Fernando Pessoa en el 130 aniversario de su nacimiento, en vista de que Portugal conmemora a su gran icono a través de un inquietante descubrimiento: ¿ejerció el escritor más emblemático del alma lusa como espía para los rusos?

Fernando Pessoa, fotografiado en las calles de Lisboa - ABC

¿Fue Fernando Pessoa un espía para los rusos?
Portugal conmemora el 130 aniversario de su nacimiento con inquietantes detalles de su amistad con el mago británico y agente doble Aleister Crowley.

El misterio sin fin se extiende desde el más allá sobre la figura de Fernando Pessoa en el 130 aniversario de su nacimiento, en vista de que Portugal conmemora a su gran icono a través de un inquietante descubrimiento: ¿ejerció el escritor más emblemático del alma lusa como espía para los rusos?

La clave la tiene su relación con Aleister Crowley, el extraño personaje con quien mantuvo una singular amistad. Una relación ambigua, con vaivenes ideológicos y de la cual salen a la luz estos días detalles inéditos.

Este británico respondía al perfil de trotamundos capaz de pactar con el diablo en su heterodoxia galopante. Poeta, pintor, alquimista y… tan fascinado por la astrología como el propio Pessoa, absolutamente bilingüe portugués-inglés debido a sus años en Sudáfrica.

La fama de Crowley traspasó fronteras: Somerset Maugham le dedicó «El mago» y Hemingway le citaba en «París era una fiesta». De modo que no resulta extraña la fascinación de Pessoa por la aureola de este prestidigitador de las palabras.

Comenzaron a cartearse y el autor de «Mensaje» le convenció para viajar a Lisboa y dar rienda suelta a sus pasiones astrológicas, compartidas en cafés y restaurantes. Aquellas semanas calaron en la memoria de Aleister, a quien no le temblaba el pulso a la hora de realizar ciertos «trabajos» de manera consecutiva para el Servicio Secreto Británico, para los masones y hasta para los rusos.
Tampoco dudó al distinguirse como doble agente norteamericano, en una prueba más de su falta de escrúpulos y de sus facultades volátiles, con tal de estar siempre en el candelero y de ganar notoriedad a toda costa.

Carácter

Fernando Pessoa, tan genial escritor como individuo apocado, envidiaba su carácter resolutivo, según se desprende de la correspondencia que mantuvieron. Era exactamente lo antagónico a su situación personal de gris oficinista cargado de complejos y harto de ser considerado un vecino de poco espíritu.

Algunas de las «misiones» en las que intervenía Crowley llegaron a sus oídos y le pudieron animar a seguir tímidamente sus pasos. ¿Se atrevería a establecer algún canal de información con los rusos quien se había desencantado de su apoyo inicial al Estado Novo? Sí, porque Pessoa se alineó inicialmente con Salazar, pero dio marcha atrás al comprobar que era un dictador sin profundidad intelectual.

La prensa inglesa calificaba a Crowley como «el hombre más malvado del mundo» y no hacía más que revelarse su atracción por el satanismo. De manera que los biógrafos recelan de su influencia sobre el escritor lisboeta, pues le engatusaba con sus conocimientos esotéricos y su carisma. Tanto es así que, cuando Fernando Pessoa se lanzó a firmar cartas astrológicas, una de las que elaboró correspondía a Hanni Jaegger, amante del señor Aleister, reconocido bisexual.
Otro aniversario

Además de los 130 años de su nacimiento, se cumplen 105 desde que comenzó a escribir su obra cumbre, el «Libro del desasosiego», donde reiteraba su hastío existencial: «A veces pienso que nunca saldré de la Rua dos Douradores. Y eso así, escrito, me parece una eternidad».

Así se confesaba mientras se vaciaba aún más: «Para mí, escribir equivale a despreciarme; pero no puedo dejar de escribir. Es como una droga que me repugna y tomo, el vicio que desprecio y en el que vivo. Hay venenos necesarios, y los hay sutilísimos, compuestos por ingredientes del alma, hierbas recogidas en los rincones de las ruinas de los sueños, amapolas negras encontradas junto a las sepulturas de los propósitos, hojas largas de árboles obscenos que agitan sus ramas en las orillas oídas de los ríos infernales del alma».

Precisamente, en la esquina del que fue uno de sus domicilios alquilados en la capital portuguesa, se alza ahora una pizzería en el mismo local que albergó uno de los restaurantes que más frecuentaba. Una placa recuerda el paso de Don Fernando por el enclave, pero el encanto del rincón casi se ha esfumado a causa de semejante cambio.

Por su parte, la Casa-Museo Pessoa acoge una semana de actos en conmemoración del 130 aniversario, que arrancan con el espectáculo «Micropoemas para cantar en Júpiter» (en referencia a las tendencias ocultistas del autor) a cargo de Nuno Moura y Joana Bagulho.

Asimismo, se publica el álbum «Piano en Pessoa», de Nascimento Rosa y António Neves da Silva. También se celebra el 15 de junio un maratón poético en el que participan Amalia Bautista (España), Adam Zagajewski (Polonia), Harryette Mullen (Estados Unidos) y los locales Jorge Sousa Braga, Margarida Vale de Gato y Ana Luísa Amaral.

Por su parte, la Fundación Saramago se suma con el ciclo «Literatura de Sodoma», centrado en textos censurados de varios contemporáneos de Pessoa, como António Botto, Raul Leal o Judith Teixeira.

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