La eterna madrina del chavismo

Tibisay Lucena ha sido una ficha clave del oficialismo durante casi dos décadas. Acaba de darle su aval la nueva plataforma político de Maduro: Somos Venezuela.

Tibisay Lucena le dio el aval del CNE a la plataforma madurista que dirigirá Delcy Rodríguez. / EFE


En diciembre de 1999 se cerraba un año clave para el Consejo Nacional Electoral Venezolano (CNE), entonces un Instituto Autónomo sin personalidad jurídica propia y no un poder público, encabezado por Andrés Caleca, según reportaba el portal Contrapunto. Hacía apenas unos meses, en la víspera de que los venezolanos eligieran a las personas encargadas de redactar la nueva Constitución chavista, el CNE le impuso una multa de US$7.500 al comandante Hugo Chávez.

¿La razón? Utilizar su influencia como presidente para afectar ilegalmente las elecciones. En un acto que no volverá a repetirse en casi dos décadas, la CNE también obligó al presidente a clausurar sus programas de radio y televisión.

Chávez lo calificó como una conspiración en su contra y resolvió el asunto en las calles: “La gente trajo sus alcancías (…), y le llevamos al CNE el pago del presidente de la República como una iniciativa popular”, dijo, ante las cámaras que cubrieron los hechos, un Nicolás Maduro 20 años más joven y con el fondo de decenas de simpatizantes de Chávez que pagaron la multa del presidente con sus ahorros, con monedas y en medio de una marcha multitudinaria.

La situación no podía repetirse, y no lo hizo. Ese mismo año, Tibisay Lucena fue nombrada por la Asamblea Nacional Constituyente rectora suplente del CNE. Pasarían siete años para que la socióloga del estado Lara, graduada con honores de la Universidad Central de Venezuela, Socióloga y violonchelista pusiera al CNE a marchar bajo su batuta. El control del organismo era totalmente suyo. Desde entonces, los venezolanos han ido a las urnas más de una decena de veces, en las que el oficialismo nunca ha perdido terreno.

Un año después de la muerte de Hugo Chávez, Lucena fue una de las primeras autoridades electorales en el continente en implementar la votación electrónica, en 2013, cuando Nicolás Maduro llegó al poder. En ese entonces, Henrique Capriles denuncio que 535.000 máquinas habían sido adulteradas para favorecer al sucesor de Chávez. Por su parte, los observadores europeos de esos comicios denunciaron que el Gobierno había incurrido en una “serie de delitos electorales”.

Según la BBC, la cifra de denuncias que llegaron a la CNE por las presidenciales de 2013 fueron más de 400 y la sensación de que Lucena favorecía deliberadamente al oficialismo desde su cargo se hizo aún más preocupante en 2016, cuando el poder electoral recibió 1,8 millones de firmas con las que la oposición pedía convocar a un referéndum para destituir a Maduro. La consulta nunca llegó, pero sí lo hizo cada uno de los llamados a las urnas realizados por el oficialismo, incluido el que eligió directamente a la nueva Asamblea Nacional Constituyente sin haber consultado a los venezolanos si querían revocar la Constitución que los rige, como habría sido el procedimiento regular en estos casos.

El regreso y Somos Venezuela

El pasado 10 de diciembre, en las elecciones municipales, Lucena rompió su tradición de presentar los resultados electorales. Su silencio en redes sociales era todavía más largo. No se había pronunciado desde el 25 de octubre, cuando el oficialismo llevó a cabo las elecciones de la nueva Asamblea Nacional Constituyente.

La lucha contra el cáncer de la presidenta del CNE avanzó casi en paralelo con la del comandante Hugo Chávez. Para algunos, la decisión de elegir a Brasil como el lugar para de su tratamiento, en lugar de Cuba, como lo hizo el líder de la Revolución bolivariana, fue la clave para mantener la enfermedad a raya y, sin embargo, durante los últimos meses el misterio sobre el paradero de Lucena hizo pensar que Maduro no podría cumplir la promesa que en noviembre del año pasado lo hizo decir que las máquinas, el CNE y la misma Tibisay Lucena serían los responsables de las elecciones presidenciales de 2018.

La duda se disolvió esta semana y trajo consigo otro giro en la saga política venezolana. El 7 de febrero, la presidenta de la Asamblea Nacional Constituyente, Delcy Rodríguez, visitó a la Lucena para buscar el aval del CNE para el último invento de Maduro: Somos Venezuela.

“No es un partido, es un movimiento sociocultural, un movimiento de movimientos que convoca a todos”, dijo el mandatario en el lanzamiento de la plataforma política, esta semana en el coliseo de Caracas. El nacimiento de Somos Venezuela podría ser el primer paso para reemplazar al Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), fundado por el fallecido presidente Hugo Chávez.

“Está naciendo el madurismo. Hasta ahora, el discurso de Maduro se concentraba en presentarse como el heredero de Chávez y seguía atado al PSUV y a toda su simbología. Maduro está asumiendo su mayoría de edad política”, le dijo a la AFP el investigador en comunicación Andrés Cañizalez.

El día en que Delcy Rodríguez salió de la oficina de la presidenta del CNE, Tibisay rompió su silencio de meses para fijar la fecha de las elecciones presidenciales para el próximo 22 de abril. La campaña electoral, dijo Lucena, durará 16 días a partir de abril y llegará a su fin tres días antes de la convocatoria a las urnas.

También aprovechó para decir que lamentaba que el Gobierno y los opositores con los que negociaba en República Dominicana no hayan llegado a un acuerdo en el proceso de diálogo que entró el miércoles en un “receso indefinido”, con lo que la participación de candidatos opositores en las presidenciales sigue en vilo y ahora, más que nunca, parecería que no quedan obstáculos para que, en abril, Lucena haga el tradicional anuncio de la victoria del oficialismo en las urnas.

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