Investigadores han encontrado recientemente a una escurridiza criatura que caza «desencajando» su mandíbula.


El tiburón «alien» que empala a sus víctimas
Trigonognathus kabeyai es una especie de tiburón descubierta en 1986 y solo avistada unas pocas veces

Investigadores han encontrado recientemente a una escurridiza criatura que caza «desencajando» su mandíbula.

En el reino de las profundidades oceánicas hay un mundo habitado por extrañas criaturas que parecen salidas de una pesadilla. Una de ellas es el pequeño «cazón víbora», Trigonognathus kabeyai, una especie de tiburón descubierta en 1986 y que solo ha sido encontrada en un puñado de ocasiones. Este animal se caracteriza por su aspecto poco agraciado, al menos según los estándares humanos: tiene unos ojos grandes que parecen de cristal, unos dientes puntiagudos y separados que parecen clavos y una mandíbula cartilaginosa que sale al exterior para empalar a las víctimas con ellos. La «guinda del pastel» la pone el hecho de que su «barriga» brille en la oscuridad, gracias a unos fotóforos. Probablemente no ganaría ningún certamen de belleza de tiburones.

Pero como pasa siempre en la Naturaleza, hasta la criatura más fea esconde detrás de sí una historia de millones de años de evolución y especialización destinados a una sola cosa: sobrevivir. Hoy en día, los científicos no saben mucho sobre cómo este «cazón víbora» lo ha logrado, o sobre cuál es su estado de conservación, ya que este animal se caracteriza por ser muy escurridizo y difícil de encontrar. Esto hace más importante el reciente hallazgo de cinco ejemplares frente a las costas de Taiwán, por un sondeo de investigación rutinario, tal como informó Taiwan News. Uno de ellos sobrevivió en un tanque durante 24 horas antes de morir.

El animal fue descubierto en Japón en el año 1986, cuando los científicos pescaron dos ejemplares, tal como ha informado National Geographic. Se ha encontrado tan pocas veces, que la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (IUCN) coloca al Trigonognathus kabeyai en la categoría de criaturas de las que no se tienen datos suficientes como para evaluar su estado.

Su nombre científico, siguiendo las recomendaciones de Linneo, hace honor a la forma triangular de sus mandíbulas (de ahí la designación de «Trigonognathus»), y al nombre de un capitán de embarcación que lo encontró en una red por primera vez, un tal Hiromichi Kabeya (de ahí el «apellido» de «kabeyai»).

Hasta ahora, lo que se sabe del «cazón víbora» se debe a un estudio publicado en 2003 en el que se logró reunir y analizar a 39 ejemplares. Esta criatura mide entre 17 a 54 centímetros y se alimenta de peces óseos (no tiburones) y de crustáceos. Se cree que vive a profundidades medias y cerca del fondo, por lo que se dice que es bentopelágico: en concreto, parece ser que por las noches se sumerge hasta los 300 metros y que por el día asciende hasta los 150.
El empalador

Sus dientes y su mandíbula intrigaron a los investigadores. Aunque nunca se ha observado, se cree que es capaz de proyectar su mandíbula a gran velocidad, al igual que hace el «tiburón goblin» de las profundidades, para empalar a sus víctimas con los dientes. Por eso a veces se compara su ataque con la acometida de un ariete.

Los fotóforos que producen luz en su vientre le hacen formar parte de un grupo de tiburones brillantes, como el «tiburón ninja», Etmopterus benchleyi o el Etmopterus lailae. Se cree que se valen de la luz para cazar y reproducirse.

La piel del cazón parece ser el motivo por el que este animal es tan escurridizo, y nunca mejor dicho: está cubierta por dentículos, escamas con forma de uve, que le permiten deslizarse con suavidad y velocidad en el agua. Probablemente su piel, su forma alargada y su pequeño tamaño, le permiten escurrirse con facilidad en las redes de pesca.

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