El 23 de mayo se celebran, como cada cinco años, elecciones europeas, y, según los últimos sondeos, el Europarlamento resultante bien puede acabar resultando ingobernable

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Trump, al asalto del Europarlamento

Varios eurodiputados critican al presidente de EE.UU. en una carta enviada esta semana al Capitolio

La fortaleza del bipartidismo en las instituciones europeas se puso a prueba hace exactamente un año, cuando el expresidente catalán Carles Puigdemont huyó de la justicia, se fugó a Bruselas e intentó atrincherarse en el Europarlamento. Los eurodiputados de fuerzas populistas y radicales, liderados por el catalán Ramón Tremosa, intentaron que Puigdemont fuera invitado a dar una conferencia en la sede el poder legislativo en la Unión, lo que hubiera supuesto un blanqueo en toda regla de la retórica independentista.

El Partido Popular Europeo, que tiene mayoría en el Parlamento, lo impidió. Los diputados conservadores españoles, con Esteban González Pons a la cabeza, mantuvieron una frenética serie de reuniones con los líderes de su partido, en especial su jefe de filas, el alemán Manfred Weber, y el presidente del Parlamento, Antonio Tajani, y evitaron in extremis que Puigdemont llevara las provocaciones del independentismo al corazón mismo de la Unión.

El 23 de mayo se celebran, como cada cinco años, elecciones europeas, y, según los últimos sondeos, el Europarlamento resultante bien puede acabar resultando ingobernable: una mayoría reducida y anímica de los conservadores y un resultado todavía peor de los socialdemócratas, completamente hundidos. En auge, populistas, nacionalistas y radicales de todo signo.

Bloquear decisiones

El riesgo, según Stefan Lehne, del Instituto Carnegie en Europa, es que «los partidos populistas logren suficiente poder como para bloquear decisiones cruciales para la Unión, lo que obligaría a los demás partidos a tener que unir fuerzas para mantener a la UE en funcionamiento. Si no lo hicieran, los Gobiernos comenzarían a saltarse el parlamento para alcanzar acuerdos bilaterales».

Ese es el sueño de los populistas radicales, sobre todo los de extrema derecha: una Europa sin instituciones europeas, cuyos países miembros se repliegan a unas fronteras desde las que negocian nuevos acuerdos bilaterales. En última instancia, esto supone el abandono del euro y el Banco Central Europeo, y un desahucio forzoso de las instituciones en Bruselas, condenadas a la irrelevancia.

Los partidos populistas de Europa, del Frente Nacional a Syriza, pasando por Podemos y La Liga, tuvieron su gran estreno en elecciones Europeas. Marine Le Pen fue eurodiputada entre 2004 y 2017; Matteo Salvini lo fue desde 2004 a 2018, con un paréntesis de tres años; Pablo Iglesias utilizó un escaño en el Europarlamento para saltar a la política española.
Dinamitar la UE

La intervención de fuerzas populistas y nacionalistas norteamericanas en Europa va destinada también a dinamitar la UE. Donald Trump ha criticado abundantemente las instituciones europeas en diversos discursos, ha aprobado aranceles a la importación de aluminio y acero y hace unos meses tomó la decisión insólita de degradar de categoría diplomática al embajador de la UE en Washington, algo que se supo esta semana.

En noviembre, en una entrevista, el presidente llegó a afirmar que «la UE fue creada para dañar a EE.UU. en materia de comercio». «Desde luego, son un adversario, como China», añadió.

Tal es la inquietud que las provocaciones de Trump han causado en Bruselas que la comisión del Europarlamento para las relaciones con EE.UU. esperó a que tomara posesión la nueva mayoría demócrata en la Cámara de Representantes del Capitolio para enviar a este una carta lamentando «el daño» que el actual presidente está haciendo en las relaciones trasatlánticas.

«Sus palabras sólo benefician a los poderes globales que compiten con nosotros y provocan una mayor fragmentación, en lugar de lo que necesitamos, que es una mayor cooperación», dice la carta, que fue recibida en el Capitolio el miércoles y a la que ha tenido acceso ABC. Los eurodiputados se quejan de que Trump y su Gobierno «critiquen la burocracia de la UE […] mientras se dedican a alabar a los movimientos populistas y nacionalistas».

David Alandete

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