Musulmana en Austria desata el odio en las redes sociales




Cuando Asel, un nombre árabe que evoca la dulzura de la miel, vino al mundo, Facebook se llenó de mensajes como «cuando cumpla 18 será una terrorista» o «deportad enseguida a esa basura».

Se llama Asel, un nombre árabe que evoca la dulzura de la miel. Pesó al nacer 3.460 gramos, con una medida de 51 centímetros. La prensa vienesa celebró la llegada al mundo de la primera niña del año, 47 minutos después de la media noche del 1 de enero, con fotos de ella y su familia, un clásico periodístico de principios de año. La comadrona, Ivone Saric-Minilic, y su asistente, Bettina Glaser, posaban orgullosas, en la clínica de la Rudolfstiftung junto al satisfecho papá, Alper Tamgac, y la feliz mamá, Naime, que llevaba la cabeza cubierta por el pañuelo islámico. Este último detalle fue el que desató una serie de comentarios en las redes sociales que según el secretario general de Cáritas, Klaus Schwertner, «han traspasado la línea roja».

«Cuando cumpla 18 será una terrorista». «Antes de eso sus padres atarán explosivos a su estómago y la harán reventar en alguna iglesia». «Deportad enseguida a esa basura». «Le deseo una muerte repentina cuanto antes, para evitar males mayores». Estos son solo algunos de los miles de comentarios que la noticia recibió en cuestión de pocas horas. Varios medios, como «Heute», se vieron obligados a desactivar el chat ligado a la noticia por la crueldad de los mensajes que dejaban los lectores mientras miles de austríacos, tratando de compensar, se han solidarizado con la familia y han enviado sus felicitaciones. Schwertner, por su parte, ha lanzado una iniciativa (#Flowerrain) contra la ola de odio a la que se han sumado representantes de todos los grupos políticos, medios de comunicación, iglesias y diversas organizaciones. La organización de asesoramiento #GegenHassimNetz (Contra el odio en la red) estudia la posibilidad de presentar denuncias por incitación al odio contra los autores de los comentarios islamófobos, un delito que la ley puede castigar hasta con dos años de prisión y en Netpeace muchos austriacos han mostrado su repulsa contra el racismo.

El contexto en el que tiene lugar este episodio es la llegada al poder en Austria, como socio de coalición con los conservadores, del partido de extrema derecha FPÖ, liderado por el ahora vicecanciller Hans-Christian Strache y que, tras obtener el 26% de los votos en las pasadas elecciones de octubre, se ha hecho con el control de los Ministerios de Asuntos Exteriores, Interior y Defensa. El denominado gobierno «azul-turquesa» ha comenzado a mostrar un diferente funcionamiento. Las acreditaciones para cubrir sus reuniones y ruedas de prensa no se conceden ya a titularidad de los medios de comunicación, sino a periodistas concretos, quedando restringida para el resto. Strache sorprendió anoche, además, con la propuesta de recluir a los refugiados en viejos cuarteles y limitar su libertad de movimientos. «Es una cuestión que ya ha estado en debate antes y yo puedo imaginarme perfectamente su implementación», dijo en una entrevista de televisión emitida por el programa Viena Hoy. «A partir de determinada hora de la noche deberían estar todos allí y cerrarse las puertas», dijo, «es necesario poner orden mientras se tramita el proceso de solicitud de asilo». «Está confundiendo el verbo “integrar”, que tan a menudo utiliza en su discurso, con el verbo “internar”, ironizaba el representante del consejo de integración de la ciudad, Jürgen Czernohorszky, que exige al canciller y líder del Partido Popular Austriaco Sebastian Kurz «que se distancie de inmediato de estas ridículas ideas y que ponga en su sitio a su vicecanciller».

Reparto de refugiados

El nuevo gobierno austriaco se suma al creciente grupo de países europeos que rechazan, en este caso «categóricamente», el sistema solidario de reparto de refugiados en la Unión Europea, según ha declarado Kurz. El nuevo canciller considera que es erróneo y ha garantizado que trabajará por cambiarlo, una postura que comparten también países como Hungría o Polonia, República Checa o Eslovaquia. En el programa conjunto de estos dos partidos consta, además de una política europea de puertas cerradas a la inmigración, la expresa intención de frenar y en lo posible revertir el proceso de cesión de soberanía a Bruselas.

Tras la primera reunión del gabinete de ministros, anunciaron ayer un recorte a las ayudas para los niños que viven en el extranjero, tras explicar el contenido de un informe legal encargado por el gobierno que «muestra claramente que es legalmente posible tomar estas medidas». «Hemos preparado esto bien. Es una injusticia incorporada en el sistema que, para dos niños que ni siquiera viven en Austria, sino en Rumanía, se transfieran 300 euros al mes porque su padre esté trabajando aquí. Hay que tener en cuenta que ese es casi el ingreso promedio allí», defendió Kurz, que explicó además que ajustar los pagos al coste de vida local ahorraría «más de 100 millones de euros» al año las arcas del Estado austríaco. Esta primera medida es parte de una agenda gubernamental más amplia que incluye recortar impuestos, reducir las ayudas los refugiados y restringir el acceso de nuevos inmigrantes a muchos servicios sociales durante cinco años.

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