Combate. Relato de Luis Tejada Yepes


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Los hombres avanzan, parecen ofidios arrastrando el peso de su miedo. Se escuchan estampidos regulares, como una melodía que se esparce con el viento. Los silbidos de las balas sobre las cabezas, se oyen con fuerza el reventar de las granadas. El humo de las explosiones enceguece,  sofocando, ahogando.

Las órdenes  del oficial llegan flotando a los oídos de las tropas.

Solo ecos lejanos y gritos cuando alguien cae. Se escucha el orgullo de los hombres.

Después de unos minutos apuntan nuevamente los fusiles, eligen el objetivo reanudando ansiosos el combate, disparan y observan el efecto, cambian posiciones,  se oyen voces de lágrimas, la marcha fúnebre baña la escena, sobre los rostros lívidos la luna con su pálida luz ilumina la bandera de la muerte.

Se aprestan a fortificar sus posiciones,  el enemigo acecha.

Es una larga noche la que esperan, cada uno es un mundo que desgrana pensamientos, quizás el alba no llegue para algunos o para todos.

El oficial  atrincherado tiene el rostro contraído, su responsabilidad es de vida o muerte, piensa que la situación es desesperada, están cercados sin remedio.

Nubes negras se empecinan en nadar sobre las cabezas, el apoyo aéreo no vendrá,  lo sabe y reza por sus hombres.

No para de llover,  la radio no funciona, un hilo de agua helada se filtra por su espalda, los ojos de mirada opaca escudriñan más allá. El reino de las sombras le responde impenetrable. No hay visor nocturno, se hace necesario exploración, pide voluntarios, todos permanecen en silencio.

Un relámpago ilumina las siluetas fantasmales que se arrastran. Se oyen varias explosiones y el silbido de las balas, la avanzada no regresa. El oficial acomoda su fusil bajo la capa impermeable, tapa su cabeza y se acurruca. Un joven soldado gime pensando en la mamá.
FIN

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