Alrededor de 1.800 millones de musulmanes en el mundo celebran cada año, con gran despliegue mediático, el mes de ayuno prescrito en el Corán

Cena de Ramadán en un hogar de Marruecos con invitados

¿Es más riguroso el ayuno musulmán que el cristiano, o solo más publicitado?
Las mezquitas anuncian que el Ramadán comenzará en España el 27 de mayo, dos meses después de la Cuaresma.
Alrededor de 1.800 millones de musulmanes en el mundo celebran cada año, con gran despliegue mediático, el mes de ayuno prescrito en el Corán. En 2018, los cerca de dos millones de musulmanes residentes en España vivirán los rigores del Ramadán entre el 27 de mayo y el 25 de junio, según han comenzado a anunciar mezquitas y publicaciones islámicas. La celebración del mes de ayuno difiere con el año lunar, y no coincide con el católico, que comenzó el pasado Miércoles de Ceniza y concluirá con la Semana Santa a finales de marzo.

El calendario y las prácticas son muy diversas, pero hay un nexo común en su espíritu: mortificar el cuerpo para purificarlo y para acercar al creyente a Dios. La ley general de la Iglesia establece dos días de ayuno -solo una comida fuerte al día- y la abstinencia de carne los viernes durante los 40 días de la Cuaresma; la mortificación es solo uno de los tres pilares del tiempo litúrgico, junto a la oración -conversión interior- y la limosna. En el islam, por el contrario, la práctica ritual del ayuno lo inunda todo durante el mes de Ramadán, y constituye tanto un camino personal como una práctica social al caer la noche.

Desde el alba hasta la puesta de sol el buen musulmán se abstiene durante cada uno de los treinta días del Ramadán de comer, beber, fumar y practicar el sexo. Poco después de la oración de la noche la familia se sienta a la mesa para la comida principal, muy abundante en hidratos de carbono. Es tradicional que a continuación se produzcan visitas a familiares y amigos, que ofrecerán los «dulces de ramadán», auténticas bombas caloríficas de miel y hojaldre. Antes del amanecer, a las tres y media de la madrugada, algunos se levantan para tomar la última comida permitida y coger fuerzas para resistir la jornada solar de ayuno. Muchos no podrán resistir el exceso de comida nocturna y el poco sueño, y se tomarán una siesta reparadora por la tarde en su lugar de trabajo, una de las razones que explican el bajo rendimiento de las administraciones en países musulmanes durante el Ramadán.
FRANCISCO DE ANDRÉS

Entradas populares