Washington anunció ayer que dejará de proporcionar armas a las milicias kurdas y Ankara pide a las fuerzas de EE.UU. que se retiren de Manbij.

El presidente Recep Tayyip Erdogan y el presidente Trump, el pasado mes de septiembre en Nueva York - REUTERS
El pulso entre EE.UU. y Turquía en el tablero sirio
Las relaciones entre Turquía y Estados Unidos no pasa por su mejor momento. A la negativa de Washington de extraditar al clérico Fetulá Gulen, al que el presidente Recep Tayyip Erdogan considera promotor del golpe de Estado del 15 de julio de 2016, se sumó el otoño pasado la crisis de las embajadas. Turquía detuvo a un trabajador de la legación estadounidense en Ankara por presuntos vínculos con Fetulá Gulen. Como respuesta, EE.UU. suspendió la tramitación de visados para Turquía; y esta hizo lo mismo.

Aliados en la OTAN, ambos países, EE.UU. y Turquía, mantienen un tenso tira y afloja que ahora corre el riesgo de romper la cuerda. El motivo: la operación «Rama de olivo», lanzada el pasado 20 de enero por el Gobierno de Erdogan en el norte de Siria, junto a la frontera turca, contra enclaves en manos de las Unidades de Protección Popular (YPG), brazo sirio del PKK, grupo considerado terrorista por Turquía, EE.UU. y la Unión Europea, al que el Gobierno turco ha declarado la guerra dentro y fuera de sus fronteras. Esta operación ha abierto un nuevo frente dentro la guerra civil siria, que ya va por su séptimo año y ha dejado casi 400.000 muertos.

La primera fase, el bombardeó del cantón de Afrin, que provocó el desplazamiento de miles de kurdos, según las Naciones Unidas, y bajas en ambos bandos, recibió tibias críticas internacionales e incluso hubo países que dieron vía libre, como Rusia, al retirar sus tropas del enclave –tras una petición del Gobierno de Erdogan– y dejar a las fuerzas turcas utilizar su espacio aéreo.

Poco días después, el presidente turco anunciaba que la siguiente fase de esta operación sería expulsar al YPG de Manbij. Situada a cien kilómetros de Afrin, la ciudad fue recuperada por las milicias kurdas a Daesh en 2016, y en la actulaidad están desplegadas en ella fuerzas estadounidenses, como parte de la coalición internacional liderada por EE.UU. para luchar contra el yihadismo en ese país.

A EE.UU. también se le pidió hace días que retirara de Manbij sus tropas para evitar el enfrentamiento entre las fuerzas de dos países aliados, según declaró un portavoz del Pentágono a Reuters. Y estas se negaron. Lo que mantiene la posibilidad de confrontación. «Las fuerzas de la coalición en esta zona tienen derecho a defenderse y lo harán si es necesario», subrayó el portavoz de la Coalición, Ryan Dillon.
Retirada inmediata

La petición para que se retiraran la volvió a repetir ayer, de manera pública, el ministro de Exteriores turco, Mevlüt Cavusoglu. «Es preciso que [Estados Unidos] se retire inmediatamente de Manbij». Ni EE.UU. ni Turquía parecen estar dispuestos a ceder posiciones sobre el terreno, aunque sí se ha visto algún avance en otros aspectos. Según la agencia de noticias estatal turca Anatolia, el asesor de Seguridad Nacional de EE.UU., H.R. McMaster, confirmó el viernes a Ibrahim Kalin, portavoz de Erdogan, el cese del suministro de armamento a las milicias kurdas del YPG. Una reclamación que lleva años haciendo el gobierno turco. «Es preciso que EE.UU. rompa completamente con las YPG, y que recuperen las armas que le han dado», manifestó ayer el ministro de Exteriores turco.

Hay quienes han interpretado esta concesión de Washington como una pequeña victoria para Ankara. Una concesión que formaría parte de unas negociaciones que permitan a Turquía establecer una zona de seguridad de 30 kilómetros en la frontera Siria. Con ese fin se puso en marcha la operación «Rama de olivo».

La piedra de toque se llama Manbij, posible escenario de una confrontación entre las fuerzas turcas y estadounidenses. De ahí la intensa comunicación que ha habido entre ambos países esta semana. «EE.UU. es un aliado bilateral, y también dentro de la OTAN, y estamos en permanente contacto entre las autoridades. Nuestro ministro de Exteriores habló con el secretario de Estado, Rex Tillerson, y nuestro presidente con el presidente Donald Trump. Hasta ahora no hay ninguna confrontación. Estamos haciendo todo lo posible para que no ocurra un accidente. El objetivo en la región es eliminar una amenaza contra la seguridad nacional. Y nuestros aliados nos han expresado, tanto EE.UU. como otros, que entienden el objetivo de la operación», aseguraba esta semana  el embajador de Turquía en España, Ömer Önhon, en un intento por suavizar la situación.

Según el comunicado oficial de la Casa Blanca, el mandatario estadounidense le habría pedido a Erdogan que limitara sus acción militar en Afrin y le habría manifestado su preocupación de que esta operación podría perjudicar la lucha contra el yihadismo en Siria. «Dijo que la prioridad tenía que ser luchar contra Daesh, y estamos de acuerdo, pero el mundo tiene que entender que hay otra agrupación terrorista en la frontera contra la que tenemos que luchar», matiza Önhon.
Un error o una provocación

El lanzamiento de la operación «Rama de olivo» se produjo inmediatamente después de que EE.UU. anunciara la creación de una fuerza de seguridad kurdo-siria en la frontera de Siria con Turquía, integrada en gran parte por veteranos de las Fuerzas Democráticas Sirias [unas milicias kurdas y árabes entrenadas por Estados Unidos]. Su fin sería controlar y evitar que los yihadistas desperdigados por el territorio sirio se reagrupen y vuelvana convertirse en una amenaza.

¿El anunció de EE.UU. fue un error o una provocación? «Ha sido un paso erróneo. Además hicieron una declaración posterior matizando dicha información, diciendo que su intención no era esa y que se había entendido mal», indica el embajador turco. «Están armando una organización terrorista para que luche contra otra organización terrorista. Eso no es una decisión correcta. EE.UU. ha facilitado 5.000 camiones con armas, y entre ellas hay algunas antiaéreas, y Daesh no tiene aviones. El PKK está utilizando a todo el que le rodea para sus fines, y también a EE.UU.. No es correcta la política que se está llevando a cabo en la región», afirma Önhon, mientras insiste que «todos luchamos contra Daesh, pero no utilizando al PKK».

La operación «Ramo de olivo» ha entrado ya en su segunda semana. Habrá que esperar para ver hasta dónde llega el órdago de ambos países. El viernes, Erdogan amenazó con llegar hasta Manbij, y más al este, a la frontera iraquí, aunque esto supusiera entrar en confrontación directa con las fuerzas estadounidenses.

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