La administración de una nueva ‘superenzima’ sintética es capaz de convertir a los autoanticuerpos causantes de enfermedad en anticuerpos antinflamatorios


Hallado cómo ‘anular’ los autoanticuerpos para tratar las enfermedades autoinmunes

Paciente con lupus

Las células inmunes son las encargadas de velar por la seguridad del organismo. Para ello, patrullan por todo el cuerpo a la caza de ‘cuerpos extraños’ tanto externos –caso de un virus o de una bacteria– como internos –como sería una célula cancerígena– y, una vez los encuentran, unen sus fuerzas y ‘habilidades’ para destruirlos. El problema es que estas células inmunes no siempre son infalibles y a veces se equivocan de ‘enemigo’. Así sucede en las enfermedades autoinmunes, en las que el sistema inmunitario ataca al propio organismo y los anticuerpos –en este caso, ‘autoanticuerpos’– producidos tienen por objetivo un antígeno que no es sino un componente del propio cuerpo –por lo que se denomina ‘autoantígeno’–. En ocasiones con consecuencias muy graves e, incluso, letales. Pero, ¿no hay ninguna manera de frenar esta ‘autodestrucción’ por los autoanticuerpos? Pues sí. De hecho, investigadores del Hospital General de Massachusetts en Boston (EE.UU.) han hallado la manera de transformar estos autoanticuerpos en anticuerpos ‘antiinflamatorios’, abriendo así una nueva vía para el tratamiento de las enfermedades autoinmunes.

Como explica Robert Anthony, director de esta investigación publicada en la revista «Cell», «en nuestro estudio hemos sido capaces de convertir anticuerpos que causan enfermedades autoinmunes en anticuerpos antiinflamatorios mediante la modificación específica de azúcares ligados a estos anticuerpos. Así, y si bien hace falta más trabajo, esperamos que esta estrategia de conversión de anticuerpos antiinflamatorios tendrá un efecto beneficioso en los pacientes que padecen enfermedades autoinmunes e inflamatorias».

De ‘malos’ a ‘buenos’

La administración por vía intravenosa de inmunoglobulinas –o lo que es lo mismo, de anticuerpos– es una estrategia terapéutica que ya se utiliza a día de hoy para el tratamiento de pacientes incapaces de producir algunos anticuerpos clave. Para ello, se toman inmunoglobulinas de donantes sanos y, una vez purificadas, se inoculan en el torrente sanguíneo receptor. Siempre a dosis bajas, pues si las dosis de inmunoglobulinas son elevadas se consigue el efecto contrario: la respuesta inmune o ‘inflamatoria’ no solo no se ve potenciada, sino que se suprime. Tal es así que dado que se logra una respuesta antiinflamatoria, la administración de dosis elevadas de inmunoglobulinas se usa para el tratamiento de las enfermedades autoinmunes e inflamatorias graves.

Pero, ¿de qué depende de que estos anticuerpos estimulen una repuesta inflamatoria o, por el contrario, antiinflamatoria? Pues según un estudio llevado a cabo por los propios autores, de que la inmunoglobulina porte o no en su estructura –concretamente, en la región Fc– un tipo de azúcar denominado ‘glicano’. Así, los anticuerpos que lleven pegados este glicano tendrán un efecto antiinflamatorio. Entonces, ¿es posible que al unir un glicano a los autoanticuerpos se logre no solo que abandonen su actividad autoinmune, sino que se transformen en antiinflamatorios y, así, combatan la propia autoinmunidad?

La conversión en anticuerpos antiinflamatorios tendrá un efecto beneficioso en el tratamiento de las enfermedades autoinmunes e inflamatorias

En el estudio, los autores evaluaron si la administración de una transferasa, esto es, de una enzima que transporta los glicanos de una molécula a otra, podría convertir a un autoanticuerpo en un anticuerpo antiinflamatorio. Concretamente, el objetivo a transportar era el ácido siálico, el glicano que se suele unir a las regiones Fc de los anticuerpos. Pero hay un problema. Para que el ácido siálico se una se requiere la presencia de otro glicano: la galactosa. Por tanto, los autores tuvieron que diseñar no solo una enzima, sino dos: una para unir la galactosa –a la que bautizaron como B4Fc– y otra para pegar el ácido siálico –bautizada como ST6Fc–. Y lo que hicieron fue administrar ambas enzimas en un modelo animal –ratones– con una enfermedad autoinmune –artritis reumatoide–. ¿Y qué pasó? Pues nada. Y es que administradas de forma individual, las enzimas no ‘funcionan’.

El siguiente paso fue utilizar una ‘superenzima’ en la que conjugaran las dos, lo que dio lugar a la enzima B4ST6Fc. Y en este caso, su administración provocó un efecto antiinflamatorio similar al que se logra con la administración intravenosa de altas dosis de inmunoglobulinas. Es más; administrada en un segundo modelo animal –ratones– con otra patología autoinmune –lupus–, B4ST6Fc redujo de forma muy notable el daño renal inducido por la enfermedad.
Eficaz, seguro y ‘barato’

Finalmente, los autores llevaron a cabo más experimentos para ver si esta B4ST6Fc también une los glicanos a los anticuerpos ‘normales’. Y es que de nada vale suprimir la actividad de los autoanticuerpos si se elimina también la de los anticuerpos y, por ende, se deja al cuerpo desprovisto de sus armas para combatir las infecciones y el cáncer. Sin embargo, los resultados demostraron que el nuevo tratamiento es, cuando menos en los ratones, totalmente seguro: B4ST6Fc coge el ácido siálico y la galactosa de las plaquetas y los une a los autoanticuerpos, pero no así a los anticuerpos ‘normales’.

En definitiva, el nuevo tratamiento parece eficaz y seguro. Y además, mucho más viable y barato. Como concluye Robert Anthony, «si bien la administración intravenosa de inmunoglobulinas puede ser efectiva frente a muchas enfermedades autoinmunes e inflamatorias, su disponibilidad es escasa, resulta muy cara y consume mucho tiempo. Nuestro estudio muestra que nuestras enzimas son efectivas a una dosis hasta 400 veces menor que la requerida con la administración intravenosa de dosis altas de inmunoglobulinas, así como que al manipular las enzimas ya en el organismo se evita la infusión, muy duradera, de estas inmunoglobulinas a dosis altas».
M. LÓPEZ

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