No parecía probable que el Che Guevara, icono revolucionario del siglo pasado, tuviera energía suficiente para encender una nueva revuelta.

El icono del Che se emplea en Cuba para señalar a los amigos de la revolución, como Chávez -
La revolución de las redes sociales devora el prestigio del Che en París

La alcaldesa Anne Hidalgo le definió como «icono romántico» y la polémica ha estallado entre políticos e intelectuales.

No parecía probable que el Che Guevara, icono revolucionario del siglo pasado, tuviera energía suficiente para encender una nueva revuelta. Pero la alcaldesa de París, la izquierdista Anne Hidalgo, ha insuflado esa chispa que le faltaba al viejo guerrillero congelado domésticamente en la silueta de tantas camisetas, al organizar una pequeña exposición sobre su figura en el Ayuntamiento parisiense, y sobre todo al lanzar en Twitter la siguiente frase, el pasado 28 de diciembre: «La capital rinde homenaje a una figura de la revolución que se ha convertido en un icono militante y romántico».

Y la polémica estalló de inmediato en las redes: «¿Romantico?», han estallado en el campo político contrario. Una diputada republicana, Valérie Boyer acusa a la alcaldesa de apología del terrorismo y un miembro del Frente Nacional llamado Wallerand de Saint Just se ha manifestado contra la «glorificación del innoble carnicero estalinista Che Guevara». Por su parte, el exministro de Educación Luc Ferry, ha hecho pública su réplica: «Alucinante, Anne Hidalgo celebra el romanticismo del Che, un crápula sanguinario que torturó y asesinó con sus propias manos a 130 infortunados en el abominable campo de concentración y tortura que dirigió. ¿Cuándo un homenaje a Pol Pot, Béria y Mao?».

Las víctimas

La polémica está ya en la prensa francesa e iberoamericana, donde han tenido especial relevancia las opiniones de los exiliados cubanos. Lo han calificado de tributo «indigno» a «uno de los peores dictadores del siglo XX». Uno de los testimonios más relevantes fue el del filósofo Raphael Enthoven, que exclámó: «¿Qué pesan las víctimas del Che junto a un tributo a su verdugo?».

La exposición «El Che en París» que ha causado esta reyerta tuitera ha sido organizada por una asociación llamada Pachamama y se centra, teóricamente, en las relaciones del guerrillero con la capital francesa. Lo malo es que la excusa ni se cumple, porque las obras que ponen en relación al Che y a la ciudad de la luz ocupan un espacio anecdótico.

Parece ser que a Ernesto Guevara le gustaba visitar en el Louvre la pintura «La Nave de los locos» del Bosco. El Che también frecuentaba la Sorbona (nombre mal escrito en la muestra) y, al igual que los turistas de toda época, los Campos Elíseos y los jardines de Luxemburgo. Nada demasiado revolucionario, como el Juego de Pelota o la tumba de Napoleón.
No falta un poco de leyenda negra

Al parecer no existe mucha labor de documentación tras esta parte de la muestra que da título al homenaje de «El Che en París», que se limita a un puñado de fotos actuales de los lugares que frecuentaba el guerrillero. Pero lo que no falta es la gotita de leyenda negra antiespañola, dibujos sobre los abusos españoles en la colonización de América.

Entre los intelectuales cubanos que han saltado a la palestra destaca la escritora Zoé Valdés, que ha promovido una movilización virtual en Avaaz. Sin limitar sus expectativas ha pedido la intervención del presidente de la República, Emmanuel Macron, para que la muestra sea cancelada. «Hoy, el Che sería considerado un terrorista. Este nefasto personaje no constituye ejemplo alguno para la juventud y los ciudadanos franceses, al contrario, representa lo más oneroso y negativo del ser humano», escribe en su iniciativa popular. Y un periodista, Frédéric Martel, ha publicado un documentado artículo en el que reflexiona: «Cuando los jóvenes cubanos que permanecen presos o no pueden emigrar quemen los retratos del Che y lo denuncien como un simple “hijo de puta”, los privilegiados jóvenes occidentales, los turistas que lucen camisetas holgadas con el rostro del Che, entenderán su error. Aquellos que lo conmemoran hoy también».

JUAN CARLOS DELGADO

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