Un caso de policía en la base lunar. Relato futurista de Luis Tejada Yepes

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Un rayo de sol recorre las azoteas e ilumina los jardines artificiales; desde el cuarto se oye el rumor de la gran actividad  desatada apenas despunta el día, si bien nunca se interrumpe, al amanecer se multiplica por dos. El agente J. Rourke despierta.

Para él ese acto es una muerte lenta pues los recuerdos no se borran. Desde la ventana, área visual ilimitada, observa las quemadas llanuras.

El enorme hombre palpa su abdomen, toma aire, cierra los ojos un instante, los vuelve a abrir y mira a su alrededor. El ambiente le inyecta nostalgia y le hace sentir el transcurrir del tiempo. Sus ojos aprecian un espejo de cuerpo entero. Se para al frente, siente agrado y a la vez nostalgia al ver reflejada su imponente figura, milagro de la ciencia moderna.

Una persona de su calidad, desde siempre, había estado preparado para hacerse cargo de la dirección de la Central de Inteligencia Mundial a pesar de las responsabilidades y compromisos que traía esta instancia del poder, en una época en que los ejércitos habían desaparecido y las agencias de inteligencia, apoyadas en la más desarrollada tecnología, se habían convertido en el principal aparato de represión del estado.

Estiró sus largas y pesadas piernas y las depositó sobre un gran escritorio en una estancia contigua a la de su lecho.  Acto seguido echó un vistazo a través de la puerta ventanal. Su mirada de ojos voraces, que además de fulminar, sabía apreciar la belleza de las cosas, fue atada a un holograma de un verde campo habitado por un jardín bien cuidado. En él se ofrendaba una melodía visual, plétora de colores primarios pintados sobre hermosas flores tropicales rodeadas de mariposas multicolores y ágiles colibríes. Ante el sosegado espectáculo sus pensamientos se despistaron, le ocurrió aquello de situar la “mente en blanco”. Fijó la mirada en un punto, sin verlo. Debido a un largo bostezo el oxígeno volvió a fluir hacia su cerebro en cantidad adecuada y a consecuencia de este acto natural, tornó a tomar conciencia del hilo de la meditación anterior. En sus ojos afloró la preocupación y a la vez el interés por cumplir con las obligaciones. 
  
Muchas veces se interrogaba sobre la catadura ostentada por los humanos, que renunciaban a la tranquilidad de sus hogares, para despacharse en aventuras estelares a sabiendas de la posibilidad de no regresar jamás. No era si no mirar la historia y considerar la época de actuar de los colonos lunares para concederse la razón. Ponían en peligro sus vidas y al coronar el empeño, no planeaban la retirada a disfrutar de la gloria, se comprometían con nuevas correrías y planes más allá del sistema solar, impelidos por una inexplicable llama interior. Por eso no entendía que junto a ellos una pequeña minoría se empeñara, a su vez, en destruir lo construido.

El gran lunar negro, en la vida de JR, como lo llamaban los demás agentes, era la cantidad de enemigos acumulados en sus años de trabajo en la agencia. Le sobraban en razón de la gran cruzada propuesta por la organización bajo su dirección, que se sintetizaba en la necesidad de acabar con cualquier vestigio de desorden social e impedir el renacimiento del ya extinguido terrorismo, propio del pasado de la humanidad, en especial el de la época cuando los distintos países luchaban por el control de las fuentes hídricas. No solo estaba en la primera línea de combate para hacerle frente sino que contaba con la fuerza suficiente para neutralizarlos.

Pensó en la importancia de las cosas comunes en la recuperación del ánimo, como el florero atiborrado de rosas rojas, imitación perfecta de las naturales tanto que se podría afirmar que la diferencia era ninguna,  en una mesa situada en uno de los costados de la habitación, así como las cortinas estimuladas por la brisa grácil, batiéndose en el aire sin peso alguno, o como la mullida alfombra, amortiguadora de su incesante caminar, o también  los espejos reflejando su elegante figura y  el murmullo constante de la ciudad, terminal terrestre del ascensor espacial, deslizándose cautamente  por el cable de grafeno.

Mientras el pensamiento de JR discurría por caminos diversos, también observaba en una holografía, flotando frente a sus ojos, el arribo de dos agentes convocados a conferencia.

J R no era del tipo de personas dispuestas a esperar a alguien más allá de la hora de la cita. Juzgaba el incumplimiento un detalle de mal gusto y además una imperdonable falta de respeto. Acorde con ese criterio, las dos personas convocadas arribaban a tiempo al lugar de la reunión.

Los citados a la importante cita fueron guiados por un androide, sin ningún protocolo previo, a la oficina del jefe.

Una vez estuvieron frente a él les ordenó sentarse. Los agentes obedecieron sin emitir palabra alguna y esperaron que el mítico jefe al frente, les diera alguna indicación sobre el motivo de la cita, que al parecer era bastante grave.

“El humano es el único ser capaz de valorar a otros humanos. Si bien en el pasado los hombres no han respetado el hábitat de millones de años, su destino seguirá siendo el ser amo de la tierra. Los dueños del poder en el mundo controlan el portentoso desarrollo científico técnico en aras de mantener al resto del mundo esclavizado. Y como si esto fuera poco, la utilizan para acabar con la fuerza laboral de carne y hueso en capacidad de protestar y exigir mejoras económicas, remplazándola por máquinas, a las cuales les conceden derechos constitucionales, sumisos y dispuestos a laborar sin horario. Millones de plazas laborales son ocupadas por estos remedos de humanos. Si no tienen compasión por el auténtico dueño de la naturaleza, nosotros combatiremos hasta lograr la liberación del mundo, del reinado de los protectores de los androides y de estos mismos, tanto en la tierra como en el espacio. Muerte a los androides y sus cómplices”.

Fuerza Antiandroide Universal (FAU).

−Este mensaje llegó a cada uno de los habitantes de la tierra gracias a su ligación cerebral con la comunicación cuántica –le dice el hombre a la pareja sentada frente a su escritorio.

–Pudimos ubicar su procedencia, la base lunar –dice el jefe de la inteligencia con un tono de gravedad captado nítidamente por los interlocutores.

La comunicación cuántica envía ideas abstractas cerebro a cerebro gracias a dispositivos que captan las señales de baja frecuencia. No son ondas radiales en el éter, ni tampoco un interfaz cerebro-computador para interpretar señales, son pensamientos enviados y captados por un sujeto específico, en una “banda” capaz de soportar y conducir en tiempo real, millones de datos exigidos por el pensamiento.

JR era el jefe de la Central de Inteligencia Mundial, conocida popularmente por su sigla CIM. Para su secreto funcionamiento utilizaba una empresa de fachada dedicada a la especulación bursátil. El negocio lo manejaban no más de dos androides, dotados con un programa matemático de solución de problemas, pero con criterio, por lo tanto sabían cuando parar en cuanto a compra o ventas de acciones, en razón de las fluctuaciones del mercado, sin los sentimientos de los humanos, sin vacilaciones psicológicas por reveses pasados y sin necesidad de estar revisando o actualizando los datos. Además permitían al hombre dedicarse a las tareas reales, sin distracciones y preocupaciones por los resultados del negocio fachada, pues los androides eran capaces de manejarlo con efectividad las 24 horas.

Participó en la guerra que asoló su país durante 60 años y después en las guerras del agua de finales  de siglo XXI, en el medio oriente.

En uno de los combates fue gravemente herido. Gracias a técnicas de oxigenación del cerebro se le mantuvo vivo. El hígado, el corazón y los demás órganos perdidos fueron cultivados con técnicas de avanzada. Consistentes en tomar los órganos dañados, retirarles sus componentes, dejando el “andamiaje” fibroso que les daba forma y en un medio de colágeno, se les inyectaba células vivas, extraídas de partes sanas del paciente. Con los días estas células se reproducían y llenaban los espacios. Los huesos rotos en su totalidad se cambiaron por piezas artificiales compatibles con el sistema muscular, también recuperado utilizando técnicas y procedimientos desarrollados gracias a las experiencias en la producción de androides.

Lo más espectacular de JR era el sistema muscular que le fue implantado. Construido con biomaterial que al combinarlo con el carbono se lograba un material flexible, que se estiraba y contraía ante los estímulos eléctricos.

Al reproducirse los músculos en cada una de las funciones del sistema, bíceps, tríceps, dorsales, tan eficientes como los naturales, su carácter eléctrico posibilitaba hacerlos tan fuertes como se quisiera, lo mismo que con sus componentes sustentadores esenciales derivados del grafito.

Si no fuera por su cerebro humano, JR estaba a la altura de un androide, tanto por su intelecto como por la fuerza física. Debido a sus conocimientos y al resultado de la reconstrucción corporal, fue ascendiendo en el campo, que conocía muy bien, la Inteligencia policial.

Ustedes dos fueron escogidos para neutralizar el riesgo implícito en el mensaje recibido.

El agente X, Jefe del departamento especial de control y desarrollo de la Inteligencia artificial y robótica, DECIAR, se agitó en su silla cuando el ciborg al frente, le endosó la misión. Era humano y sus reacciones previsibles de acuerdo a su naturaleza. La agente R75, provista de un cerebro post-biológico aumentado, jefe de la Integración Social de la Comunidad Androide (ISCA), permaneció imperturbable ante la nueva misión, para ella toda tarea era parte de su predeterminación.

−Sr. Rourke, solicito me diga ¿Qué más datos poseen sobre las intenciones de los individuos generadores del mensaje. Porqué además de emitir comunicados subversivos deben tener algún otro objetivo? –pregunta el agente X.

−Si lo supiéramos, no estaríamos hablando − le responde de manera cortante el ciborg –pero si sabemos, o creemos saberlo, donde uno de sus miembros se encuentra en estos momentos. En este punto entra a actuar la agente R75 –lo dice despacio mirando a la bella androide a los ojos.

Esta al oír su identificación dirigió la mirada imperturbable, hacia los ojos del ciborg, esperando más datos para procesar.

− El terrorista puede ser un androide creado para involucrar a su comunidad en una acción que pueda poner en peligro la supervivencia futura de la raza humana. Aunque no descartamos se trate de un humano, tratando de perjudicar a la comunidad de androides. Es algo posible, conociendo la naturaleza egoísta de nuestros congéneres. Es algo que ustedes deben certificar. Los encargamos del caso por recomendación de arriba. Viajarán a la base lunar y se integrarán al personal colonizador, vía ascensor espacial.  En la Luna contactarán con el encargado jefe. Localicen al individuo, si es humano R75 se encargará de conectarse a su cerebro y extraerle toda la información de hasta la última neurona, si es androide necesitamos solamente su sistema cognitivo IA. Resta desearles suerte en su misión− lo dice seguro de que no habrá ningún problema. En la base lunar no hay donde esconderse y menos huir. Es pan comido.



FIN

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