Los creyentes viven alrededor de cuatro años más de media que los ateos

Valerio Merino

Ser creyente alarga la vida, según un estudio

La religión alimenta el alma y parece que también el cuerpo. Las personas creyentes viven alrededor de cuatro años más de media que los ateos, según una investigación liderada por científicos de la Universidad Estatal de Ohio. Para llegar a esta conclusión estudiaron más de 1.000 esquelas de Estados Unidos. El equipo también tuvo en cuenta si la persona estaba casada y su sexo, dos factores que también influyen en la longevidad.

«La afiliación religiosa tuvo un efecto casi tan fuerte sobre la longevidad como el género», asegura Laura Wallace, estudiante de doctorado en psicología en la Universidad Estatal de Ohio y autora principal de esta investigación que publica la revista «Social Psychological and Personality Science» y de la que se han hecho eco medios británicos y estadounidenses.

No es el primer estudio de estas características. Ya en 2016 una investigación realizada por un grupo de científicos del Harvard Chan School of Public, que tomó los datos estadísticos de 74.534 mujeres que participaron entre 1992 y 2012 en un informe sobre la Salud de los Enfermeras, concluyó que aquellas personas que asisten más de una vez a la semana a los oficios religiosos tienen un 33 por ciento menos riesgo de morir por alguna enfermedad que aquellas que no hacen.

En esta ocasión, para investigar si las creencias religiosas influyen en la edad a la que una persona muere, el equipo de la Universidad Estatal de Ohio evaluó primero más de 500 obituarios en el «Des Moines Register», un periódico de Iowa, entre enero y febrero de 2012. Documentaron la edad, el sexo, el estado civil, social y actividades voluntarias enumeradas en el texto, así como si el difunto era creyente.

Los datos recopilados revelaron que aquellos cuyas esquelas incluían una afiliación religiosa vivían 9,45 años más que aquellos que no lo hicieron, una cifra que se redujo a 6,48 años cuando se tuvo en cuenta el sexo y el estado civil.

Un segundo estudio involucró más de 1.000 obituarios de 42 ciudades estadounidenses que se habían publicado en webs de periódicos durante un año desde agosto de 2010. Ese análisis mostró que las personas cuyas esquelas incluían su afiliación religiosa vivían un promedio de 5,64 años más que los que no lo hicieron. La media bajó a 3,82 años cuando se tuvieron en cuenta el género y si estaban casados.

Estudios anteriores ya apuntaban a que el voluntariado y los eventos sociales, dos actividades muy ligadas a los grupos religiosos, pueden alargar la vida. Los investigadores analizaron la influencia de estos factores y, aunque pueden jugar un papel, concluyeron que no son los únicos. Abstenerse de tomar alcohol u otras drogas también tienen un efecto positivo, así como rezar o meditar, prácticas que disminuyen el estrés.

«Todavía hay muchos beneficios de la afiliación religiosa que no se pueden explicar», asegura Wallace. Es más, la investigadora apunta a que la relación entre creencias y longevidad también puede depender de lo religiosa que sea la ciudad en la que vive. «Los efectos positivos para la salud de la religión se extienden a los no religiosos en algunas situaciones específicas, como en ciudades altamente religiosas que no están demasiado preocupadas por que todos cumplan con las mismas normas. En esas áreas, las personas no religiosas tienden a vivir tanto como las personas religiosas».

Los investigadores reconocieron que su estudio estaba limitadoporque no tuvieron en cuenta la raza y el estilo de vida de los fallecidos, dos factores de peso para la longevidad.

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