Antes de ser sometida a una lobotomía y recluida de por vida, Rosemary Kennedy pudo escribir a su cuidadora irlandesa



Las cartas ocultas de la hija más desdichada de los Kennedy


Los hermanos John F. Kennedy y Rosemary durante su juventud
La saga más célebre de EE.UU. y, al tiempo, la más desventurada. La triste historia de la tercera de los nueve hijos de Joseph P. Kennedy y su esposa Rose parece que inició la serie de catastróficas desgracias que asoló a una familia encaramada en la cima del poder político. Se sabía que Rosemary, quien el 13 de septiembre habría cumplido 100 años, estuvo recluida casi toda su vida en una institución religiosa de Wisconsin, después de que le sometieran a una lobotomía. Al parecer, su padre quería corregir un retraso mental leve para que de ninguna manera trastocara los planes políticos que tenía para su segundo hijo, John F. Kennedy. Rosemary, que falleció en 2005, quedó incapacitada para siempre. Aunque no siempre fue así. Antes de cumplir los 23 años, la edad en que «intervinieron» su cerebro pese a conocerse los riesgos que acarreaba raspar los lóbulos frontales, escribió unas cartas que misteriosamente han estado escondidas durante décadas y que acaban de ver la luz en «People».

Las misivas datan de 1938, cuando su padre oficiaba como embajador en Gran Bretaña. Rosemary, que tenía 20 años, viajó a Irlanda e Inglaterra durante tres semanas bajo el cuidado de Dorothy Smyth, una joven irlandesa contratada por la familia. Tras abandonar Irlanda, Rosemary envió esas misivas a su nueva amiga, detallando sus viajes por Europa. La familia de Smyth mantuvo las cartas en secreto hasta que, tras la muerte de Dorothy, las entregaron a Jean Kennedy Smith, cuando fue embajadora en Irlanda. Esperaban que Jean las exhibiera en la Biblioteca JFK en Boston.
En una carta enviada desde el sur de Francia, en 1938, Rosemary describió un encuentro con la hija de Marlene Dietrich, Maria Riva: «La hija de Marlene Dietrich está aquí abajo. Y es muy bonita». Dietrich vivía entonces un idilio con el patriarca de los Kennedy.

La biógrafa Kate Larson ha declarado a la revista «People» que las cartas desvelan la desgarradora realidad de Rosemary, quien buscaba ansiosamente la amistad de sus cuidadoras meses antes de ser sometida a la lobotomía. «Hay una inocencia infantil en cada línea -explica-. Cuando lees sus pensamientos o contemplas sus fotos acudiendo a un baile en Londres, donde fue presentada en sociedad, te invade la tristeza. Pero esa es su historia. Todo se desvaneció para ella después de la lobotomía».

Rosemary pasó el resto de su vida recibiendo cuidados constantes en la institución de Wisconsin, donde pasaba los días sentada mirando a la pared y murmurando las mismas palabras. «Los cuidadores contratados por la familia eran las únicas personas que la ofrecían amor. Esas cartas de juventud son importantes porque reflejan a una Rosemary intelectualmente mucho más joven que los 20 años que tenía, pero quien disfrutaba de una vida plena. Ponen de manifiesto la pérdida mental que sufrió tras la intervención».
María Estévez

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