La traición de Lucky «Luciano»


Lucky Luciano

Vito Genovese contra Frank Costello: la guerra mafiosa por hacerse con el trono del implacable Lucky Luciano

De regreso a Italia, Genovese se convirtió en un gran amigo del fascismo, al menos hasta que los aliados pisaron suelo napolitano y se convirtió en su mejor aliado

Vito Genovese emigró a Nueva York cuando apenas era un adolescente. De un napolitano como él se esperaba que integrara la Camorra local, pero al otro lado del charco había quien, como Lucky Luciano, creían en una Mafia o Cosa Nostra más abierta y, digamos, empresarial. La pujante Nueva York ofrecía generosos incentivos a los jóvenes violentos como ellos, indiferentemente de qué lugar habían ocupado en Italia antes de dar el salto.

Vito ascendió rápidamente en las filas del mundo gansteril y participó en la liquidación de los representantes de la Mafia más tradicional de Nueva York junto a su amigo Lucky Luciano. Tras acabar con su antiguo jefe, Joe Masseria; Lucky también participó en la muerte Maranzano, el «capo ti tutti capi» que había resultado ganador de la Guerra de los Castellammareses. Como si fuera Julio César en el Senado de Roma, Maranzano recibió una ráfaga de cuchilladas de unos sicarios encabezados por Genovese. Forcejeó y se defendió hasta desesperar a los asesinos. Contraviniendo las órdenes que habían recibido, los matones desenfundaron las pistolas y acabaron con la vida de «capo».

El amigo del fascismo

A la muerte de Maranzano, Luciano estableció una estructura mafiosa con dimensiones de multinacional, de modo que nombró a Genovese subjefe de la familia, al calabrés Frank Costello consigliere y al gánster judío Meyer Lansky asesor en materia económica. Su victoria vino acompañada de una reforma del máximo órgano mafioso, la Comisión (formada por los jefes de las Cinco Familias de Nueva York y el jefe del Chicago Outfit, «la oficina» de Nueva Jersey y de las familias criminales de Kansas, Los Ángeles y Detroit) donde todos los jefes tenían el mismo voto pero el siciliano se designó como el primero entre iguales. Aquello se parecía remotamente a una multinacional del crimen con delegaciones por el país.

El tráfico de heroína supuso el ascenso de la organización mafiosa de Genovese y Luciano, pero también fue su caída. El Fiscal Especial Thomas E. Deweyconsiguió en 1936 una acusación en firme contra Luciano por proxenetismo y por mantener a las prostitutas bajo su control valiéndose de drogas. El fiscal realizó redadas generalizadas en un buen número de burdeles del italiano hasta encontrar a alguna prostituta que, no sujeta a los mismos códigos de lealtad que los miembros de las familias mafiosas, estuviera dispuesta a implicar a Luciano como jefe supremo del entramado criminal a cambio de una rebaja de su pena.

Desde prisión, Luciano continuó un tiempo al mando de los negocios de la familia a través de Vito Genovese, el nuevo jefe de facto la familia, si bien su situación judicial no era mejor. En 1937, Genovese tuvo que escapar a Italia para evitar rendir cuentas por el asesinato de Ferdinand Boccia, un antiguo socio en un negocio de estafas que llevaba desaparecido tres años. Cuando el cadáver apareció flotando en el río, Genovese no perdió el tiempo y se embarcó en un trasatlántico, acompañado de su mujer, Anna Petillo, con un montón de baúles, cartas de recomendación y 750.000 dólares en efectivo, los cuales le permitieron comprar el favor de los líderes fascistas de la región de Nápoles.

El 8 de julio de 1938, el periódico napolitano Il Mattino publicó una breve nota de las bondades del benefactor naolitano:

«El fascista Vito Genovese, reclutado por la rama neoyorquina del Partido Fascista y actual residente en Nápoles, ha donado diez mil liras. La rama de Roccarainola recibió cinco mil liras como contribución al precio del terreno requerido para edificar el cuartel general del partido local. Las otras cinco mil liras son para construir el Centro de Helioterapia de Nola»
La llave para volver a casa

Genovese aportó 200.000 dólares a la construcción del cuartel fascista, así como a la compra de una planta de energía. Pronto logró codearse con la aristocracia italiana y con los gerifaltes del partido de Benito Mussolini. Se presentaba ante ellos y ante el Duce como una víctima de la «plutocracia americana», cuando no de «la prepotencia anglosajona». Miel para los oídos fascistas... Como contrapartida por sus donaciones, Mussolini le dio el título de «commendatore», el máximo título civil que otorgaba el Gobierno, y miró hacia otro lado cuando el mafioso empezó a exportar drogas a EE.UU de forma casi industrial. No obstante, como Gay Talese señala en su conocido libro «Honrarás a tu padre» la asociación del mafioso con Mussolini pudo ir más allá de la droga, al hacer supuestamente los arreglos para el asesinato, en enero de 1943, en Nueva York, del crítico más virulento con el régimen dentro de los EE.UU, Carlos Tresca, editor de un periódico escrito en italiano.

Vito Genovese, hacia 1959 - Library of Congress

Mientras Mussolini se proclamaba así en público como el héroe que había acabado por fin con el crimen organizado a través de una gran ofensiva policial; en privado, trataba con capos de la calaña de Genovese de forma frecuente. La falsedad era mútua, puesto que Genovese sacaba el máximo provecho a su colaboración con el fascismo, mientras se preparaba para recibir a los Aliados con la mejor de sus sonrisas durante los últimos compases de la Segunda Guerra Mundial.

En 1943, la Inteligencia Naval americana reclamó a Lucky Luciano, en ese momento encarcelado, que desmontara la red de espionaje alemana en Sicilia. El poderoso gánster movilizó en solo dos meses a toda la mafia siciliana a cambio de ser liberado y deportado a Roma. Una vez los aliados pusieron pie en Nápoles, Genovese tomó el testigo a los sicilianos y se entregó en cuerpo y alma a la causa Aliada. Despojado del traje de fascista, Genovese se presentó como traductor y guía del ejército norteamericano. Así logró sobornar a varios oficiales y lucrarse con la desordenada red de suministros aliada. En el mercado negro de posguerra se enriqueció con tanto ímpetu como lo había hecho en tiempos fascistas.

Pero incluso cuando un sargento de la División de Investigación Criminal logró recabar pruebas contra el gánster, nadie en el mando estadounidense quiso hacerse responsable de la causa. Al napolitano se le tenía por alguien «absolutamente honesto» que, según un informe del Ejército, había puesto «al descubierto varios casos de soborno y operaciones en el mercado negro». O lo que es lo mismo: Genovese había llenado los bolsillos de las personas adecuadas y, para más beneficio, empleó su influencia para destapar casos que afectaban a sus rivales mafiosos.

Genovese regresó en 1946 escoltado a EE.UU. por el FBI para afrontar el cargo de asesinato que había motivado su fuga. Una maniobra arriesgada que sus enemigos apreciaron un error de cálculos, o así lo hicieron hasta que apareció muerto el principal testigo del caso y los cargos sobre el napolitano fueron retirados. Según declaró un toxicólogo de Nueva York, el vaso de agua que bebió el testigo antes de caer fulminado contenía suficiente veneno para «matar a ocho caballos».

Genovese quiso retomar su carrera gansteril en EE.UU. allí donde la había dejado. No obstante, con Luciano ahora en Italia el recién llegado se topó con que Frank Costello se había elevado como el indiscutible dueño de la Mafia en la Costa Este. Con su voz ronca, sus modales suaves y sus contactos políticos, Costello está considerado como la principal inspiración de la célebre novela de «El Padrino». Un carácter templado que no era incompatible con la brutalidad que mostraban sus compañeros del gremio. No se llega a la cabeza de la Cosa Nostra sembrando naranjos.

El Rey derrocado; el sicario asesinado

El denominaba Primer Ministro solo tenía dos puntos flacos cuando Genovese, un padrino sin familia, arribó en Nueva York dispuesto a crecer o morir. Por un lado, un poder tan absoluto parecía difícil de mantener a largo plazo como Masseria o Maranzano habían descubierto cuando estaban en la cima. Las familias estaban hartas del calabrés. A ello se sumaba que Albert Anastasia, lugarteniente de Costello, había entrado en una fase homicida fuera de control. Las autoridades habían empezado a alarmarse por el nivel de brutalidad mostrada en los últimos tiempos.

Frank Costello, Don de la Familia Genovese

Con el objetivo de derrocar a su viejo amigo, Genovese reconstruyó en torno a sí una familia con ayuda de Thomas Eboli, Gerard Catena y Mike Miranda, que se concentró en el tráfico de droga. Esta labor de años se materializó el 2 de mayo de 1957 con un golpe de estado contra el poder de Costello. Ese día un sicario disparó de refilón en la frente al Primer Ministro cuando regresaba a su casa. Consciente de que Genovese no había movido ficha sin asegurarse antes la lealtad del resto de familias, el Primer Ministro anunció su intención de retirarse del negocio y vivir sin más el resto de su vida.

Costello se echó de forma inesperada a un lado, pero no así su lugarteniente Abert Anastasia, quien se proclamó jefe de los jefes sin consultar al resto de familias. «El Verdugo», jefe de los sicarios de Costello, se colocó como la última piedra en el ascenso al trono de Genovese. Un piedra algo inestable, en tanto ninguna de las familias apreciaba al agresivo gánster. Solo seis meses después del atentado a Costello, el 25 de octubre de 1957 los «muchachos» de Carlo Gambino, mano derecha de Anastasia, irrumpieron en la barbería del Park Sheraton Hotel de Manhattan y asesinaron al aspirante a jefe de los jefes. Otra traición fundacional...

La muerte de Albert Anastasio dio vía libre a que las cabezas de familia reconocieran la autoridad de Genovese. El 14 de noviembre de 1957, el napolitano organizó una reunión con los jefes de la Cosa Nostra en EE.UU., la llamada Conferencia de Apalachin celebrada en la casa de Joseph Barbara, que terminó de forma cómica cuando los jefes se vieron obligados a escapar por el bosque cercano ante la presencia policial. Un desenlace humorístico que no impidió a Genovese ocupar el trono a partir de entonces.

Vito Genovese siguió siendo jefe incluso después de su encarcelamiento, en 1961, condenado por tráfico de drogas. Desde la prisión en Atlanta continuó dirigiendo la operaciones de la Mafia hasta su muerte en la cárcel en 1969. Allí incluso orquestó la muerte de Frank Franse, quien había tenido una relación con su esposa. Genovese tenía ojos, oídos y pistolas por todo EE.UU.

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