¿Cómo pudieron hibridarse distintas especies?

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«Nos cruzamos con los neandertales como los coyotes lo hacen con los lobos»

El investigador del CSIC recoge en su último libro las historias de los fósiles que han marcado la evolución humana

Es una historia inmensa que define lo que somos. Antonio Rosas, profesor de investigación del CSIC y director del Grupo de Paleoantropología del Museo Nacional de Ciencias Naturales, realiza en su último libro, «Los fósiles de nuestra evolución» (Ariel), un viaje por los principales yacimientos donde han aparecido los restos que explican nuestro pasado como especie. Desde Ardipithecus ramidus, unos homininos que vivieron en África hace 4,4 millones de años, los más antiguos que conocemos, a Homo erectus, pasando por la famosa Australopithecus afarensis«Lucy», o la sorpresa de Homo habilis. Sin olvidar a Homo antecessor de Atapuerca, antepasado más directo de los neandertales, la especie a la que pertenece la familia de El Sidrón en Asturias, referencia a nivel mundial y cuyo estudio dirige el doctor en Biología. A estos fósiles se les unen mucho más en un árbol intrincado y con profundas raíces en el que nosotros, Homo sapiens, no somos más que una de las ramas.

-¿Qué nos hizo humanos?

-Lo que entendemos por humanos es un complejo sumatorio de muchas cualidades que han ido añadiéndose a lo largo de la evolución. Por ejemplo, no se puede concebir a un ser humano sin que tenga un andar bípedo, pero el bipedismo surgió hace 6 millones de años. No se puede concebir a un ser humano sin que tenga una tecnología a su alrededor, pero las herramientas aparecieron hace 3 millones de años. No concebimos a un ser humano sin que tenga un cerebro grande, una cabeza redonda, pero el cerebro empezó a ser grande hace aproximadamente medio millón de años. Si hablamos de los sapiens, nos definen el desarrollo exponencial de la tecnología y la capacidad de formar grandes redes sociales, tan de moda últimamente.

-A algunos expertos no les gusta hablar de especies humanas. Prefieren referirse a grupos o poblaciones.

-Hay dos posturas un tanto radicales: los que pensamos que ha habido diferentes especies humanas y los que piensan que son variantes de una especie global. El debate más intenso siempre se ha producido en la diferenciación entre neandertales y sapiens. Pero el estudio de los neandertales nos dice que sus raíces evolutivas son antiguas, por lo menos medio millón de años, lo cual a mi juicio es un argumento poderoso para hablar de una especie distinta que ha tenido su propio linaje.

-Y algunas de esas especies han vivido hasta hace no tanto tiempo.

-Sí. Homo floresiensis, en la isla de Flores en Indonesia, con un fenotipo y una apariencia radicalmente distinta a la nuestra, vivió hace 30.000 ños, cuando ya no había neandertales en el planeta. Y si nos retrotaemos a hace 100.000 como una cifra arbitraria pero de referencia, en la Tierra había sapiens, neandertales, floresiensis, especies relictas de Homo erectus, y ese linaje distinto que ha sido descubierto con datos genéticos que son los denisovanos. Yo me posiciono claramente en la idea de que ha habido diferentes especies humanas. Y eso no lleva a otros temas interesantes. Esto que antes llamábamos humano y que es un concepto único ahora se nos desdobla y hay que matizar de qué estamos hablando.

-La coexistencia con otras especies humanas, ¿nos hace bajar del pedestal?

-Nos quita otro poquito de arrogancia, ese sentimiento que históricamente ha sido tan operativo, que nos ha permitido arrasar. Copérnico nos quitó el centro del Universo. Darwin nos quitó el destino final de la evolución y nos puso en un marco más general y ahora la paleontología humana nos está quitando el trono de ser únicos en cuanto a humanos y nos pone al lado de otros a los que también llamamos humanos. En este conocimiento caben posiciones éticas y morales y prejuicios sociales y políticos que todos llevamos como parte de nuestra propia arquitectura. No seríamos nada sin prejuicios, no seríamos sapiens sin ideas preconcebidas.

-¿Pero cómo pudieron hibridarse distintas especies?

-Ese es un falso debate. En los últimos años se ha puesto de manifiesto que efectivamente ha habido hibridación entre diferentes grupos humanos: entre neandertales y sapiens; entre sapiens y denisovanos; entre denisovanos y neandertales; entre denisovanos y una especie no identificada mucho más primitiva.... Ahí están los datos genéticos. La teoría nos dice que especies distintas no pueden hibridarse, pero eso reposa sobre una definición de lo que es una especie biológica que no corresponde estrictamente con lo que es la naturaleza. La naturaleza biológica es mucho más esquiva, para bien y para mal.

-¿A qué se refiere?

-El concepto de especie más manejado, el de especie biológica, asegura que una especie es un conjunto de poblaciones que son interfecundas pero que no son fecundas con otras especies. Y eso es una definción demasiada estrecha. La naturaleza nos desborda. Ejemplos vivos: Cada vez es más evidente el cruce entre osos polares y osos pardos porque con el cambio climático los pardos suben más al norte y su distribución se ha empezado a solapar con la de los osos polares. Hay hibridación en la naturaleza cuando las condiciones lo propician. En EE.UU. es frecuente la hibridación entre lobos y coyotes, que también se reconocen como especies diferentes.

-Usted es un experto en neandertales. ¿Qué hemos aprendido de ellos?

-Nos permiten entendernos a nosotros mismos. Se trata de la especie humana más próxima a nosotros, lo que significa que compartimos un último antepasado común que vivió probablemente en la mitad occidental de Eurasia, hace entre medio millón y 800.000 años. A partir de ese último antepasado común, los neandertales evolucionaron a su manera y los sapiens a la nuestra, de tal manera que la comparación de nuestra anatomía y nuestro comportamiento con los suyos nos sirve de vara de medir. Si compartimos un rasgo significa que es heredado desde ese último antepasado común y si no, significa que puede ser una característica propia y exclusiva de cada especie.

-Los de El Sidrón siguen hablando después de tanto tiempo. ¿Todavía les quedan cosas por decir?

-La colección de neandertales de El Sidrón es la mejor que hemos recuperado: trece individuos representados con todas las partes del esqueleto. Nosotros vamos tirando de diferentes hilos. A medida que vamos avanzando, van saliendo resultados. Lo último ha sido la influencia de la endogamia en su desaparición. Ahora, tenemos en marcha un estudio del crecimiento y queremos saber si también pasaban la adolescencia, ese cambio tan conflictivo que es muy peculiar de nuestra biología. La pregunta es, ¿cuándo apareció ese rasgo en nuestra evolución? Si los neandertales también tenían estirón puberal, cabe sospechar que es heredado y viene de más antiguo en la evolución humana. Si no, seguramente sea una singularidad sapiens. Estamos intentamos sacar información de los huesos para que nos den la respuesta y es posible que ese sea uno de nuestros próximos resultados.

-¿Cuál es el fósil que falta por encontrar y dónde puede aparecer?

-Estoy muy implicado en esto. Para mí el fósil que falta por encontrar es el del último antepasado común que compartimos con los chimpancés hace 6 o 7 millones de años. Siempre se ha buscado en el Este de África (Etiopía, Kenia, Tanzania), pero nosotros lo estamos buscando en el oeste de África, en Guinea Ecuatorial, porque ahí es donde están los ecosistemas donde viven actualmente los chimpanés y los gorilas.

-Van a buscar la moneda fuera de la luz de la farola.

-Efectivamente. En el este de África aparecen fósiles y el que viene detrás hace lo mismo. En el oeste, que es inmenso, no hay registros porque es difícil que los restos se conserven en un ecosistema de bosque lluvioso, donde el tipo de sedimentación es completamente distinto. Pero hemos empezado a buscar por allí a ver si tenemos la fortuna de dar con la aguja en el pajar. El componente de suerte en esta profesión no es pequeño.

-¿Y qué hay de Asia? ¿Lo que ahí aparezca puede cambiar la perspectiva?

-Es un continente inmenso. En tanto terreno la capacidad de sorpresa se multiplica. Y Asia ha dado sucesivas sorpresas: el hombre de Java, el de Pekín... Actualmente la sorpresa podría venir por dos lados: si los australopitecos salieron de África y vivieron en Asia y si también llegaron allí Homo sapiens más antiguos de los que conocemos actualmente, similares a los de Marruecos (los fósiles de 300.000 años de Jebel Irhoud).

-También dejaremos fósiles. ¿Qué dirán de nosotros?

-Dirán que nuestro esqueleto se está convirtiendo en algo muy debilitado, muy poca cosa. Los que vivimos en sociedades occidentales, especialmente las urbanas, estamos perdiendo mucha masa muscular, mucha masa ósea, porque nuestro nivel de ejercicio es muy bajo. Por otro lado, también dirán que somos muchos. Y aparecerán elementos exógenos a nuestros cuerpos, implantes. Esos elementos que ya encontramos en antropología en excavaciones relativamente recientes, irán a más hasta los implantes biónicos.

-Una investigación señala que los huesos de pollo serán la mayor huella de la humanidad en la Tierra.

-Te puedo decir que las veces que he ido a Guinea Ecuatorial siempre voy mirando al suelo buscando cosas. En los bosques encuentro muy pocos huesos, pero en los poblados encuentro muchos y desperdigados, y casi todos son de pollo. Así que se verifica.

-¿Seguiremos los sapiens evolucionando?

-Sí, los fenómenos evolutivos no paran. Alguna vez se ha dicho que habíamos dejado de evolucionar porque hemos cortocircuitado la selección natural con el desarrollo cultural. Pero evolucionaremos por la selección genética o artificial. De hecho, ya lo estamos haciendo. El cambio es consustancial a nuestro universo y a nuestra existencia, así que a alguien se le ocurrirá algo para poder hacerlo.

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