«Rojo mexicano: la grana cochinilla en el arte»

La grana cochinilla, el insecto que coloreó el mejor arte europeo de «rojo mexicano»

El Palacio de Bellas Artes de Ciudad de México dedica una gran exposición al codiciado pigmento

Fragmento de «La Deposición de Cristo», de Tintoretto

Cuando se habla de las grandes riquezas que encontró el Imperio Español en América, parece que todo queda reducido a la extracción de plata y oro. La permanencia de la expresión «vale un Potosí» evidencia la importancia de este material precioso para la Corona que eclipsó al resto de riquezas provenientes del Nuevo Mundo. Sin embargo, la segunda fuente de ingresos para el Imperio Español en América después de la plata no fue el oro, sino la grana cochinilla, un insecto que durante siglos fue un codiciado pigmento natural por textiles y artistas europeos para teñir de un rojo intenso sus trabajos artísticos. Europa nunca había visto un carmesí tan potente como el de la cochinilla.


«Retrato del Arzobispo Fernando de Valdés», de Velázquez - NATIONAL GALLERY, LONDRES

En la exposición «Rojo mexicano: la grana cochinilla en el arte», el Palacio de Bellas Artes de Ciudad de México analiza, hasta el 4 de febrero, la evolución de este pigmento natural desde sus orígenes indígenas en Mesoamérica hasta la actualidad. No obstante, se enfoca sobre todo en los siglos XVII y XVIII, cuando se convirtió en un colorante fundamental en obras de grandes artistas para pintar a los representantes del poder político, religioso o social de la época. Así, inmortales pintores como Tintoretto, Velázquez y Van Dyck mojaron sus pinceles en este colorante carmesí en representaciones de la Virgen, Cristo, altos mandos de la Iglesia o personajes que ostentaban el poder civil.

Y es que el costo elevado de la grana cochinilla, que debía de ser importada desde el Nuevo Mundo, hizo que tener indumentaria o mobiliario teñidos con este pigmento fuera un privilegio reservado para las élites, por lo que se reservaban este color para enfatizar su riqueza y relevancia social. De hecho, el precio de este artesanal y natural colorante subió tanto que llegó a ser un negocio más rentable que el oro, ya que en toda Europa ansiaban por hacerse con esta apasionante tonalidad de rojo.

¿Qué es la grana cochinilla?


Penca del nopal con grana. Ilustración del libro «Memoria, sobre naturaleza, cultivo y beneficio de la grana», de José Antonio Alzate y Ramírez - ABC

Se trata de un insecto que habita en los nopales, una especie de cactus, y que era utilizado como pigmento que ya era utilizado por las culturas prehispánicas que habitaban en el centro y sur de Mesoamérica para teñir ropas y decorar muebles. Tras completarse la Conquista de México en 1521, los españoles lo descubrieron y empezaron a utilizarlo para ilustrar libros y manuscritos.

En 1530, la grana cochinilla fue introducida en Europa por medio de la industria textil. El comercio y los textiles fueron uno de los principales motores de la economía europea desde finales de la Edad Media, de ahí que el enorme éxito de la cochinilla en esta época se debiera especialmente a la demanda de los tintoreros. Fue precisamente en los grandes centros textiles (Venecia, Amberes y Ámsterdam) donde los artistas adaptaron el uso de este pigmento para decorar sus obras.

Así, el veneciano italiano Tintoretto empleó la grana cochinilla para ilustrar su cuadro «La deposición de Cristo» a finales de 1550 y su hijo Domenico Tintoretto también se sirvió de este colorante para plasmar su visión del episodio bíblico de Judith y Holofernes en 1590. De las zonas portuarias, comenzó a extenderse a otros países. Y, al mismo tiempo, se diversificó su uso y se empezó a convertir en el color de los poderosos, como hizo Velázquez para decorar el fondo de su retrato del arzobispo Fernando de Valdés en 1645. Príncipes y personajes acaudalados en Inglaterra, Francia y España querían que en sus retratos reluciera el carmesí natural de la cochinilla.

Auge y decadencia

La mayor demanda de cochinilla hizo que aumentaran las plantaciones y se extendieran a Canarias y Guatemala. Así, el sureño estado de Oaxaca era para 1793 el principal productor de cochinilla en una industria que empleaba al 8% de la población.

Sin embargo, a mediados del siglo XIX el uso de este colorante natural importado desde la lejana América comenzó a ser sustituido por la aparición de pinturas sintéticas más baratas, por lo que en pocos años la presencia de la cochinilla en la pintura desaparece casi por completo. Pero todavía vivió unos años de auge debido al interés que despertó esta roja tonalidad entre los impresionistas, quienes dejaron de utilizarla como símbolo de poder y le dieron otros usos.


Van Gogh pintó de rojo el edredón de su cama en el lienzo «El dormitorio en Arlés», de 1888, considerado uno de los últimos grandes cuadros en los que quedan restos de la grana cochinilla. El dormitorio se ha recreado en la muestra

Los franceses Eugene Delacroix, Édouard Manet y Claude Monet utilizaron cochinilla en varios de sus escenas paisajísticas y costumbristas. Pero, sobre todo, destaca el uso que hizo Vincent van Gogh para pintar de rojo el edredón de su cama en la obra «El dormitorio en Arlés», de 1888, considerado uno de los últimos grandes cuadros en los que quedan restos de la grana cochinilla.

En la actualidad, persiste su uso en objetos de artesanía como baúles, cajas decorativas y ropas en los estados mexicanos de Querétaro, Guanajuato, Oaxaca y Morelos. Así, los artesanos fabrican aún hoy este pigmento con técnicas similares a las implementadas en la época prehispánica y durante la colonia; manteniendo viva la memoria de un rojo carmesí que durante muchos años acompañó a los poderosos del mundo.

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