Colombia: de los primeros de América Latina en Economía Digital.

Pese a que el país lidera en los países andinos, tiene grandes rezagos en comparación con los miembros de la OCDE, entidad a la cual quiere pertenecer.
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Según un reciente estudio publicado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la economía digital —aquella que se basa en tecnologías como internet— ayuda a solucionar la baja productividad, un problema que en mayor o menor medida trunca un mejor desarrollo en todos los países de América Latina y el Caribe (ALC).

Desde 2012 se dice que un aumento de 10 % en la penetración de banda ancha en la región genera un crecimiento promedio de 3,19 % del Producto Interno Bruto (PIB) y de 2,61 % de la productividad. Ahora, la investigación titulada Economía digital en América Latina y el Caribe: Situación actual y recomendaciones se pregunta, entre otras cosas, por el potencial y la utilización de las aplicaciones digitales en los países de esta parte del continente y cómo están en comparación con los países que pertenecen a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), a la que Colombia busca pertenecer.

En un listado de 58 países (ALC y OCDE), el nuestro se ubica en el puesto 38, es el primero de la subregión Andina y, de Latinoamérica, lo superan Chile (26), Costa Rica (32), Uruguay (35), Panamá (36) y Brasil (37). El escalafón tiene en cuenta el entorno que hay en el país para emprender; el soporte que reciben esos emprendimientos, la innovación y el desarrollo; las características económicas y sociales; la disponibilidad y adopción de servicios de banda ancha (o ecosistema TIC), y la adecuación del marco regulatorio y las políticas públicas.

De acuerdo con el documento, Colombia y los otros cinco países mencionados forman parte del grupo en “donde la economía de las aplicaciones ya existe, pero su evolución se encuentra aún retrasada frente a la OCDE y otros países más desarrollados”. Su principal reto, señala, “es llevar la economía de las aplicaciones a un nivel en el que las aplicaciones y la innovación se utilicen en la industria y los distintos sectores económicos”.

El mes pasado, en su escalafón del desarrollo de las TIC, la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), el brazo de la ONU para estos asuntos, reconoció los esfuerzos del Gobierno Nacional para promover el acceso a la tecnología, una mejor calidad en los servicios y la innovación, pero señaló que hay retos como la expansión de la banda ancha móvil y el despliegue de infraestructura: por cada 100 habitantes hay 45 con acceso a internet móvil de banda ancha y apenas 11,8 a banda ancha fija. 

El estudio del BID resalta que, en todo caso, el despliegue de esa banda ancha no se limita al acceso sino que pasa por la adopción, el uso que se le dé “y unos elementos transversales (política pública y regulación), todos ellos encuadrados dentro de un marco institucional donde cada uno de los distintos actores desempeña un papel determinado”. En ese sentido, Colombia ha intentado ponerse al día al implementar el Viceministerio de Economía Digital como parte del Mintic.

Recientemente, además, la Comisión de Regulación de Comunicaciones (CRC) publicó la hoja de ruta para desarrollar la economía digital en el país, una suerte de guía para la formulación de políticas en distintos sectores (comunicaciones, transporte, turismo, etc.) que respondan a la realidad tecnológica, en la que han aparecido modelos de negocio como Netflix, Uber o Airbnb, entre muchos otros ejemplos.

El BID, por último, entrega recomendaciones técnicas y de políticas públicas, discriminadas por sector (industria, inclusión financiera, ciudades inteligentes, salud, educación, agricultura y turismo). Por mencionar algunas, en el sector de la salud, en el que la tecnología puede ayudar en el monitoreo de pacientes enfermos o en la formación de profesionales, una de las sugerencias es adecuar el marco regulatorio para garantizar la protección de los datos de los usuarios, mientras que en el de agricultura se aconseja desarrollar “políticas que fomenten la adopción de tecnologías en el sector, a través de capacitación y financiamiento”.

En cuanto a inclusión financiera, el estudio publicado por el BID señala que cerca de la mitad de la población adulta de América Latina no tiene una cuenta bancaria. En contraste, la penetración de telefonía celular es, en promedio, de 117 %, lo cual se puede emplear para desplegar servicios de banca móvil. Sin embargo, un estudio publicado por el Banco de la República, acerca de inclusión financiera en tres municipios rurales de Colombia, da cuenta de que mientras que el 70 % de los encuestados usa una oficina bancaria, apenas 2 % hace transacciones por internet. “Algo revelador es que mucha gente cree que lo importante es llegar con internet, con banca móvil, en general cosas que la gente no está preparada para utilizar. Hay que llenar de oficinas bancarias las zonas rurales, de una forma eficiente, por supuesto”, opinó Dairo Estrada, coautor de la obra, a propósito de su publicación.

Si bien, como reconocen los investigadores, la tecnología no impacta por igual el desarrollo en todas las actividades económicas, hay consenso en que los nuevos desarrollos en aprendizaje automático, inteligencia artificial e internet de las cosas, entre muchos otros campos, cambiarán de alguna forma el mundo en el que vivimos, cambios para los cuales hay que prepararse y, así, evitar que las brechas entre países sigan aumentando.

Las cifras de Colombia en el escalafón:

- 3,85 es el índice del ecosistema de aplicaciones de Colombia. La medición se hace de 1 a 8.

- 5,87 es la calificación del país en emprendimiento. Chile y Ecuador lideran en ese aspecto, con 6,49 y 6,22.

- 2,48 es el índice de soporte al emprendimiento, la innovación y el desarrollo en Colombia. El de Ecuador se ubica en 1,19.

- 3,53 obtuvo nuestro país en condiciones socioeconómicas. En esto, lidera Suiza, con 6,74 sobre 8.

- 3,92 es el índice del ecosistema TIC de Colombia. Estados Unidos, el primero en el ranking general, obtuvo 5,97 en este aspecto.

- 5,44 es el puntaje en marco regulatorio para el fomento del emprendimiento y de un ecosistema de desarrollo.

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