Atrapar al Demonio Relato de terror de Luis Tejada Yepes

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Al doctor Rodrigo Guevara, conocido como Guevarita, diminutivo cargado en su hoja de vida desde el colegio, no por su estatura, sino por la voz aflautada que invitaba a los demás a imitarlo, en el transcurrir de su vida le había tocado esforzarse el doble, pues ante cualquier tarea asignada, debía demostrar primero su normalidad y también, tal vez, debido a esa circunstancia, su devenir transcurrió alejado de amigos y de relaciones sociales, pues cuando había tratado de abordar  a alguien, este acababa de manera inexorable burlándose de su especial voz. Esa anomalía que lo hizo alejarse de los demás, le permitió dedicar más de su tiempo a la ciencia y en particular, consagrarse a su gran pasión, las ciencias ocultas.

La seriedad puesta en esta disciplina, le permitió ser convincente a la hora de presentar un proyecto a la Universidad Nacional, consistente en la fundación de un instituto, cuyo fin era el de investigar los fundamentos del mundo material, y adicionalmente los fenómenos paranormales.

Pero hay que reconocer que el hombre si tenía un amigo o algo parecido a lo incluido en ese concepto: el celador de la cuadra donde residía, conocido como el Cabo, grado obtenido en su paso por el ejército, única persona a la que no se le hacía extraño el tono de voz de su amigo. Algo le recordaba su pasado Guevarita, porque cuando le dirigía la palabra, se ponía firmes y se quedaba en esa posición hasta recibir el permiso de descansar.

La reverencia exhibida por el Cabo, hacia el doctor Rodrigo Guevara, tuvo sus frutos, ser apreciado por este en grado sumo, tanto que le prometió llevárselo para ocupar el puesto de celador del laboratorio próximo a crear. Algo que le cumplió semanas más tarde, pues no bien inaugurado el especial centro de investigación, lo nombró jefe de celaduría.

Ejercía el Cabo con mucho orgullo su nuevo oficio, pues era el primer trabajo serio obtenido después de la baja en el ejército. Pero lo más del agrado del hombrecito, hasta las lágrimas, fue el uniforme de dotación de la celaduría, pues le transportaba a los años de la milicia.

El laboratorio de investigación, de fenómenos paranormales de la Universidad Nacional, bajo la sabia dirección del doctor Rodrigo Guevara, llegó a ser uno de los más avanzados en el mundo científico. Contaba con un mini acelerador de partículas atómicas, dotado con grandes bobinas eléctricas, capaces de crear campos magnéticos poderosos. En un principio este moderno equipo, fue utilizado en un experimento muy especial, hacer invisibles los objetos sólidos y también desmaterializar y volver a materializar en otro lugar objetos disímiles, como método experimental tendiente a hacer viables en un futuro los viajes más allá de nuestro sistema solar, pues era sabido por los conocedores del tema, que para hacerlos realidad se necesitaba alcanzar velocidades cercanas a las de la luz, algo imposible según Einstein.

A nuestro ilustre doctor se le ocurrió en cualquier momento, que en ese gran laboratorio, dentro de los experimentos a realizar, estaba uno capaz de despertar la curiosidad de los encargados del presupuesto e inclusive del rector mismo de la universidad: materializar al Demonio, el mismo mencionado en la doctrina católica. Como desde tiempos inmemoriales se había hablado de la esencia eléctrica de estos personajes, era muy probable que los equipos instalados, sirvieran para concretar esa idea.

El plan fue aprobado en el más absoluto secreto, pues las actividades realizadas en el laboratorio, no podían llamar la atención de la comunidad estudiantil. Era algo no muy conveniente para el prestigio de la Rectoría. Este tipo de investigaciones eran rechazadas por la mayoría de los miembros de la universidad, en especial por los comandos de liberación nacional, orientador político de los estudiantes. Inclusive, en alguna ocasión, como rechazo a las investigaciones de Guevarita, arrojaron bombas de ruido dentro del laboratorio. De acuerdo a lo dicho por su líder, lo hacían porque en ese lugar, realizaban actividades tendientes a hacerle el juego al imperialismo y a la burguesía vende patria.

El doctor Rodrigo Guevara, a pesar de la oposición, continuó con los experimentos propuestos, en especial el de atrapar a Satán.

La metodología para cristalizar el aterrador plan, era hasta muy sencilla, en primera instancia contratarían a un mago o una bruja, de primer nivel, con la tarea de invocar al Ángel del Mal. Al hacer este su aparición, de inmediato, con las grandes bobinas eléctricas se crearía una poderosa cortina de impulsos protoplasmáticos, que estabilizaría los componentes atómicos de Satán e impedirían que pudiera descomponer el orden de sus átomos y así lo materializarían.

Dentro del plan general, con la ayuda de algún funcionario del laboratorio, localizaron en un barrio marginal, a una bruja de primer nivel, capaz de invocar un diablo “DarkSeed”, dispuesta, previo pago de una importante suma de dinero, a contribuir a la gloria de la ciencia y por consiguiente de la universidad, del señor rector y del doctor Rodrigo Guevara.

La hechicera se prestó gustosa para la realización del proyecto, pero antes los previno sobre que la dirección del infierno estaba en cabeza de un comité de siete demonios, con la misma importancia cada uno, ante las bases sociales de aquel, por lo tanto cualquiera, llenaría los requisitos y podía servir para los fines propuestos.

La bruja también los ilustró sobre la dificultad para atraer a uno, porqué solo se aparecían en las catedrales del mal que eran por supuesto clandestinas. Pero ante el reforzamiento del sueldo, les manifestó su disposición de hacer hasta lo imposible para atraerlo a la trampa eléctrica dispuesta para atraparlo.

Guevarita satisfecho con la concreción del plan, dejó a la maga de alto nivel dentro del laboratorio. Aquella muy acuciosa sacó de un maletín un viejo pergamino donde estaba escrito el rito para invocar al diablo. De acuerdo a lo leído, en voz alta y en tono de gran sacerdotisa, el maligno debía aparecerse, si lo hacía, pues ya se habló de que las condiciones del laboratorio no eran las óptimas, en forma de una simple lechuza.

La bruja se esforzó al máximo en su rito. Lanzó toda clase de conjuros durante más de dos horas. Mientras tanto, el magno director en apoyo de la mujer, estuvo dispuesto a hundir el botón de activación del campo eléctrico apenas se vislumbrara el peculiar personaje.

Pasaron las horas y nada del demonio. El Cabo nervioso, se paseaba por todo el lugar, además muy compungido, porque el Patas no se hacía presente. La magna maga, al notarlo tan apesadumbrado, lo animó diciéndole que si no era hoy sería mañana, pues ella regresaría al otro día con refuerzos esotéricos y al demonio no le quedaría más remedio que aparecer.

Mientras tanto el Señor Rector, no se movía de su oficina pendiente de las noticias del laboratorio. Cada cinco minutos llamaba interesado en saber si habían atrapado al Gran Satán. Se le informó sobre la prolongación del experimento por un día más, y se le solicitó comprensión ante las dificultades que conllevaba conducir a feliz término semejante experimento y que esperaban aportarle buenas noticias, una vez la hechicera de alto nivel, reforzara la invocación.

Temprano en la mañana el científico jefe,  se hizo presente en el frente de trabajo en compañía de la gran hechicera, muy dispuesto a continuar con el experimento. Antes que ellos  el Cabo había llegado a franquearles la entrada,

El doctor Rodrigo, al encender las luces, notó un aleteo y agite raro dentro de la cabina experimental. Se acercó al vidrio de seguridad, y observó con sorpresa a una gran lechuza asentada en una de las barras horizontales refrigerantes, mirándolo tan fija e intensamente, que le hizo desviar la mirada hacia otro lado.

Con disimulo activó el campo electromagnético que hizo revolotear al animal por toda la estancia y dejar un reguero de plumas de muy señor mío. Finalmente esta se posó sobre al parecer su sitio preferido, la tubería del aire acondicionado. El Demonio quedó prisionero.

La nigromante, impresionada a morir por la aparición, no daba crédito a sus ojos. De inmediato se apropió de la causa del fenómeno y comenzó, con toda la seguridad y seriedad que el caso exigía, a dar miles de explicaciones e indicaciones.

Les informó, que de acuerdo con su experiencia y gran olfato esotérico, estaban ante un YGGS, de gran poder, materializado durante la noche gracias a sus poderosos rezos. También les explicó, que el campo de fuerza lo retendría mientras se mantuviera activado.

De inmediato las buenas nuevas, le fueron comunicadas al Señor Rector. Este al fin pudo respirar tranquilo ante el anuncio, pues estaba en juego su prestigio y hasta su permanencia al frente de la institución. Temía que si su empleado fracasaba, se iba a volver blanco de los ataques de los comandos de liberación nacional, sinapismos que lo habían hostilizado desde su llegada a la Rectoría de la Universidad Nacional .

El YGGS comenzó a decaer al cabo de unas horas, al otro día lo encontraron en el suelo sostenido a duras penas sobre sus paticas. Consultada la maga, esta les explicó, que como se trataba de un cuerpo material, necesitaba alimentos igual a cualquier otro ser vivo.

Gracias a la colaboración de la facultad de veterinaria, pudieron resolver el problema, pues esta los proveyó de unos suculentos ratones blancos. El animal al tragarse uno comenzó a recuperar los bríos y finalmente levantó vuelo y se posó de nuevo en el mismo lugar de antes de caerse.

Con los días, el entusiasmo decayó en el equipo científico. Las cuentas de energía para mantener el campo magnético eran astronómicas. La rectoría se quejó, y el doctor Rodrigo Guevara, pidió ayuda, a la facultad de veterinaria, para solucionar el problema del hospedaje del YGGS.

El decano estuvo dispuesto a colaborar con la ciencia. Pero antes, debía prevenirse contra las argucias del maligno. El hombre, después de mucho meditar, y pedirle a Dios lo iluminara, aconsejó a la rectoría solicitar la ayuda de la Santa Iglesia, en cabeza de su autoridad el Nuncio Apostólico.

Su eminencia, apenas conoció la historia, se la comunicó al Vaticano. Haciendo constar en su informe, que unos científicos tenían atrapado a un demonio principal, considerando esto como un hecho histórico, y lo más importante sucedido a la humanidad, desde el nacimiento de Cristo Redentor, y sin lugar a dudas el original experimento confirmaba lo cierto de la doctrina de la iglesia respecto a la existencia del demonio.

El vaticano ordenó llevar al YGGS a Roma en el término de la distancia, para ellos tratar de sacarle los secretos guardados durante milenios en especial lo relacionado con la subversiva rebelión de los ángeles en un principio de los tiempos, cuando al sentirse más bellos que su creador, trataron de dar algo así, como un golpe de estado.

Con importantes medidas de seguridad, la lechuza fue trasladada a Roma. El doctor Rodrigo Guevara al fin descansó. Consideraba a la iglesia como la más indicada para hacerse cargo de la culminación del experimento. Y de paso, se quitaría de encima la cantaleta del señor rector, respecto a los gastos de energía.

Como la vida continuaba su curso y el laboratorio debía justificar su existencia, las directivas de la U. le exigieron al director presentar un nuevo proyecto.

Después de meditar una noche entera, al científico se le ocurrió algo tan trascendental que haría pasar a la historia a la universidad, de la misma manera, como atraparon al demonio, podían atrapar al Espíritu Santo.

La rectoría, contenta con los resultados anteriores, autorizó el experimento. La metodología iba a ser la misma. Pero en este caso, se hacía necesario, contactar a una religiosa de las más altas calidades espirituales, con la especial tarea de invocar a tan sagrado personaje.

Después de analizar las hojas de vida de las posibles candidatas, y hacer consultas de alto nivel, concluyeron en que la persona más indicada para el asunto, debía ser una “Seliee” o alma luminosa, y esa era nadie menos que la Superiora de las Hermanas Adoratrices de Cristo Redentor.

Una vez contactada se le explicó en detalle cual era la tarea en que la universidad estaba empeñada y su papel en el experimento. La monja aterrada se negó a prestarse para tan blasfemo accionar. Al señor Rector no le quedó más remedio que pedirle ayuda al Nuncio apostólico. Este después de analizar la importancia del plan, le dio la orden a la monja de prestarse para el experimento, explicándole que contaba con la bendición del sumo pontífice. Ante este irresistible argumento, la monja decidió hacer lo pedido por los científicos, pero les advirtió que se limitaría a invocarlo pero no les garantizaba nada.

Después de horas de rezos continuos no se observó ninguna alteración eléctrica. Mientras tanto el Cabo se paseaba de lado a lado en el local, bastante preocupado por el posible fracaso de la misión y Guevarita a su vez, mantenía el dedo sobre el botón de activación del campo magnético.

Como en este caso no le pagaban a la monja, esta no estaba muy entusiasmada y menos de acuerdo, con la invitación de regresar al día siguiente a una sesión más. Para ablandarla, le contaron la historia del YGGS. Que en ese caso, el demonio, después de varias horas de invocación también se negaba a hacerse presente, pero como por arte de magia, al otro día temprano, lo encontraron dentro de la cabina, en forma de lechuza.

La santa hermana, a regañadientes, pero curiosa, aceptó regresar en la mañana siguiente a continuar con los rezos invocatorios, y de pronto, a presenciar algún milagro.

Al otro día, el doctor Rodrigo Guevara llegó al laboratorio temprano encontrando al cabo en su puesto, después de saludarlo se aprestó a comenzar con sus labores. De pronto sintió dentro de la cabina una especie de aleteo. Para su asombro, en el mismo tubo de refrigeración donde vieron asido, por primera vez al demonio, estaba asentada una bella paloma blanca. De inmediato Guevarita corrió a hundir el botón para encender el campo magnético.

Al hacerse la monja presente el hombre la enteró del suceso, y fue tal la impresión de esta, al sentirse ante Dios, que cayó desmayada cuan pesada era, víctima de una fascinación mística.

Al recuperarse manifestó, que después de la crucifixión del hijo de dios, este suceso, era lo más importante que le había podido ocurrir a la santa iglesia católica desde su fundación hasta nuestros tiempos, y lo más maravilloso, con su modesto concurso.

El Rector al ser notificado, hizo presencia en el laboratorio, en compañía del Nuncio Apostólico. Mientras tanto los comandos de liberación nacional gritaban en las afueras, consignas anticlericales y recitaban la famosa frase de la religión es el opio del pueblo. El argumento, era apoyado con el lanzamiento de papas bomba, cuyos estruendos hacían revolotear a la santa paloma por toda la cabina.

Pero nada de ello importaba a las directivas. Tenían en sus manos a Dios, mérito que nadie le podía quitar a la universidad.

El vaticano, por información del Nuncio, se enteró del importante suceso. De inmediato ordenó le enviaran al Espíritu Santo, pues su sitio natural estaba en Roma, al lado del Papa.

Al fin la iglesia contaba con un dios de carne y hueso, y de encima, tenían preso a uno de los principales jefes del averno, hoy en estrictos interrogatorios. La llegada al Vaticano del Espíritu Santo sería un acontecimiento histórico e iba a permitir al catolicismo, convertirse en la principal agrupación religiosa del mundo.

La paloma fue trasladada a Roma con toda la pompa y consideración merecida. Fue alojada en las habitaciones privadas del Papa, donde se le adecuó una bella palomera, con techo de oro y paredes de marfil.

El gran director del laboratorio de investigación, sobre fenómenos paranormales de la Universidad Nacional, con el fin de celebrar todo lo sucedido en las últimas semanas, invitó a su único amigo, el Cabo, a tomarse unos tragos. En medio de la borrachera este le confesó, que como la tal bruja no salía con nada, empezó a preocuparse por su contrato de trabajo en el laboratorio, por lo tanto, decidió ir a la plaza de mercado a comprarse una lechuza. La llevó camuflada en el maletín, en el que transportaba sus útiles y la soltó en la cabina. Continuó contándole, que después, ante el segundo experimento, el de Atrapar al Espíritu Santo, había hecho lo mismo, pero con una paloma cazada en la Plaza de Bolívar.

Instantes después, al doctor Rodrigo Guevara, el Cabo tuvo que darle respiración boca a boca para tratar de sacarlo de un accidente cardíorespiratorio..

FIN

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