De visita en la base lunar. Relato futurista de Luis Tejada Yepes


Resultado de imagen para Se pensó más bien como una colonia permanente en la Luna, ante la posible extinción de la especie humana
De Visita en la base lunar

—Cuando nos empeñamos en la concreción de la idea de una colonia lunar, lo fundamental a resolver era lo de la alimentación. El cómo cultivar los alimentos para los colonos, para así evitar los grandes costos de una importación desde la tierra.

Para cosechar plantas en La Luna se afrontaban grandes obstáculos. Por ejemplo la exposición a la radiación solar y estelar de las plántulas, la escasez de agua y abono nitrogenado, fósforo, carbono y de insectos para la polinización de las plantas.

En esas el ingeniero con un movimiento rápido de su mano atrapó una especie de insecto y se lo mostró al asombrado interlocutor. Una abeja de color negro con patas cubiertas de un bello bastante tupido. En estas estaban enredadas varias partículas amarillas, polen.

—Abejas robots.

El ingeniero permitió que la abeja robot regularizara el movimiento de sus alas y como un helicóptero se sostuvo unos segundos en vuelo estacionario como orientándose y finalmente se perdió de vista.

—Estudiamos a fondo el asunto y como encontramos oxígeno en forma de basalto y hierro, importamos de la tierra bacterias extremófilas para degradar el carbono presente en la luna, logrando conseguir, un excelente abono. También experimentamos con las cianobacterias capaces de vivir en la roca lunar y descomponerla, más abono.

Las plantas también se alimentan de luz solar, fotosíntesis. Por eso escogimos este cráter, cerca a la luz perpetua de los polos, porque en otro sitio estaríamos expuestos a la larga noche lunar. La luz artificial para un cultivo de esta magnitud no era rentable.

El sector iluminado no nos serviría para erigir el campamento, por la exposición permanente a la radiación solar. Por esos escogimos el cráter Shackleton, cerca de uno de los polos, cuyas paredes nos dan sombra permanente y a la vez nos permite obtener la luz solar de sus bordes sin exponer a los colonos a sus efectos nocivos. Construimos grandes espejos metálicos capaces de proyectar luz sobre el cultivo pero de una manera dosificada, para no quemar las plantas. Obviamente todo este proceso se realizó en interiores sellados, pues como no contábamos con atmósfera, debíamos crearla artificialmente. Los experimentos previos nos indicaban que las plantas si podían desarrollarse en baja gravedad, pero en un ambiente equilibrado como el de la tierra.

Otro de los problemas a resolver era el del agua. En el siglo pasado se hicieron varias exploraciones y se dictaminó, que el agua presente en la Luna, era una cantidad casi como la que existe en las arenas del desierto del Sahara. Esta mala noticia nos obligaría a importarla de la tierra a un costo imposible. Inclusive se planteó que sería más barato, a futuro y cuando las condiciones de desarrollo nos lo permitieran, traerla de otros lugares del sistema solar, como el asteroide binario troyano 617 Patroclus, y de otros astros en la órbita de Júpiter compuestos de hielo, lo mismo que del planeta enano Ceres, ubicado entre las órbitas de Marte y Júpiter en lo conocido como el cinturón de asteroides.

Hemos desarrollado la tecnología para producir agua a partir del hidrógeno y el oxígeno presentes en la superficie lunar en los óxidos metálicos.

La energía solar, no solo nos proveyó de los alimentos para las plantas, sino de la energía para el funcionamiento de toda la colonia: alumbrado, transporte, electrónica, cocción de alimentos. Lo más importante, no necesitamos almacenar energía pues la tenemos disponible las 24 horas del día proveniente del sol. Encontramos además todos los elementos para fabricar los paneles solares, sin importar ni el mínimo elemento desde la tierra.

Esta energía la combinamos acertadamente con unos motores construidos bajo criterios desarrollados desde hace más de dos siglos, con funcionamiento por cambio de temperatura. Muy sencillos de poner en actividad. Bastaba proyectar la luz por intermedio de los espejos, que hemos instalado en todo el borde del cráter y calentar la base del motor, este calor hace elevar el aire caliente y hace mover un pistón. El motor lo utilizamos para repartir el agua por todo el lugar, lo mismo para llenar los tanques de depósito y en general para cubrir todas las actividades donde se necesita una fuerza superior a las de los androides y hombres.

También con el haz de luz filtrado por lentes, podemos alcanzar temperaturas de más de 1200 grados Celcius, suficiente para fundir cualquier metal conocido. Esto nos ha permitido montar un taller de fundición donde elaboramos tanto aparatos electrónicos, como los metales para las obras civiles. La baja gravedad y el vacío nos permiten el procesamiento de metales raros a bajo costo.

El ingeniero antes de continuar con la presentación de la base recomendó al visitante la verificación de la hermeticidad del traje espacial, teniendo en cuenta que la temperatura en la parte oscura permanente era de -248,16 ºc. El cuerpo humano al exponerse a ella, duraría menos de un segundo para congelarse.

—Los androides podrían funcionar en esas temperaturas, otra de sus cualidades positivas para pensar en ellos como avanzada en la exploración del espacio exterior, pues su fuente de poder y todo su sistema neural no necesitaban del calor para un correcto funcionamiento.

Resolver el problema del transporte no fue fácil, pues si bien el transporte aéreo era el más indicado por el polvo lunar, regolito, el hecho de que la luna no tuviera atmósfera hacía sumamente costosa la desaceleración de las aeronaves y además engorrosa, al menos para distancias cortas. Por eso optamos por usar los anticuados sistemas provistos de transmisión y ruedas, al menos para llegar a lugares de trabajo cercanos. Para evitar la nociva abrasión del menudo talco de regolito, lo fundimos con ácido sulfúrico, dando como resultado un sólido camino, que ante la falta de vientos permanece totalmente limpio. Aunque para distancias más largas, se optó por vehículos de levitación magnética, capaces de transportar una tripulación por toda la superficie lunar ya que el piso lunar es metálico.

El lugar de destino de la comisión estaba a menos de 50 metros, distancia relativamente corta, pero en el ambiente lunar, el estar en el exterior era un riego que no debía correrse, por ello en toda circunstancia se evita. Era un depósito creado en un tubo de lava lunar, que providencialmente estaba localizado en el cráter. El tubo tenía un kilómetro de profundidad y unos 40 metros de frente, con una temperatura estable de -20 ° Celsius. De origen natural ofrecía una buena protección contra los rayos cósmicos de radiación, principal enemigo de los lunautas y también contra los meteoritos y micrometeoritos. Como estaba protegido de las variaciones de temperatura, era el sitio ideal para realizar un vital plan relacionado con la supervivencia de la humanidad.

—La base lunar no había sido creada, como un escalón en la colonización de Marte. Se pensó como una colonia permanente en la Luna ante un eventual desastre ecológico. Proyectándose como una segunda biosfera donde los humanos pudiesen sobrevivir. Una especie de Arca de Noé que posibilitaría la preservación de la biodiversidad. Para ello se estaban adecuando los túneles naturales de la luna, creados por la actividad volcánica que tuvo alguna vez. En ese lugar se almacenarían, en indestructibles bancos de memoria, el código genético humano y animal, lo mismo que muestras reales de este y un banco de semillas de todas las especies conocidas en la tierra.

Una enorme sala rectangular labrada a la perfección por la naturaleza, de paredes de color negro, albergaba archivos y recipientes de toda clase y formas, cuadrados, redondos, transparentes. Grandes mesas rectangulares soportaban muestras sólidas y líquidas en cantidades incalculables.

−Las leyes espaciales están basadas en el Tratado del Espacio Exterior. Estas especifican que ninguna nación puede reclamar la Luna como de su propiedad o jurisdicción legal. El espacio exterior, incluyendo la Luna y otros cuerpos celestes, no está sujeto a la jurisdicción de ningún Estado, ni estos pueden ejercer su soberanía sobre ella. Por lo tanto, la actuación de los humanos en la Luna no plantea conflictos jurisdiccionales a la hora de cumplir las leyes o juzgar una posible infracción. Aquí tomamos las decisiones que más convengan a nuestros planes generales de desarrollo.

Los fines del campamento lunar son el desarrollo de sistemas de soporte vital. Procesamiento de minerales hallados en los sitios de colonización, experiencias metalúrgicas, extracción y refinado de metales para la construcción de naves y acumular conocimientos para una futura exploración de los planetas del sistema solar.

Una base lunar del futuro necesitará grandes cantidades de energía para producir el propelente para los cohetes y mantener los sistemas de soporte vital. Hemos considerado, que ahora si, se podrían desarrollarse los reactores de fusión. El helio 3, combustible para ese tipo de reactores, es abundante sobre la Luna. No lo tenemos en el planeta porque la atmósfera lo rechaza. El helio 3 es un elemento raro allí, y de costos increíblemente altos. Será el combustible del futuro inmediato, necesario para impulsar naves interplanetarias a una velocidad adecuada, que permitirá alcanzar, al menos, los confines del sistema solar. Lo encontramos en grandes cantidades en la región ecuatorial de la Luna. Si prospera la tecnología de los reactores de fusión, es posible que el He3 del viento solar, acumulado en la superficie de la Luna durante miles de millones de años, sea un excelente combustible. Está presente en el regolito lunar en cantidades de diez a cien partes por millón o del 0,003 al 1 por ciento. El precio en el mercado de la tierra es de 120 veces más alto que el valor del oro. Puede usted analizar la importancia de este aporte nuestro, no solo para la economía sino para el futuro de la exploración espacial. Se necesitaban cantidades muy pequeñas de He3 para generar energías casi ilimitadas y lo más importante, no contamina. Una tonelada métrica abastecería de energía, por un año, a una ciudad de 10 millones de habitantes.

Aquí termina nuestro recorrido, espero que la exposición haya sido de utilidad y haya despejado las dudas respecto a la importancia de la base lunar para la humanidad. Regresemos a los dormitorios.



FIN

     

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