Creador de la Teoría de la Relatividad y símbolo del siglo XX

El científico escribe en una pizarra del Instituto Carnegie (Estados Unidos), en 1931
Albert Einstein: el genio a hombros de un rayo de luz
El año 1905 está teñido de romanticismo en la imaginación de los físicos. Marca la irrupción de un joven Albert Einstein, que revolucionó los conceptos fundamentales de la física desde una oficina de patentes en Berna. No es nada corriente que quien ha salido por la tangente del sistema académico vuelva a instalarse en su mismo centro por la sola fuerza de su genio. Albert Einstein lo hizo aquel año, que hoy vemos como «milagroso», a tenor de la profundidad de algunas de sus ideas.
El 1905 marca la irrupción de un joven Einstein en la cumbre de la física, al presentar la Teoría de la Relatividad Especial. En 1923 fue portada de ABC al visitar España, dos años después de recibir el Nobel.

Einstein puso patas arriba la física de su tiempo analizando el fenómeno natural que, siendo absolutamente familiar, nos coloca frente a los misterios más profundos: la luz. Además de iniciar la gran revolución del siglo XX con la osada propuesta de los fotones, los paquetes de energía que definen todas las partículas cuánticas, explicó la gran paradoja de su época. A diferencia de todas las velocidades de objetos ordinarios, que son relativas, la de la luz es absoluta. Einstein demostró que esto implica la relatividad del tiempo e inventó el espacio-tiempo, una geometría parecida a la de Euclides que incluye el tiempo como una dimensión adicional. Diez años más tarde culminaría su obra maestra demostrando que este escenario, el espacio-tiempo, no es pasivo sino que tiene vida propia. La gravedad no es otra cosa que la elasticidad del espacio-tiempo al ser ocupado por energía material. La expansión del universo, los agujeros negros y las ondas gravitacionales son consecuencias directas de esta intuición genial.

En la década de los años 20 Einstein estaba muy lejos de sus marginales inicios en Berna. Estaba incluso muy lejos de la gloria académica de un premio Nobel al uso. Para entonces se había convertido en una celebridad mundial. Un personaje icónico reconocible para los transeúntes de cualquier ciudad del mundo, décadas antes de los medios de comunicación de masas. Con su cuidada imagen de desaliño despistado, se convirtió en el símbolo del genio, junto con Chaplin y Picasso y, al igual que ellos, se vio envuelto en las convulsiones políticas y sociales del siglo XX. Primero huyó de una Alemania en la que el nazismo iniciaba su fatal singladura. Ya en el exilio americano, aunque se mantuvo al margen del desarrollo de la bomba atómica durante la Segunda Guerra Mundial, tuvo un papel político en la puesta en marcha del programa. Su mirada triste capturada en el famoso retrato de Halsman revela su angustia ante la locura de la Guerra Fría.









La revolución científica que Einstein inició en 1905 acabó por definir lo mejor y lo peor del siglo XX. Hasta el fin de sus días él fue plenamente consciente de esto. Tal vez, tratando de escapar de su realidad como símbolo del siglo XX, persiguió durante 30 años la quimera de una teoría unificada de la física. Su esfuerzo fracasó por prematuro, pero hoy seguimos intentándolo a hombros de sus prodigiosas intuiciones del año 1905.
José Luis Fernández-Barbón

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