El oficialista Alejandro Guillier y el exmandatario conservador Sebastián Piñera se enfrentarán el domingo por la presidencia de Chile en un balotaje inesperadamente reñido


Chile enfrenta reñido balotaje presidencial que definirá el futuro de las reformas de Bacheleto



El oficialista Alejandro Guillier y el exmandatario conservador Sebastián Piñera se enfrentarán el domingo por la presidencia de Chile en un balotaje inesperadamente reñido, donde se jugará la continuidad de las reformas de la centroizquierda frente a la apuesta por un mayor crecimiento económico.

En la recta final de la segunda vuelta, los aspirantes al sillón presidencial desplegaron hasta último minuto su artillería para seducir al electorado indeciso, con “ofertones” que serían clave en comicios en los que el voto es voluntario y la participación no superaría la mitad del universo electoral.

“Es una elección bastante inusual (...) Todo indicaría que será un triunfo ajustado o con una diferencia de 2 o 3 puntos”, dijo Guillermo Holzmann, analista y profesor universitario.

Piñera, un multimillonario de 68 años, logró un 36,6 por ciento de los votos en la primera vuelta, un nivel por debajo de la mayoría absoluta y “un remezón que nos despertó”, admitió.

El senador Guillier, que representa a la centroizquierda oficialista, obtuvo un 22,7 por ciento de los sufragios, una cifra también menor a la esperada pero que el mismo candidato calificó de una “suerte de primaria” en un pacto fragmentado y en el que irrumpió una tercera fuerza política de izquierda.

“Lo que determinará quién ganará se reduce a la cantidad de personas que se quedarán en casa y en particular a cuánta gente más del lado de Guillier”, dijo Robert Funk, director del Centro de Estudios de Opinión Pública de la Universidad de Chile.

Aunque los dos candidatos mantendrían el modelo de libre mercado, Piñera busca corregir las reformas tributarias y sociales impulsadas por la presidenta socialista Michelle Bachelet, las que a su juicio han arrastrado a la economía a su peor desempeño en casi una década.

“Los chilenos necesitamos cambios, pero cambios bien hechos, basados en el diálogo y los acuerdos y no en la confrontación o la retroexcavadora. Chile necesita superar este clima de estancamiento y recuperar la senda del progreso”, dijo Piñera durante el acto de cierre de campaña en un teatro de la capital.

El exgobernante de derecha (2010-2014) prometió que duplicará el crecimiento de la economía del mayor productor mundial de cobre y dejará a la nación sudamericana a las puertas del desarrollo.

Por su parte Guillier, un periodista de 64 años que busca blindar las reformas económicas y sociales de Bachelet, ha prometido que se enfocará en profundizar la educación gratuita, en poner fin al monopolio de las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP) y crear una nueva Constitución.[nL1N1OB1PM]

“Este 17 de diciembre no sólo se elige un presidente: se elige un camino más allá de cuatro años. Se elige una opción: avanzar o retroceder. Este próximo domingo podemos decirle no a la relación insana entre la política y el dinero. No a Sebastián Piñera”, dijo Guillier durante su acto de cierre de campaña.

“No ir a votar es entregarle el triunfo a los poderosos (...) Podemos seguir avanzando por un Chile más justo”, agregó.

MAYORÍA RELATIVA

En un intento por ampliar su base electoral, Piñera recibió el apoyo del excandidato ultraconservador José Antonio Kast, quien obtuvo en primera vuelta casi un 8 por ciento de los votos vinculado al mundo militar y del exdictador Augusto Pinochet. Pero su respaldo sería insuficiente.

“Sus posibilidades parecen menos sólidas que antes (primera vuelta). El desafío para Piñera será asegurar los votos de Kast en su flanco derecho al mismo tiempo que ganar los votantes de centro”, dijo Teneo Intelligence en un informe.

Pese a que Guillier obtuvo 14 puntos menos que el exgobernante, la sumatoria del apoyo conseguido por los otros seis candidatos de centroizquierda daría más de un 50 por ciento, lo que auguraría un triunfo a la carta oficialista. Pero eso sería “abusar” de las estadísticas, dicen analistas.

En Chile, no hay registros de balotajes presidenciales en los que haya triunfado la segunda mayoría relativa, pero sí ha ocurrido en Perú. Algo parecido sucedió en Argentina.

En medio de la duda, Guillier ha enfrentado la difícil misión de aglutinar el apoyo de toda la centroizquierda.

TROPIEZOS Y OFERTONES

En la recta final, Piñera fue a la caza de una indecisa clase media, sumida en la apatía tras una serie de escándalos de corrupción, con propuestas fuera de su programa, como gratuidad hacia estudiantes técnicos o crear una AFP estatal.

Pero uno de los tropiezos que podría tener costo para Piñera fue la polémica que desató tras denunciar supuestos votos marcados a favor de sus contrincantes en la primera vuelta electoral, lo que el oficialismo calificó de “infamia” y provocó la indignación de sus antiguos rivales.

La excandidata Beatriz Sánchez, del joven movimiento de izquierda Frente Amplio y que obtuvo el tercer lugar con un 20,2 por ciento, reaccionó molesta y dijo que votaría por Guillier.

Y si bien desde el movimiento criticaron que las propuestas de Guillier han sido “tibias”, varias de sus figuras entregaron al cierre de la campaña su respaldo al candidato.

“Este domingo votaré contra Piñera, marcando mi voto por Guillier”, dijo el diputado Gabriel Boric, uno de los líderes del Frente Amplio

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