Juan de la Cierva, ingeniero de caminos, canales y puertos e inventor del girocóptero, quien iba a dar nombre al nuevo Aeropuerto de Corvera hasta que se han cruzado en su camino cuestiones de mala memoria histórica.

Juan de la Cierva, subido en un autogiro tipo comercial
El falso vínculo franquista de Juan de la Cierva, el pionero español que persigue la Memoria Histórica
El ingeniero de caminos, canales y puertos e inventor del girocóptero iba a dar nombre al nuevo Aeropuerto de Corvera en Murcia, pero la decisión, en manos de Fomento, parece encallada por cuestiones de mala memoria histórica

La memoria histórica sigue empeñada con la idea de que la Guerra Civil fue una lucha de buenos contra malísimos, sin que hubiera grises o simplemente víctimas de las circunstancias en ambos bandos. El último damnificado de este relato simplista ha sido el murciano Juan de la Cierva, ingeniero de caminos, canales y puertos e inventor del girocóptero, quien iba a dar nombre al nuevo Aeropuerto de Corvera hasta que se han cruzado en su camino cuestiones de mala memoria histórica.

Su familia y la asociación que vela por su figura han denunciado que, aunque estaba planeado bautizar el Aeropuerto Internacional de la Región de Murcia como Juan de la Cierva, a última hora el Ministerio de Fomento parece haber dado marcha atrás por la supuesta implicación del inventor en el golpe de Estado de 1936, año en el que murió uno de los españoles más avanzados del siglo XX. «Era un genio inventor, un artista del aire y un matemático sobresaliente. Un hombre apreciado en todo el mundo incluso hoy, que ahora intentan manchar con datos falsos», asegura a ABC Laura de la Cierva, bisnieta del inventor y presidenta de esta fundación.

En paralelo a esta decisión (o más bien indecisión) de Fomento, se extienden por el otras partes del país planes para retirar «por franquista» calles y reconocimientos a De la Cierva, hombre de ideas monárquicas y anglófilas, que colaboró toda su vida y vendió sus aparatos a la II República, que nunca tuvo contacto con Franco y que no combatió durante la Guerra Civil ni vivió en España desde que estalló la guerra hasta su fallecimiento en un accidente unos meses después… Y es que su único papel en el golpe fue hacer las veces de asesor, como experto internacional, para el alquiler del avión el «Dragon Rapide», que habría de llevar a Franco desde Canarias hasta Tetuán para tomar el control de las tropas del norte de África. Su familia defiende que el inventor y empresario ni siquiera conocía para qué se requería el avión.

El sueño de volar
Nacido en Murcia en 1895, Juan de la Cierva procedía de una familia acomodada como hijo del ministro del Rey Alfonso XIII Juan de la Cierva y Peñafiel. No obstante, desde pequeño su vocación estuvo centrada en la ingeniería y en seguir los pasos de su abuelo materno, el destacado ingeniero de montes Ricardo Codorníu. Este abuelo prendió la curiosidad de Ícaro en el joven al explicarle por qué volaban los aeroplanos. Cuenta su hija Ana María, gran divulgadora de la obra de su padre, que desde pequeño se dedicaba a lanzar en el parque del Retiro de Madrid aparatos que él mismo construía y que irremediablemente se estrellaban contra el suelo: «Su vida y su meta eran crear un vuelo lo más seguro posible».«Valiéndose de papel, ligeras varillas y unas gomas retorcidas que sirven de hélices» fabricaron sus aviones

Juanito, como así se le llamaba su familia, pasó su infancia entre Murcia y Madrid. Era un estudiante excepcional y un voraz lector de cuantos libros de inventos y de inventores caían en sus manos. De adolescente, compartió sus inquietudes científicas con su hermano Ricardo y dos amigos, los hermanos Barcala y Tomás de Martín-Barbadillo, que mataban el tiempo hablando de los avances de la aviación europea y construyendo sus propios modelos de avión, «valiéndose de papel, ligeras varillas y unas gomas retorcidas que sirven de hélices», como explica al detalle Adolfo Roldán Villén en la entrada que le dedicada a este inventor en el Diccionario Biográfico de la Real Academia de Historia.

Coincidiendo con la llegada en 1910 de la aviación a España, Juan de la Cierva, los hermanos Barcala y un nuevo amigo, Pablo Díaz, se pasaron a la construcción casi profesional de planeadores, con los que los jóvenes realizaron numerosas pruebas. Antes de ingresar en la Escuela de Ingeniería, Juanito y sus amigos diseñaron y fabricaron el BCD1 («El cangrejo»), el primer aeroplano español que voló durante un periodo largo de tiempo. No en vano, el trimotor terminó destrozado en un vuelo, y las familias de los muchachos cerraron el grifo a nuevos proyectos.

Aunque finalizó la carrera de ingeniero de Caminos, Juan de la Cierva nunca ejerció en este campo, del mismo modo que fue elegido diputado a Cortes por deseo de su padre, pero no mostró ningún entusiasmo por el mundo político. Lo que verdaderamente le apasionaba, aparte de su novia María Luisa Gómez-Acebo Varona, con la que se casó a finales de 1919, era hallar una solución a los problemas que habían llevado a su aeroplano al fracaso por la «pérdida de sustentación de las alas». Fue evitando depender de las alas como se le ocurrió la idea de un aparato que empleara la autorotación: un nuevo tipo de máquina voladora que bautizó como «autogiro». «Buscaba aparatos más seguros, salvar vidas con el ala rotatoria. Salvarlas, no quitar vidas como dicen los que le llaman franquista», apunta su bisnieta.

Hacia octubre de 1920, finalizó la construcción del primer autogiro, el C1, con dos rotores superpuestos que giraban en direcciones opuestas, inspirado en el concepto de las faldas de una bailarina cuando gira, lo que resultó un modelo fallido. Como también lo fue el C3, con rotor de tres palas, que le ocurrió lo peor que le puede pasar a un avión o a un pájaro: no consiguió elevar el vuelo. Dos años después naufragó igualmente con el modelo C2.
Ortiz

No fue hasta su cuarto modelo, el C4, cuando logró un vuelo de más de tres minutos, a una altura superior a los veinticinco metros. El siguiente modelo, el C6, exhibió ante el Rey Alfonso XIII todo el potencial de los autogiros, hasta el punto de que en 1926 un grupo de financieros británicos ofrecieron ayuda al murciano. La empresa The Cierva Autogiro Company LTD, con sede en Londres, permitió a De la Cierva construir y mejorar sus modelos con vistas internacionales.

A través de esta compañía empezó a suministrar aparatos por todo el mundo y se convirtió en un pionero de la aviación. A partir del año 1928, se lanzó a pilotar sus propios autogiros y a presentarlos ante multitudes. En su aterrizaje en EE.UU. se dio el lujo de llegar a los mandos de su autogiro al jardín de la Casa Blanca, donde fue agasajado por el presidente H. C. Hoover.

El 18 de septiembre de 1928 se hizo mundialmente famoso tras conseguir atravesar el Canal de la Mancha por primera vez con su ingenio. Contó al respecto el diario ABC:

«A las dieciséis y dieciséis apareció en el horizonte el aparato. Se veía girar su hélice con precisión. El autogiro dio una gran vuelta por encima del aeródromo, pasando a gran velocidad. Después subió un poco y, a 150 metros de altura, paró el motor. Entonces el aparato comenzó a descender verticalmente, deteniéndose unos momentos en el descenso para reemprenderlo instantes después. Y suavemente, sin ningún incidente, el autogiro se posó en tierra».
El «franquista» que no conoció a Franco

De la Cierva realizó también numerosas exhibiciones y visitas por ciudades españolas, pero no logró encontrar financiación para una empresa de autogiro con sede en la Península, ni para que sus aparatos se comercializaran de forma masiva en este territorio. Mientras presentaba más innovaciones a sus modelos y trataba de que su invento calara en su país de cuna, la Federación Aeronáutica Internacional le premió con la Gran Medalla en el año 1932. Uno de los muchos reconocimientos que recibió en su corta vida.

Pocos meses después de cumplir 41 años, el genio de la aviación internacional falleció el 9 de diciembre de 1936 en un accidente aéreo en el aeropuerto de Croydon. El avión holandés en el que viajaba chocó con el tejado de una casa vacía y se estrelló durante el despegue, lo que originó una explosión letal para todos los ocupantes del avión, excepto la azafata. Juan de la Cierva fue enterrado en una capilla católica de Inglaterra, hasta que en 1946 sus restos fueron trasladados a España.En el accidente en el que murió el inventor perecieron todos los ocupantes del avión, excepto la azafata

Desde el extranjero vivió con preocupación los primeros meses de la Guerra Civil, así como el devenir de sus familiares. Sin ir más lejos, su hermano Ricardo de la Cierva y Codorníu, abogado y miembro del partido de Gil Robles, sería asesinado en Paracuellos de Jarama tras haber sido capturado por fuerzas republicanas. En cualquier caso, el papel del inventor murciano en el golpe de julio de 1936, lo que le ha valido la designación de franquista, se limitó a mediar en la contratación desde Londres del avión Havilland Dragon Rapide, que trasladó al general Franco desde Canarias a Marruecos. «No era franquista y nunca le interesó la política. Se dedicaba a construir autogiros, muchos para la República. En 1936, simplemente se le pidió su opinión como experto», sostiene Laura de la Cierva.

El autogiro ideado y construido por Juan de la Cierva, sobrevolando la capital valenciana

Cuando el pasado verano el Ayuntamiento de Coslada le quitó, en aplicación de la controvertida Ley de Memoria Histórica, la calle que tiene en esta localidad al precursor del helicóptero, el consistorio se justificó en que De la Cierva fue «un colaborador de Franco, sin cuya ayuda es posible que no se hubiera producido la Guerra», como señaló a 'La Verdad' Macarena Orosa, concejal de Hacienda y presidenta de la Comisión Técnica de Memoria Histórica.

Obviamente, el avión se hubiera contratado con o sin la intervención del murciano, del mismo modo que el golpe se hubiera producido con o sin la presencia en Marruecos de Franco, quien hasta el último momento dudó en entrar en la conspiración. No consta de forma documental, en cualquier caso, que el inventor supiera con qué fin se iba a usar el aparato o que tuviera interés alguno en la situación política en España, como así recuerdan fuentes de la familia.

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