El “Titanic nuclear” de Rusia que no puede hundirse ni ante un tsunami

La plataforma Académico Lomonósov completándose el pasado junio en el puerto de Murmansk (Lev Fedoseyev / Getty)

Con permiso de Alaska y de las fantasías más elaboradas de la ciencia ficción, la última frontera se encuentra en el Ártico. El deshielo que trae el calentamiento global ha despertado el interés de los países de la región por los recursos, y de otros que se pueden aprovechar de la ruta comercial que podría abrirse en el norte del planeta. Pero antes hay que crear infraestructuras, que es lo que Rusia está haciendo. La última es una estación nuclear flotante, la Académico Lomonósov , que Moscú envió el año pasado a las costas de Chukotka y que ahora acaba de poner a pleno funcionamiento.

Según el consorcio Rosenergoatom, que forma parte de la agencia nuclear rusa Rosatom, la plataforma entró en operación comercial este 22 de mayo, después de recibir todos los permisos necesarios. Ahora es cuando el proyecto puede considerarse “completado con éxito”, aseguró su director general, Andréi Petrov. Es “la undécima central nuclear que se explota industrialmente en Rusia, así como la más septentrional del mundo”, explicó.

El buque atómico, bautizado Académico Lomonósov en honor del sabio ruso del siglo XVIII, ha sido un proyecto polémico desde que se empezó a construir, en el 2006. Las organizaciones ecologistas creen que es una amenaza para el frágil ecosistema ártico.

Greenpeace la ha llamado “el Chernóbil flotante” o “el Titanic nuclear”. Y apuntan que además de la basura nuclear y la posibilidad de accidente, también puede ser golpeada por las tormentas. La fundación ecologista Bellona, que vigila el medio ambiente en el Ártico, dijo en el 2011 que un tsunami podría arrojar este tipo de estructuras contra la costa. Rosatom asegura que no puede hundirse, ni aunque se produzca un tsunami como el que provocó en 2011 el desastre de Fukushima (Japón), ya que lleva un sistema de contrafuertes. Rechaza también cualquier comparación con el desastre de 1986 en Chernóbil (hoy Ucrania).

La compañía rusa vio en una estación flotante una buena alternativa a una planta convencional. Además de convertirse en un elemento clave en la infraestructura de la nueva ruta marítima del norte, era más fácil de construir que una en tierra firme, pues esta se encuentra congelada la mayor parte del año.

Se construyó cerca de San Petersburgo y en el 2018 fue remolcada hasta Múrmansk. En esa ciudad ártica se completó y en agosto del 2019 inició su último viaje. En diciembre del año pasado llegó adonde hoy se encuentra, la ciudad de Pevek, y se enchufó a las estructuras de generación de energía de tierra. El plan es que vaya sustituyendo a la central nuclear de Bilíbino, ya obsoleta, y a la vieja central térmica de Chaunsk, y sea la principal fuente de energía de Chukotka.

Esta es la única central nuclear flotante del mundo. Pero no la primera. La Armada de Estados Unidos reacondicionó en 1961 un viejo carguero con un reactor nuclear, el MH-1A Sturgis , que suministró energía al canal de Panamá entre 1968 y 1973. El proyecto acabó en 1976 cuando el barco se desguazó.

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