Los responsables del Thyssen afirman que desconocían el origen de la obra como parte del expolio nazi cuando la adquirieron en 1992

«Rue Saint-Honoré por la tarde. Efecto de lluvia», de Pissarro - Museo Thyssen-Bonemisza

El futuro del Pissarro con pasado nazi del Thyssen, cerca del fin
En plena persecución de los judíos en la Alemania nazi, Lilly Cassirer vendió el cuadro para comprar el visado que le permitiría huir del país. Los responsables del Thyssen afirman que desconocían el origen de la obra como parte del expolio nazi cuando la adquirieron en 1992. Tras décadas de batalla legal entre los herederos y el museo, la sentencia llegará en primavera

La batalla de casi dos décadas entre los herederos de un cuadro de Camille Pissarro y el actual propietario de la obra, el Museo Thyssen-Bonemisza, podría llegar a su fin la próxima primavera. Es para entonces cuando está previsto que el juez John Walter, del juzgado federal de distrito de California Central, emita su sentencia sobre en qué manos debe quedar la joya artística.

El cuadro « Rue Saint-Honoré por la tarde. Efecto de lluvia», valorado en 30 millones de dólares (unos 26,4 millones de euros), llegó al museo en 1992, cuando el Estado español compró la colección del barón Hans Heinrich von Thyssen-Bornemisza para el museo de mismo apellido. Casi un siglo antes, en 1897, Pissarro había pintado esta escena delicada de París, que acabó en las manos de Lilly Cassirer, una mujer judía que lo había heredado de su padrastro. Al morir, le dejó esta obra que había comprado directamente del marchante de arte del pintor impresionista.

En plena persecución de los judíos en la Alemania nazi, Cassirer vendió el cuadro para comprar el visado que le permitiría huir, junto con su marido y su nieto. La obra se creía perdida y Cassirer recibió 120.000 marcos como compensación de las autoridades alemanas.

En 1999, Claude Cassirer, nieto de Lilly, descubrió el cuadro en la colección del Thyssen y empezó la batalla para recuperarlo. Tras su muerte en 2010, la continúa su hijo David, que esta semana se mostraba «cautelosamente optimista», según declaraciones a Associated Press, sobre la resolución del caso.

El juez Walter escuchó el martes por última vez a las partes, que tendrán plazo hasta el 10 de febrero para presentar pruebas adicionales. La postura de los abogados de Cassirer es de que era imposible que los responsables del Thyssen desconocieran el origen de la obra como parte del expolio nazi cuando la adquirieron en 1992. En su defensa, el museo español considera que, aunque el propietario original fuera Cassirer, la obra se adquirió de buena fe y debería permanecer en su colección.

Tras el expolio, el cuadro apareció por primera vez en EE.UU. en 1951, cuando fue comprado por el coleccionista Sydney Brody. Después de otros cambios de manos, el barón Thyssen-Bornemisza lo compró al galerista neoyorquino Stephan Hahn en 1976.

Los abogados de Cassirer cuestionaron que el barón no supiera quién era el vendedor de la obra, que no se fijara en etiquetas de su procedencia –incluida una de la galería de arte del padre de Lilly Cassirer en Berlín– o que localizara la transacción en París, en lugar de en Nueva York. El museo calificó esto último de «simplemente un error» y defendió que el examen de la procedencia de una obra de arte ha cambiado con el tiempo.

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