Emmeline Pankhurs, la heroína, harta de los buenos modales y pasividad de los partidos de emancipación femenina, crearía el movimiento más agresivo que lograría el voto de todas las mujeres del Reino Unido.

Emmeline Pankhurst -

Emmeline Pankhurst, la sufragista más feroz

«La más notable agitadora política y social de la primera parte del siglo XX y la suprema protagonista de la campaña de emancipación electoral de las mujeres». Así describió en su necrológica el periódico «The New York Herald Tribune» a la activista británica Emmeline Pankhurst (Manchester, 1858-Hampstead, 1928), una de las que con mayor fiereza peleó por el sufragio femenino a finales del siglo XIX y principios del XX.

Pankhurst no sólo enfocaría sus esfuerzos en crear y liderar el movimiento Suffragette –término que las diferenció frente a los otros partidos conservadores de emancipación femenina-, sino que también impulsaría otros movimientos sociales para ayudar a los desfavorecidos. Asimismo se convirtió en un referente del patriotismo inglés; Emmeline promovería los valores de las democracias occidentales frente al enemigo alemán, durante la Primera Guerra Mundial.

Su labor civil mereció el reconocimiento y una cálida acogida en países como EE.UU, Canadá y Rusia (donde la fiebre bolcheviqueamenazaba la libertad y la prosperidad), para convertirse en una de las personas más influyentes del siglo XX.

Sin embargo, la fama de Emmeline Pankhurst se construyó sobre dos facetas opuestas. O se le consideraba una radical irracional, -como así lo pensaba incluso una de sus hijas, Sylvia- o bien como la mujer de sentimientos nobles y altruista que se entregó a la causa con fervor – según la consideraba Christabel, su primogénita.

Sin justificar ni olvidar los métodos «violentos» -destrozos materiales- de Emmeline Pankhurst y de las suffragettes en su guerra, esta gran señora ha logrado que sus iguales -aún de postura moderada- hoy tengan voz y voto sin romper un escaparate.
Las sufraggettes

Después de que en 1832 se negase el voto a la mujer en el Reino Unido se formaría la Unión Nacional de Sociedades de Sufragio Femenino (NUWSS). Sin embargo, los avances seguían siendo ridículos; el derecho únicamente se extendía a los asuntos locales y a juntas escolares. Como a Emmeline Pankhurst le desesperaba el método pasivo de la NUWSS, fundaría en 1903 la Unión Social y Política de Mujeres (WSPU); que rezaba «deeds not words»(hechos, no palabras) una solución frente al «no movimiento» de las alianzas de otras feministas con el Partido Laborista que, aunque apoyaban a la trabajadora, seguían estando lejos de gozar las virtudes de ser un civil.

Sin embargo, hablar alto seguía sin traer resultados aún dos años después de crearse la WSPU. Tras una acalorada discusión entre la hija mayor de Pankhurst, Christabel, y Sir Edward Gray, del Partido Liberal, la policía se la llevó presa por insultar a tan distinguido caballero. Desde ese momento, la líder no tendría reparo en sacar toda su artillería (mujeres indignadas) a la calle. Se quitarían los guantes para hacer cosas impensables en una mujer de aquella época:manifestaciones, alteraciones del orden público y algunos cuantos destrozos a la propiedad dirigida a la estructura de poder.

«Los cristales rotos» fue uno de los episodios más violentos para las suffragettes. Ese día lapidaron escaparates y después se enfrentarían a los cuerpos de seguridad. No obstante, para Pankhurst aquello fue necesario para reclamar una política justa, según había declarado: «Interrumpimos un gran número de reuniones y fuimos violentamente expulsadas e insultadas. Con frecuencia quedábamos dolorosamente heridas y magulladas. La condición de nuestro sexo es tan deplorable que es nuestro deber violar la ley con el fin de llamar la atención sobre los motivos por lo que lo hacemos».

En el año 1913 la tensión se agravó cuando una de las sufragistas, Emily Davison, irrumpió en el hipódromo Epsom Derby para rebelarse en contra de la injusticia social. La protesta se convirtió en un suicidio tras arrollarla el caballo que esperaba, el del Rey Jorge V. Desde ese momento, tanto la prensa como la sociedad irían asimilando que las sufraggettes no eran un grupo de «solteronas desquiciadas» -como solían burlarse- sino que eran capaces de entregar su vida por una causa que competía a todas: el sufragio femenino.

No obstante, las autoridades seguirían reprimiéndolas. Según la Enciclopedia Británica, entre 1908 y 1914 más de 1.000 sufragistas, incluidas Emmeline y Christabel Pankhurst, fueron encarceladas
«Ley de Gato y del Ratón»

Ni encerradas, ni atadas, ni aún incomunicadas abandonarían la causa. La protesta seguía incluso tras los barrotes. Pankhurst volvía a darle un sopapo estridente al Gobierno británico con la huelga de hambre que llevarían a cabo todas las presas políticas.

La alimentación forzosa con un embudo asustó a los médicos, quienes abogarían por ellas asegurando que esa práctica era más peligrosa que el ayuno. Después de tanta presión y frente a la posible y angustiosa situación de crear mártires, se promulgó la «Ley de baja temporal para enfermos prisioneros»; más conocida como la «Ley del Gato y el Ratón». Los carcelarios las liberaban cuando las veían muy débiles, pero las volvían apresar una vez recuperadas.
Militantes del sufragio

«La militancia de los hombres, a través de todos los siglos, ha empapado el mundo de sangre, y por estas acciones de horror y destrucción, los hombres han sido recompensados con monumentos, con grandes canciones y epopeyas. La militancia de las mujeres no ha perjudicado a la vida humana, salvo las vidas de aquellos que incumplen la batalla de la rectitud. Solo el tiempo revelará qué recompensa se asignará a las mujeres», escribió Emmeline Pankhurst en su autobiografía, «A Suffragette My own Story»

El desorden público no era agradable ni para las autoridades ni para la WSPU. Después de tanto alzar la voz llegaría una afonía en vano. El grito pacífico de estas feministas se perdía en la nada. Por esta razón decidieron hacerse ver en el caos.

Entre la democracia y las sufragistas había un gran vacío, los líderes que no prestaban sus oídos ni su tiempo para el diálogo. Por ello, Pankhurst quería justificar la toma de las calles como un intento de sobrevivir en una lucha contra la opresión: «Soy como un soldado que ha abandonado temporalmente el campo de batalla con el fin de explicar qué es la guerra civil y cómo es cuando la libran las mujeres».

«Fuimos llamadas militantes por hacer eso, y estábamos dispuestas a aceptar el nombre, porque la militancia para nosotras es de larga tradición; Estábamos decididas a presionar esta cuestión de la emancipación de la mujer hasta el punto de que ya no estamos para ser ignoradas por los políticos», había señalado Emmeline, en uno de sus discursos.
Patria y democracia en la I Guerra Mundial

Al estallar este conflicto bélico en 1914, Emmeline no promovió el alistamiento de las mujeres en el Ejército, sino que a cada hombre sin uniforme le entregaba una pluma blanca –un símbolo de la cobardía-. De esta manera la igualdad (por la que tanto peleó y por la que su igual Emily Davison murió) quedaba borrosa.

Emmeline y su hija Christabel detendrían momentáneamente la causa sufragista para colaborar con el Gobierno en las labores patrióticas. La imagen de ambas tuvo una gran repercusión bélica propagandística, pues con tan solo una inocente pluma lograrían mandar a muchos hombres a la muerte, para defender una democracia que todavía no las tenía en cuenta.

No obstante, el apoyo moral a las tropas les permitió ser consideradas al finalizar el conflicto en 1918. Durante la posguerrasucederían grandes avances para el sufragio femenino: ocho millones de mujeres obtendrían el voto y además se aprobaría la ley parlamentaria que les permitía ser electas al Parlamento.

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