Mónica G. Álvarez relata en un libro la historia de siete parejas a las que la pasión les dio fuerzas para sobrevivir a la barbarie de los campos de concentración.

Paula y Klaus Stern, dos judíos que se casaron antes de ser deportados a Auschwitz. Se reencontraron tras 28 meses sin verse - FOTOGRAFÍA CEDIDA POR LA FAMILIA

Amor en el infierno nazi

Holocausto apenas es una palabra. Sin embargo, sobre sus letras recae la enorme responsabilidad de englobar las barbaridades perpetradas por Adolf Hitler y sus secuaces a partir del 30 de enero de 1933 (día en que el partido nazi se hizo con el poder de Alemania). Puede que tan solo cuente con 10 letras, pero este vocablo es, a día de hoy, sinónimo de las matanzas masivas que se consumaron en las cámaras de gas, de los hornos crematorios en los que las SS quemaron las pruebas de sus asesinatos, de los trabajos forzados en campos de concentración como Mauthausen y, en definitiva, de la muerte de más de seis millones de judíos bajo el yugo de la esvástica.

Felice Schragenheim y Elisabeth Wust, una nazi y otra semita, mantuvieron su idílica relación lésbica en secreto - MUSEO JUDÍO DE BERLÍN

Con todo, esta palabra esconde también multitud de historias de pasión y de superación capaces de devolver la esperanza al ser humano. Algunas tuvieron un final feliz como la de Paula y Klaus Stern, dos judíos que se casaron antes de ser separados y deportados a Auschwitz y que, tras hacer frente al hambre y al cruel doctor Mengele, se reencontraron tras 28 meses sin verse. Otras, por desgracia, no acabaron como las de los cuentos de hadas, aunque no por ello fueron menos emotivas. Un ejemplo claro fueron las vivencias de Felice Schragenheim y Elisabeth Wust, dos mujeres (una nazi y otra semita) que mantuvieron su idílica relación lésbica en secreto hasta que fueron descubiertas por la Gestapo. Estos, no obstante, son solo dos ejemplos de un total de siete biografías que la periodista y escritora Mónica González Álvarez ha investigado y plasmado en su nueva obra: «Amor y horror nazi. Historias reales en los campos de concentración» (Luciérnaga, 2017).

«Si no hubiese estado casada no hubiese sobrevivido. Era lo único que me daba fuerzas para continuar y verlo de nuevo»

El libro es el resultado de dos años de investigación y de multitud de entrevistas personales a los protagonistas de estas peripecias. Un trabajo que ha logrado convencer a la escritora (autora también de la popular obra «Guardianas nazis. El lado femenino del mal») de que el cariño es capaz de sobreponerse a cualquier adversidad. «Los nazis quisieron destruir a todos aquellos que no eran arios. Les quitaron la dignidad y la moral, pero nunca les pudieron arrebatar los sentimientos. Por mucho daño que les hicieran, multitud de judíos lucharon con todas sus fuerzas para sobrevivir usando el amor como motor. Eso les salvó de ese infierno», explica González Álvarez a ABC. Esta perspectiva se la corroboró la misma Paula Stern quien, durante una de sus charlas, le desveló cómo soportó meses y meses de trabajos forzados: «Si no hubiese estado casada no hubiese sobrevivido. Era lo único que me daba fuerzas para continuar y verlo de nuevo».
Tragedia y esperanza

González Álvarez insiste en que la esperanza lo puede todo, aunque señala que en su nuevo libro recorre también las vejaciones que sufrieron los reos en los campos de concentración. Centros de exterminio en los que la extenuación y la falta de nutrientes (los presos apenas comían un mendrugo de pan negro y una sopa aguada por jornada) llevaban a los internos a pesar entre 35 y 40 kilos. «Es un libro duro. Es cierto que el amor es el protagonista y que derriba el hambre, la disentería, las palizas y las muertes, pero estas también se dieron», señala.

«A través de nuestras miradas, tanto ella como yo estábamos seguros de que habíamos encontrado a la persona amada»

De entre todas las historias que ha logrado reunir, una de las que más emociona a la escritora es la de David y Perla Szumiraj. Ambos fueron trasladados a Auschwitz desde Lodz (Polonia) en 1942 cuando todavía no se conocían. De hecho, tuvieron que pasar semanas hasta que se vieron por primera vez a través de una alambrada. «Era una muchacha muy joven, la más linda del mundo. De ojos enormes que resaltaban sobre la cabeza rapada», desveló David durante una entrevista concedida a un medio internacional. Sin saber por qué, se enamoraron.

«A través de nuestras miradas, tanto ella como yo estábamos seguros de que habíamos encontrado a la persona amada», completaba el superviviente. Quedaron tan prendados el uno del otro que, a pesar de que el joven fue trasladado del campo y de que no habían intercambiado más que unas pocas palabras, lograron encontrarse tras la guerra. «A día de hoy, en su lápida se puede leer “unidos en el dolor, en el amor y en la eternidad», añade González Álvarez.

El cabo primero de las SS Franz Wunsch se enamoró de la presa Helena Citrónova en Auschwitz - DAILY MAIL

Más abruptas fueron las vivencias de Helena Citrónová, una judía que arribó a Auschwitz en 1942. Y es que, un guardia de las SS llamado Franz Wunsch se enamoró de ella después de oírla cantar. A partir de entonces el germano intentó cortejarla. Todo ello, a pesar de que el mismo Hitler había prohibido las relaciones entre alemanes y judíos.

En principio, la joven trató de evitar al militar, pero al final llegó a quererle gracias a la protección que le ofrecía. «Fue casi un agradecimiento, pero la realidad es que Helena odiaba a los nazis. Al final, y aunque llegó a afirmar que le amó, se olvidó de él. No se enamoró realmente. Incluso se despreció a sí misma después por sus sentimientos», añade la autora. No obstante, cuando Wunsch fue juzgado en la década de los setenta, Citrónová testificó en su favor. «Acudió por compasión y contó la protección que le había proporcionado. Para ella fue como saldar una deuda», finaliza.

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