Los microrrobots forman una nueva generación de dispositivos electromecánicos

Cuatro microrrobots que trabajan como bichos



Arriba: Robobee (izq.) y Kilobots. Abajo: Microtugs y Hamr (der.).

Los microrrobots forman una nueva generación de dispositivos electromecánicos, de un tamaño tan pequeño como el de una moneda o incluso menor, pero con una enorme gama de aplicaciones potenciales en los campos más variados.

Uno de los centros sobresalientes de referencia mundial en la investigación y desarrollo de esta tecnología es la Universidad de Harvard. La facultad de Ingeniería y Ciencias Aplicadas John A. Paulson, Seas y el Instituto Wyss de Ingeniería Inspirada en la Biología han diseñado distintos modelos de autómatas en miniatura.Robobee

Estos microrrobots voladores autónomos, inspirados en la biología de la abeja, tienen usos potenciales en la polinización de cultivos, misiones de búsqueda y rescate en casos de desastre y vigilancia, así como en la monitorización meteorológica, climática y ambiental en alta resolución.

Miden aproximadamente la mitad del tamaño de un clip sujetapapeles, pesan menos de la décima parte de un gramo y vuelan y levitan utilizando “músculos artificiales”, compuestos por materiales que se contraen cuando se les aplica un voltaje.

Kilobots

Los investigadores han logrado que 1.024 pequeños robots autónomos se organicen y formen un enjambre capaz de moverse de forma coordinada y adoptar formas complejas, como la de una estrella de mar, siendo comandados por medio de señales infrarrojas.

Cada uno de estos robots colaborativos, extremadamente simples y denominados kilobots, mide unos pocos centímetros de diámetro y utiliza micromotores que vibran para desplazarse. Este enjambre es un hito significativo en el desarrollo de la inteligencia artificial colectiva.
Microtugs

Por su parte, investigadores del Laboratorio de Biomimética y Destreza en Manipulación de Stanford han desarrollado, dentro del proyecto MicroTugs, un robot ultrapequeño que pesa 12 gramos y puede arrastrar 2.000 veces su propio peso sobre el suelo.

Cuenta con un adhesivo como el que utilizan las hormigas para mover cargas y ejerce una fuerza equivalente a la de una persona adulta arrastrando a una ballena azul por la tierra.

El MicroRobot Ambulatorio de Harvard (Hamr) está inspirado en las cucarachas y es tan resistente como esas criaturas. Puede correr a altas velocidades, saltar, subir, girar bruscamente, transportar cargas útiles y caer desde grandes distancias sin resultar dañado.

Según sus creadores, este tipo de máquinas, con algunas capacidades que rivalizan con las de sus contrapartes biológicas, serán valiosas para los estudios biológicos y tareas de búsqueda y rescate e inspección de infraestructuras.

OMAR GONCEBAT

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