico

Aunque parezca ciencia ficción en 2017, las bases que rigen la tecnología de la nariz electrónica surgen en 1982 con la publicación en la revista Nature del estudio «Analysis of discrimination mechanisms in the mammalian olfactory system using a model nose», de Persaud y Dodd. Pero no será hasta 1992 cuando se crea el primer dispositivo, muy básico, que evolucionará hasta la publicación en 1999 de «Electronic Noses: Principles and Applications» (de los científicos de Oxford Gardner y Bartlett), la «Biblia» en cuanto a narices electrónicas se trata y desde la que se desarrollaron todas las aplicaciones posteriores.

La nariz electrónica tiene de base el funcionamiento de la nariz humana: recoge información, la almacena y, después, compara

El dispositivo trabaja con la misma base que lo hace la nariz humana: las células olfativas (en el caso de los prototipos artificiales, sensores) se recogen y llegan al cerebro (inteligencia artificial), que lo almacena como un recuerdo (datos). Cuando este mismo olor vuelve a ser detectado por el olfato, inmediatamente se activa el recuerdo y se compara. «A eso le ponemos nombre, como cuando decimos “esto huele a pan” o “esto me recuerda al olor de la lluvia”», ejemplifica Lozano. Y, al igual que el cerebro animal, esta tecnología precisa de un gran archivo de olores, por lo que se hace necesario «entrenarla», algo que los humanos hacemos de manera inconsciente pero que es el mayor escollo a la hora de implantar esta tecnología.

Oler cervezas y la diabetes

Los dispositivos de nariz electrónica, cada vez más pequeños, refinados y baratos, son habituales en empresas del sector de las bebidas o en la sanidad. «El sector sanitario tiene muchísimas posibilidades, pero es una tecnología difícil de domar. Nosotros, de momento, nos centramos en las bacterias», explica al respecto Alfredo Azabal Agudo cofundador e ingeniero de producto de Up Devices, una startup centrada en el dispositivo de nariz electrónica y que colabora estrechamente con la Universidad de Extremadura.

Los sistemas olfativos artificiales son comunes en el sector de la alimentación y bebidas y en el sanitario

Fundada hace menos de un año y con la mira puesta también en el sector alimentario, es una de las cinco empresas integrantes del proyecto acelerador de startups «BarLab», organizado por Mahou San Miguel. Con su colaboración, han creado un dispositivo que «huele» la cerveza y puede medir parámetros de calidad como el defecto luz -el cambio de sabor de esta bebida cuando se deja al sol- o reconocer el tipo de cerveza. Y toda la información viaja por bluetooth hasta un smartphone o tableta.

Y es solo el principio de las «narices electrónicas de bolsillo». Ya se están ideando prototipos que le dicen al enfermo de diabetes si está teniendo una bajada de azúcar o un horno que alerta de que se está quemando la comida. «El sistema está casi listo. Móviles y electrodomésticos ya están probando esta tecnología. Por ejemplo, frigoríficos que detectan que se pudre la comida y avisan a su dueño al móvil. Si tenemos sensores de movimiento o de luz en el móvil, ¿por qué no uno en la cocina que nos avise de un posible escape de gas? Al final, todo va a estar conectado, y la nariz electrónica jugará también su papel dentro del internet de las cosas», concluye Lozano.
PATRICIA BIOSCA

Entradas populares