Cleopatra: la «mala borracha» que odiaba a Roma


La leyenda negra de Cleopatra: la «mala borracha» que odiaba a Roma

Odiada hasta el extremo por sus adversarios, ha sido tratada como una «mujer fatal» que dominaba la política usando sus armas de mujer

La imagen que nos ha llegado en la actualidad de Cleopatra VII es la de una mujer hermosa, obsesionada con su belleza y que usaba sus armas de mujer para encandilar a los romanos más poderosos de la época (entre ellos, Julio César y Marco Antonio). Una devoradora de hombres que tuvo la suerte y la desdicha de convertirse en la última reina del Antiguo Egipto. La realidad, sin embargo, es bien diferente, pues la verdad histórica está teñida por una leyenda negra creada por sus enemigos a golpe de pluma. Personajes que, para denigrarla, la calificaron de ramera, borracha o megalómana.

Leyenda Negra

Una de las ideas más extendidas sobre Cleopatra es la que afirma que era una «mujer fatal» que usaba sus armas como hembra y su capacidad de seducción para conquistar el corazón de los políticos. Pero esta es una afirmación que no se puede sustentar en hechos fehacientes, pues se basa en las ideas extendidas por los historiadores griegos y romanos, quienes sentían en no pocos casos odio hacia ella debido a su inteligencia y a su determinación de salvaguardar Egipto de la ambición extrajera.

La leyenda negra que ronda alrededor de Cleopatra fue forjada a partir del año 27 a.C., como bien afirma Cristina Gil Paneque en su completísimo artículo «Octavio Augusto, el enemigo de Cleopatra». El adalid de estas mentiras fue el emperador Octavio Augusto, némesis de la egipcia. De la mano de decenas de poetas, políticos y escribas, el romano extendió entre la población falacias como que era una «reina ramera» obsesionada con el alcohol. Además, se esforzó en mostrarla como una «mujer fatal» que hacía uso de sus armas de mujer para encandilar a dignatarios y emperadores.

Octavio Augusto, el hombre que forjó la leyenda negra de Cleopatra

«Las voces masculinas que la sentían como una amenaza centraban el objeto de su ira en la destrucción de su reputación que, dada su condición femenina, estaba en relación directa con su licencioso comportamiento moral, de ahí que para César, Pompeyo, Escario o Mecenas fuera “lasciva”, “puta”, “ramera” o “indecente yegua”. Otros personajes la perciben como una mujer “extraña”», explica Belén Ruiz Garrido, Doctora en Historia del Arte por la Universidad de Málaga, en su dossier «Yo soy Egipto. El poder y la seducción de Cleopatra en las artes plásticas y en el cine».

El mito forjado por Augusto nació en la misma batalla de Actium, la contienda en la que la flota de Roma se enfrentó a las naves de Marco Antonio y Cleopatra en las costas de Grecia. Octavio extendió la idea, como bien señala Gil Paneque, de que la egipcia había abandonado a sus soldados en mitad de la contienda para proteger su vida. Una verdad -todo sea dicho- igual de grande que una pirámide, pues no tuvo reparos en soltar trapo y retirarse del enfrentamiento cuando vio que pintaban bastos. Se le olvidó decir al emperador, eso sí, que él había preferido esconderse bajo las faldas de Agripa, fiel oficial al mando de sus buques.
«Las voces que la sentían como una amenaza centraban el objeto de su ira en la destrucción de su reputación femenina»

Más allá de quien fuera el culpable, y en palabras de la autora, «la figura de Cleopatra adoptó rápidamente una dimensión simbólica como paradigma contrario a las virtudes y a la moral romana». Empezó a ser conocida como «la egipcia» de forma peyorativa. Y ese fue el mejor de los apelativos que le dedicaron. El poeta Horacio, por ejemplo, la tildó de «insensata, colmada de una locura ambición y embriagada por un éxito insolente» que ansiaba la destrucción del Imperio. Tras su muerte, celebrada como si fuera la de un sádico criminal, se extendió la idea de que había engañado a César y a Marco Antonio con sus encantos. Todo ello, para evitar manchar el pasado romano.

¿Bella?

Otra de las visiones más recurrentes es la que define a Cleopatra como una mujer sumamente bella. Esta imagen es apoyada por contemporáneos de la reina como Marco Antonio, quien vivió encandilado por ella. «La edad no puede marchitarla, ni podrá la costumbre agostar su infinita variedad: otras mujeres sacian los apetitos que despiertan, pero ella da más hambre cuánto más satisface. Incluso lo más vil se vuelve puro en ella, y hasta los sacerdotes bendicen el ardor de su lujuria», señalaba el oficial romano.

Sin embargo, su belleza es, a día de hoy, difícil de corroborar. «Dadas las fuentes documentales que nos han llegado –monedas, relieves etc.- no parece una belleza. Los últimos estudios nos dicen que tenía una nariz respingona y una barbilla prominente. El problema es que los historiadores griegos la definieron como una “femme fatale”. Esa imagen, unida a películas como la protagonizada por Liz Taylor, ha hecho que a día de hoy se la recuerda como una mujer extremadamente bella y seductora», señala Aroa Velasco, historiadora especializada en el Antiguo Egipto y autora de la página Web «Papiros perdidos».
Liz Taylor, en su papel de Cleopatra

Por el contrario, Velasco afirma que la imagen que ha llegado hasta hoy de Cleopatra ha provocado que nos olvidemos de que era una política consolidada que sabía hablar multitud de idiomas y estaba interesada en la ciencia y la literatura. «Me parece más importante señalar que era una ilustrada asociada con el helenismo griego que explicar de ella que era una belleza. Lo que sí se sabe es que era muy culta, y eso es más determinante desde el punto de vista histórico que si era guapa o si era fea», completa la experta.
Obsesión por los cosméticos

La enésima leyenda sobre la Reina es la que afirma que estaba obsesionada por los cosméticos y utilizaba todo tipo de extravagantes productos de belleza, una idea que se funda en historiadores griegos como Plutarco y Apiano. De ella se dice que se bañaba en leche de burra (¿quién no ha escuchado esa leyenda?), que se ponía maquillaje y pintalabios y, finalmente, que usaba todo tipo de exfoliantes para mantener su piel tersa. Todo, con el objetivo de estar atractiva para los hombres.

Cleopatra

No obstante, es sumamente difícil comprobar la veracidad de estas leyendas en la actualidad. «A nivel arqueológico no podemos decir que sí de forma tajante, aunque algunos historiadores hacen referencia a ello. Pero esto no nos debería sorprender, porque todos los egipcios usaban maquillaje como método antiséptico y estético. Un ejemplo es que se pintaban la raya del ojo con un producto determinado para ahuyentar a los mosquitos. El problema es que, al ser mujer, se vio de forma diferente por los historiadores», determina la experta.

En este sentido, Velasco considera que Cleopatra no se ponía más maquillaje que cualquier otra egipcia con una capacidad económica similar. A su vez, cree que lo usaba tan asiduamente debido a que era una forma de acercarse a su pueblo y de cuidarse. Aunque eso sí, como cualquiera de sus compatriotas.
Extraño método exfoliante

El último mito sobre la reina más famosa del Antiguo Egipto ha salido a la luz gracias al cirujano plástico David Jack. Este británico abrió una clínica en la que dice rejuvenecer la tez de sus pacientes pasando un bisturí sobre su cara. El doctor señala que el método es heredado de aquellos que usaba Cleopatra para cuidar su cutis. Una afirmación valiente pues, como señala Velasco, no existen en la actualidad restos arqueológicos que permitan corroborar esta teoría.

Concretamente, el médico afirma que Cleopatra usaba «leche y frutas» para ablandar su piel y derretir el «pegamento que mantenía unidas las células de la capa superior de su piel». Una vez que estas se «aflojaban», ordenaba que le pasasen un cuchillo afilado sobre la piel para eliminarlas.«Todos los egipcios usaban maquillaje como método antiséptico y estético»

«Nosotros usamos hoy en día ácido mandélico y glicólico para sustituir a la fruta, y salicílico y láctico para la leche», determina el doctor. Según afirma, aunque el proceso es algo caro hace que aquel que lo lleve a cabo reduzca su edad dermatológica en unos cinco años.


¿Es posible que la reina de Egipto utilizase este sistema? A Velasco no le parece extraño, aunque, nuevamente, señala que no es posible afirmarlo ni negarlo. «Nada es fiable si no está basado en fuentes arqueológicas. Personalmente no había escuchado hasta ahora nada referente a este sistema, pero cuadra perfectamente con los métodos utilizados por los egipcios. Aun con todo, no conozco ninguna referencia a ello en papiros antiguos que hayan sido traducidos», finaliza.

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