Durante más de un siglo el hallazgo del cuerpo embalsamado de un hijo del faraón Ramsés III ha fascinado a los científicos.



Técnico arqueológico egipcio, en el centro de conservación del Gran Museo Egipcio, en las afueras de El Cairo, Egipto, el 30 de enero de 2018.
Amr Dalsh / Reuters
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En 1866 un grupo de arqueólogos descubrió en los templos funerarios de Deir El-Bahari, en Egipto, una momia con una inquietante expresión de agonía en el rostro. El dolor con que este varón marchó a la eternidad desconcertó a los arqueólogos durante más de un siglo. Un reciente estudio ha arrojado nueva luz sobre este enigmático hallazgo.

Según el reconocido arqueólogo egipcio Zahi Hawass, la momia podría pertenecer al príncipe Pentewere, hijo deshonrado del faraón egipcio Ramsés III (gobernó el Imperio Nuevo entre 1186 y 1155 a. C.). Pentewere conspiró para matar a su padre y fue sentenciado a muerte por ahorcamiento, reseña el periódico Al-Ahram.

Hawass ha explicado que el ADN extraído de los huesos de la momia y de Ramsés III confirmaron la relación paterno filial. Además, las marcas alrededor del cuello de la momia coinciden con el relato del Papiro de la Conspiración del Harem, que menciona que Pentewere fue sentenciado a la pena capital en la horca.

La momia, conocida por los científicos como 'Hombre desconocido E', se conservó durante siglos de una peculiar forma: sus extremidades estaban atadas con trozos de cueros y el cuerpo estaba envuelto en piel de oveja, lo que indicaba que era 'sucio'.

La momia actualmente se encuentra expuesta por primera vez en el Museo Egipcio de El Cairo.

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