El efecto de Dunning-Kruger.


La ley de la psicología que transgrede las bases más elementales de las matemáticas
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Hace ahora dos décadas unos psicólogos estadounidenses publicaron un artículo paradigmático sobre los efectos del sentimiento de superioridad ilusorio

¿Te crees más inteligente que la media? ¿Conduces mejor que los demás? ¿Tus habilidades gastronómicas son superiores a las de tus cuñados? ¿Eres mejor en tu trabajo que tus compañeros? ¿Te consideras un buen jugador de ajedrez? Si tus afirmaciones han sido correctas mi más cordial enhorabuena, eres una de los millones de personas en el mundo que sufre el efecto de Dunning-Kruger.

A los seres humanos nos cuesta evaluar de forma objetiva nuestras propias habilidades y, de forma paradójica, cuanto menos sabemos sobre una materia, más expertos nos creemos.

En nuestro medio podríamos calificar este hecho como el «efecto cuñado», en alusión al cuñadísimo versado que da lecciones de todos los temas que se le pongan por delante, aunque poco o nada sepa sobre ellos.

Para que comprendamos la magnitud del problema, en una encuesta, más del noventa por ciento de los preguntados afirmó estar familiarizado con términos biológicos inexistentes como «bio-sexual», «retroplex» o «meta-toxinas».

Un binomio peligroso: estupidez y vanidad

Se trata de un sesgo cognitivo descubierto a partir de una serie de experimentos que realizaron Justin Kruger y David Dunning, de la Universidad de Cornell (Nueva York, Estados Unidos) a finales de la década de los noventa del siglo pasado y que fueron publicados hace ahora justamente veinte años en la revista «Journal of Personality and Social Psychology».

Estos científicos demostraron que los encuestados más brillantes estimaban que estaban por debajo de la media; los menos dotados y más inútiles estaban convencidos de estar entre los mejores y los mediocres se consideraban por encima de la media.

El patrón cognitivo de estas personas –incompetentes e inconscientes de su incompetencia- no sólo se confirma en pruebas abstractas de laboratorio sino que es extrapolable a situaciones reales (ética, inteligencia, capacidad para jugar al ajedrez, ortografía, gramática…).

Su cerebro está inundado de intuiciones, corazonadas, sesgos e ideas preconcebidas que se anteponen al conocimiento, fabulando teorías que las hacen presuponer que tienen un conocimiento fiable.
Obviamente imposible

Según un estudio casi el ochenta y ocho por ciento de los conductores estadounidenses afirma conducir mejor que la media. Matemáticamente esta tesis es obviamente imposible, en sí misma es una transgresión de las leyes de las matemáticas.

En el año 2012 se dio a conocer los resultados de otro estudio que señalaba que el veintitrés por ciento de los estadounidenses que se habían declarado en quiebra económica se había puesto previamente la máxima nota en conocimientos financieros.

Todavía fueron más lejos los resultados de una encuesta que se realizó en una empresa de programadores, en donde el treinta por ciento de los mismos creían encontrarse en el percentil noventa y cinco.

No deja de ser curioso que este efecto sea propio de las sociedades occidentales, ya que cuando los investigadores han tratado de replicarlo en países asiáticos los resultados han sido, curiosamente, diametralmente opuestos.

Para finalizar, nos quedamos con una frase de Charles Darwin: la ignorancia frecuentemente proporciona más confianza que el conocimiento.

Pedro Gargantilla

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