El pasado sangriento de los servicios de inteligencia israelíes


«Levántate y mata primero», el pasado sangriento de los servicios de inteligencia israelíes
Un libro, del periodista Ronen Bergman, desvela operaciones y asesinatos clandestinos llevados acabo durante décadas por el MossadABC

«Desprecio a quien sea que te dio mi número de teléfono, del mismo modo que te desprecio», le espetó un historiador del Mossad, los servicios de inteligencia israelí, al periodista Ronen Bergmancuando este le llamó. Iba ser una entrevista más del millar que el periodista, que vive en Israel, ha realizado para desentrañar el oscuro y sangriento pasado de uno de los servicios de inteligencia que ha sido considerado como la máquina para asesinar más poderosa del mundo. Una lista de asesinatos difícil de rastrear, pues gran parte de la información es clasificada.

Acusado de «espionaje agravado» por el jefe de gabinete de la Fuerza de Defensa de Israel, Bergman llevó adelante la publicación de su libro «Rise and kill first» (Levántate y mata el primero), una frase extraída del Talmud judío («Si alguien viene a matarte, levántate y mátalo primero»).
Asesinatos clandestinos

Ahora, ha salido a la venta el volumen, de más de 700 páginas, y ha sido reseñado por The New York Times, que lo califica de «obra excepcional, un libro humanitario sobre un tema incendiario. Mezclando historia e informes de investigación, Bergman nunca pierde de vista las cuestiones éticas que surgen cuando un estado, fundado como refugio para un pueblo apátrida que fue blanco de un genocidio, decide que necesita matar para poder sobrevivir».

En él, Bergman se refiere a una acción conocida como «terror personal», utilizada por los movimientos sionistas clandestinos, que consistía en una campaña de bombardeos y asesinatos contra los británicos, que controlaban Palestina y restringían la inmigración de judios tratando de huir de Europa.

«Estábamos demasiado ocupados y hambrientos para pensar en los británicos y sus familias», confesó un asesino a Bergman, relatando cómo le disparó a un oficial británico en una calle de Jerusalén en 1944. «No sentí nada, ni siquiera una pizca de culpa. Creímos que cuantos más ataúdes llegaran a Londres, más cerca estaría el día de la libertad».

La reseña del New York Times niega que el libro sea una apología de los asesinatos, pero sí intenta entender el contexto en el que se producen. «Bergman sugiere que la aptitud de Israel para los asesinatos clandestinos condujo al país a confiar en ellos, abordando algunas preocupaciones estratégicas y estratégicas complejas como problemas que un asesinato extrajudicial podría solucionar».

Sharon, un «pirómano»

El libro se detiene en algunas operaciones fallidas llevadas a cabo por el Mossad, y en personajes como Ariel Sharon, al que primero sitúa como comandante del ejército, que pasa a ser ministro de defensa y finalmente primer ministro. Bergman describe a Sharon en el libro como un «pirómano» y su obsesión por asesinar a Yasser Arafat, el presidente de la Organización de Liberación de Palestina, como rayando monomaníaco. En su búsqueda de Arafat, Sharon casi hizo que el Mossad derribara por error un avión de 30 niños palestinos heridos; incluso apoyó el derribo de un avión comercial si Arafat estaba en él. Como dice Bergman sin rodeos, esto habría sido «un crimen de guerra intencional».

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