Karl Jansky se convertía en el padre de la radioastronomía, aunque nunca lo supo.

Cazadores de señales del Universo / Historias del cosmos

Los radiotelescopios son una de las herramientas más importantes a la hora de hacer astronomía.



El 5 de mayo de 1933, el periódico The New York Times abría su edición en primera página con la noticia de un hallazgo sin precedentes, la detección de una misteriosa emisión que parecía provenir del centro de nuestra galaxia. El descubrimiento era reportado por un joven de 27 años que trabajaba para Laboratorios Bell, una de las grandes empresas de telecomunicaciones del momento, cuando la telegrafía por radio era la sensación.

El protagonista de tan particular anuncio era Karl Jansky, un físico recientemente contratado por la compañía para trabajar en su proyecto de sistemas de comunicación avanzada empleando diversas frecuencias. En particular, debía investigar todo lo relacionado con las posibles interferencias, que eran un dolor de cabeza, y, de esta forma, poder asegurar la calidad de las transmisiones que se realizaban en ondas de radio.

Para cumplir con su objetivo, Jansky construyó una enorme antena de 30 metros de longitud y 5 de altura, que coloca sobre un montaje con llantas de carro para que pudiera girar y apuntar en todas direcciones. Una vez construido el armatoste, conocido como el ‘carrusel de Jansky’, lo único que hacía falta era una buena dosis de paciencia para rastrear el cielo durante horas, días y meses, y registrar las señales que recibía su antena, que eran dibujadas con lápiz y papel por el sistema análogo que la complementaba.

Como resultado pudo identificar tres componentes que introducían ruido, producidos por tormentas locales, emisiones de truenos a grandes distancias y, finalmente, uno cuya fuente era desconocida. En un principio la atribuyó al Sol, pues el ruido se movía con el cielo, pero su búsqueda intensiva lo llevó a concluir que provenía de mucho más lejos, del centro de la Vía Láctea.

Jansky se convertía en el padre de la radioastronomía, aunque nunca lo supo, ya que poco después sus jefes lo destinaron a otras tareas y tuvo una muerte temprana, el 14 de febrero de 1950, a la edad de 44 años.

En la actualidad, la radioastronomía crece aceleradamente. China acaba de construir el radiotelescopio más grande del mundo –un disco equivalente a 30 canchas de fútbol– y uno de los proyectos científicos más ambiciosos de los próximos años –que servirá para detectar planetas similares a la Tierra y probablemente vida inteligente–: está compuesto por 30.000 antenas parabólicas, que estarán distribuidas en un área de un kilómetro cuadrado (Square Kilometre Array) en Sudáfrica. Otro desafío será el análisis de una cantidad diaria de datos tres veces superior a la que produce Google.
 
Santiago Vargas 

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