SU24, androide de compañía. Relato futurista de Luis tejada Yepes.


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Jimenez había salido a distraerse, como lo hacían todos los trabajadores en los momentos de ocio, a la zona recreativa de la base intermedia del ascensor espacial. Aunque las distancias en la gran rueda eran relativamente cortas,  el desplazamiento a cualquier lugar se hacía bastante tortuoso.

Los proyectistas de la base a cuarenta y cinco mil kilómetros de altura sobre la superficie de la tierra pensaron en las necesidades espirituales y físicas de los futuros habitantes de larga estadía, en especial los llegados por motivo de trabajo.

Lo más recomendable, de acuerdo al concepto experto de siquiatras y psicólogos, para entretener a los trabajadores, era imitar los sitios de diversión en la tierra.

A Jiménez le gustaba frecuentar uno de esos sitios en especial, se trataba de algo parecido o ambientado como restaurante. Allí siempre encontraba a quien interrogar sobre las últimas noticias generadas en el planeta.

Aunque los sistemas de comunicaciones integrados a los trajes espaciales mantenían informaciones de cualquier tópico las veinticuatro horas al día, siempre era un placer escucharlas de parte de otro humano. Detrás de todas esas aficiones, en realidad se encontraban la necesidad de distracciones, así fuera oyendo chismes ya conocidos.

En el lugar escogido observó a una mujer bastante peculiar. Le impresionó de entrada la belleza, totalmente diferente a la de las mujeres asignadas a la base, transformados sus físicos en siluetas alargadas, algo extrañas debido a su poca o nula interacción social en razón de la vivencia  de larga duración. Entre otros defectos mostraban la tendencia a perder el pelo. Posiblemente la esterilización les traía desórdenes hormonales y esta era la causa de esa alopecia. La falta de gravedad producía cambios en su apariencia corporal, que reñían con los cánones de belleza en la tierra.

La discusión sobre si los androides, copias exactas de los humanos, iban a ser fuente de inquietudes, inseguridades y envidias y por lo tanto no se debían fabricar, fue ganada por los partidarios de producirlos, inclusive mejorándolos en el campo físico, produciéndolos mucho más hermosos y más fuertes que los mismos humanos.

Las humanas, debido posiblemente a su desmejore físico, no podían  ver a las androides ni en película. Nadie se atrevería a invitar a una androide a una reunión donde pudieran toparse con ellas, so pena de recibir una seria reprimenda por acompañarse de los maravillosos organismos cibernéticos. A su vez los androides, ante la incapacidad de cambiar los sentimientos negativos hacia ellos, habían terminado por ignorarlas, actitud que las enfurecía aún más.

Jiménez de inmediato se dijo que una mujer tan hermosa, no podía ser humana. Todos los trabajadores empeñados en la tarea espacial eran conscientes de los derechos de estos milagros de la ciencia, apreciados sobremanera debido a su importante papel en la conquista del cosmos.

—Hola, Jiménez, ingeniero de la base —le dijo como introducción en la presentación, esgrimiendo la mejor de sus sonrisas.

—Su24—le respondió con un movimiento de cabeza.

A Jiménez se le hizo ese gesto un poco mecánico.

—Su24 es un bello nombre—le dijo consciente de lo cursi de la frase, pero esperando fuera bien recibido por la androide.

Sabía que ella no tenía prevenciones con los humanos. Era un modelo de creación reciente. El sistema IA venía con un adquirido comportamiento de amistad hacia los humanos. A pesar de que una vez activados los androides poseían libre albedrío, nada ni nadie podía cambiar  ese sentimiento de acuerdo con las leyes de la robótica .

Jimenez le señaló un lugar al fondo del gran cubículo metálico. Todo en el lugar era construido con metales reutilizables en la estación. La mesa era una aleación de titanio y carbono. El uso de materiales en el espacio tenían muy en cuenta las futuras necesidades energéticas y mecánicas de las naves utilizadas en las tareas espaciales. Los vuelos y menos sus bases, podían darse el lujo de tener bisutería inútil, cuando el costo de transporte desde la tierra era enorme.

Al sentarse la pareja, provocó la aparición de una imagen virtual, exhibiendo el menú ya servido y con tal realismo, que casi podía tomarse con las manos. Como dato curioso ofrecía un plato destinado a los androides.

Ella necesitaba consumir alimentos, al menos una vez al día, desde el día anterior no lo hacía y empezaba a sentir algo parecido a la fatiga, que en su caso podía significar perder la capacidad de movimiento y finalmente suspender su raciocinio.

Los androides se alimentan cómo el cuerpo humano para producir energía. El androide se creó siguiendo el camino más difícil, imitando a la naturaleza humana. Los científicos plantearon, que una pila de cualquier tipo asemejaría al organismo cibernético a una muñeca para entretener a las niñas, por ese motivo desecharon ese rumbo y crearon un cuerpo artificial, provisto de conductos que llevaban los alimentos, especialmente glucosa e inclusive proteína animal, levaduras, sales y minerales, al estómago, un recipiente con bacterias donde se liberaban átomos de hidrógeno como reacción a la oxidación. Estos átomos pasaban por una especie de membrana protónica, donde era mezclada con átomos de oxígeno, produciendo no sólo energía para funcionar sin depender del exterior, sino del agua necesaria para el proceso. Parte de esa agua era liberada como el sudor en los humanos, por lo tanto el androide, no solo necesitaba comer, sino también beber para reponer el déficit producido por evaporación. Posteriormente los residuos ya exprimidos de las sustancias activas, se evacuaban como lo haría cualquier humano. Debido a este proceso el androide tenía necesidad de evacuar los residuos.

Su24 consumió el único plato ofrecido para ella reconocido como combustible energético. La sensación de agotamiento desaparecía a medida que el alimento era procesado en su sistema robótico, proveyéndola de energía suficiente, para continuar con sus actividades cotidianas.

Cuando  le planteó la posibilidad de ir a su habitáculo espacial, la invitación no le causó ninguna reserva a la androide. El motivo principal era  ponerse al día sobre algo hablado en voz baja por la sociedad, las relaciones íntimas con una androide.

Efectivamente la androide resultó ser una magnifica compañía. Su24 era la copia perfecta de una mujer, inclusive con psicología sexual y comportamiento similar al humano.

La compañera  ocasional de cuarto superó con creces sus más aventuradas expectativas. Además de bella, hacía gala de una  cultura infinita, la que les permitía tener una agradable y fluida conversación. 

FIN  

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