Filipinas: Feligreses evocaron y pidieron en una multitudinaria procesión los milagros del Nazareno Negro, durante una de las manifestaciones católicas más fervientes del mundo..

Gran procesión en Filipinas espera milagros del Nazareno Negro.


Feligreses evocaron y pidieron en una multitudinaria procesión los milagros del Nazareno Negro, durante una de las manifestaciones católicas más fervientes en Filipinas.

Como cada año, millones de filipinos acudieron a la Basílica Menor del Nazareno Negro en Quiapo, en esta capital, para unirse a la celebración que comienza el 1 de enero y concluye el 9, para pedir milagros para sus propias vidas, de familiares y amigos.

Los devotos de este singular Jesucristo negro que carga una enorme cruz, caminaron este día durante horas por las calles capitalinas alrededor de la figura que tratan de tocar, abrazar o cargar con la confianza de que les traerá buena fortuna.

Uno de los momentos más esperados de la procesión es cuando el Cristo pasa junto a la Basílica de San Sebastián de Manila, donde se produce el encuentro entre las imágenes del Nazareno Negro y la Virgen del Carmen (las dos imágenes más veneradas de Manila).

En este acto, la imagen de la Virgen es sacada al atrio de la basílica para, desde allí, ver pasar al Cristo.

Muchos fueron descalzos como Jesús-según los pasajes bíblicos-, cuando subía el Gólgota, para acompañar en medio de una gran fiebre popular a este Cristo que llevaron los españoles en el siglo XVII y que, conforme al imaginario local, tiene la facultad de hacer milagros y cumplir deseos.

Cuentan que la talla original fue hecha por un carpintero mexicano anónimo en 1606, y llegó a estas islas a través de un galeón español desde Acapulco, pero durante la travesía un incendio en el barco ennegreció la talla.

Otros aseguran que el propio artesano mexicano que talló la escultura quiso estampar la misma tonalidad de su piel a la obra.

La creencia popular dice que muchas personas se han sanado de enfermedades al tocar la superficie, historias que lo han convertido en uno de los símbolos del pueblo filipino.

Según cálculos de la iglesia, cada año sus seguidores crecen, de alrededor de 15 millones en 2016, cerca de 19 millones llegaron este año a la celebración.

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